Sucede a veces que se pierde la conexión con la escritura. Sucede a veces que se pierde la conexión con la obra en la que se trabaja.
Cuando, como autor, te enfrentas a esas dificultades narrativas de las que ya hemos hablado, o simplemente las obligaciones cotidianas te hurtan el tiempo o la energía para dedicarte a tu obra con la atención que quisieras, sucede a veces que la conexión se pierde.
Es una sensación, que probablemente has experimentado en alguna ocasión, que crea una impresión de resistencia, de agobio. Cuando piensas en ponerte a escribir algo se encoge dentro de ti, disgustado: no te embarga esa sensación de curiosidad -y, a menudo, gozo- que suele acompañar a la escritura (a pesar de los mil retos con los que la creación asaetea al escritor).
¿Cómo vencer esa resistencia?, ¿cómo reconectar con la escritura? Reflexionemos sobre ello.
El proceso creativo
Lo primero que debes tener claro es que esas fases o temporadas de pérdida de conexión son normales, forman parte del proceso creativo.
El proceso de dar a luz una obra literaria, de idear su argumento y sus personajes, de convertir tus ideas en una trama ordenada y sugerente, de transformarlo todo en palabras, eligiendo las mejores y disponiéndolas del mejor modo, es un proceso muy, muy delicado.
Es un trabajo duro, como ya sabes, y exige grandes dosis de concentración, esfuerzo y constancia. Si te paras a pensarlo, cansarse a veces, agobiarse a veces, sentir deseos de abandonarlo todo a veces es algo perfectamente normal. Si no fuéramos seres humanos, si fuéramos frías máquinas, incorpóreas inteligencias artificiales, tal vez no habría lugar para la duda, el cansancio y el desánimo. Pero lo somos, somos humanos, y es necesario comprender que estos periodos son normales y darnos el tiempo para superarlos.
Por eso, cuando sientas que del grifo de tu creatividad no fluye nada, cuando te sientes ante el escritorio y nada brote de ti, tienes que asumir que es una etapa en el proceso de alumbrar tu obra. No te alarmes ni te desesperes, no te frustres.
Hay varias cosas que puedes hacer para reconectar con la escritura. Te proponemos varias.
1. Analiza el motivo de esa desconexión
Hay varios motivos por los que puede romperse el hilo que te une a la historia en la que trabajas. El primero y más obvio es que esa historia no te dice nada.
Dado que la creación literaria implica un gran esfuerzo, el escritor debe trabajar en aquellas historias que lo mueven, que lo cercan, que gravitan en torno suyo y lo asedian hasta que consiguen que las materialice en palabras. Trabajar en una historia que no te agita de esa manera, que no te grita una y otra vez que la escribas, que no despierta todo tu interés y toda tu curiosidad puede conducir directamente a esta clase de desconexiones.
Si escribes una historia porque es el género o el argumento de moda, y no porque una fuerza poderosa te impele a ello, las rachas de desánimo y desconexión serán más frecuentes. Es lo mismo que ser un mercenario o luchar por una causa en la que se cree.
Otro motivo de desconexión se relaciona con el hecho de no saber llevar adelante la historia por falta de conocimientos y recursos.
Sí, la historia que quieres contar te interesa profundamente, ves su potencial, captas sus matices…, pero no sabes cómo llevarla al papel. Le das vueltas y vueltas, pruebas de este modo y luego de aquel, pero no das con la manera que revele todo su significado.
Eso sucede con frecuencia al comienzo de la carrera literaria porque el escritor novel no se ha hecho con las herramientas que necesita para trabajar sus materiales, no conoce cómo funciona la máquina literaria. Y sin ese conocimiento avanzar en la creación de la obra es más difícil, es normal encontrarse ante problemas narrativos que, simplemente, no se sabe cómo resolver.
De manera que, como primer paso, hay que verificar de dónde proviene esa desconexión que os ha desunido a tu escritura y a ti. Si el desánimo viene de uno de esos dos lados: porque la historia no te mueve o porque no tienes los conocimientos precisos para llevarla a buen término, haz por ponerle remedio.
Reenfoca la obra para buscar puntos que te motiven y te ilusionen. Puede que necesites repensar el argumento o a su protagonista, puede que debas salirte de los parámetros de ese género.
Si lo que te faltan son conocimientos sólidos sobre narratología, hazte con ellos. Nuestro Curso de Novela hace un repaso exhaustivo y ejemplificado por cada uno de los elementos de la máquina que hace que la obra narrativa se mueva y produzca sus mágicos efectos.
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2. Reconecta a través de tu pasión y tu compromiso
Si el motivo de tu desconexión no se relaciona con los que hemos repasado en el punto anterior, lo que necesitas, simplemente, es volver a conectar con tu creatividad y mantener vivo el cordón umbilical que te conecta a la historia en la que trabajas.
Tómate uno o dos días para repensar, lo primero, por qué escribes. ¿Qué te impulsó hacia esa forma de expresión artística que es la literatura?, ¿por qué un día sentiste el anhelo de tomar un bolígrafo o de comenzar a teclear palabras en un teclado? ¿Qué es lo que ansiabas conseguir: comunicar, reflexionar, entretener, enseñar…? No hay respuesta mala, excepto aquella sobre la que advirtió Mario Vargas Llosa:
Quien ve en el éxito el estímulo esencial de su vocación es probable que vea frustrado su sueño y confunda la vocación literaria con la vocación por el relumbrón y los beneficios económicos que a ciertos escritores (muy contados) depara la literatura. Ambas cosas son distintas.
Piensa también en por qué quieres escribir esa historia concreta en la que trabajas. ¿Cómo se te presentó?, ¿qué te atrajo de ella?, ¿qué la hace especial para ti?, ¿qué crees que encontrarán en ella los lectores?
Por eso apuntábamos antes que es importante trabajar en historias que de verdad te apelen y te impelan, porque el compromiso es siempre un motor. Si la historia que escribes no es importante para ti, a tu motor le fallará con frecuencia el combustible.
3. Recarga los acuíferos de tu creatividad
Otra manera de superar uno de esos momentos de desconexión marcados por cierto hastío y/ resistencia y reconectar con la escritura es recargando los afluentes de tu creatividad.
La creatividad es como un músculo (por eso se puede entrenar). Pero como un músculo, también necesita proteína de la que alimentarse. Si estás trabajando en una obra, es posible que hayas consumido tus reservas de proteína creativa y necesites algún aporte nuevo.
A veces basta con hacer algo que recargue tus baterías: salir a pasear por la naturaleza, reunirte con tus amigos o, simplemente, descansar (no, no eres un vago si descansas).
Pero también puedes probar a hacer alguna actividad artística, no necesariamente relacionada con la escritura. Visita un museo, ve a un concierto o a una obra de teatro, acude a ver una exposición… También puedes probar actividades creativas: prueba con la artesanía: haz algo con tus manos (repara un mueble, dibuja, hazte una pulsera…) o simplemente cocina una receta nueva.
Elijas la actividad que elijas, procura disfrutar del proceso y préstale toda tu atención. A veces, alejarnos de nuestra disciplina (y obsesión) nos ayuda a tener ideas nuevas porque fomenta que «pensemos fuera de la caja» y que relacionemos ese cuadro que contemplamos por primera vez, ese personaje de la obra de teatro que nos ha fascinado, el meticuloso proceso de elaboración de una receta con la obra en la que trabajamos. A veces la chispa salta como un fogonazo. Otras, simplemente sentimos que algo en nuestro interior se ha desencallado y que podemos volver al trabajo con frescura.
¿Has vivido tú alguno de estos periodos de desconexión?, ¿cómo los afrontaste? ¿Qué hiciste para reconectar con la escritura? ¿Tienes alguna estrategia que puedas compartir para ayudarnos e inspirarnos a los demás?
Parece que nos rodean distintos factores que pueden desengancharnos de la red de la creatividad. Creo que se le atribuye a Dalí aquella frase que dice que las musas te pillen trabajando o algo así. Debemos entrenar cada día con lápiz y papel, con teclado y ordenador, con bolígrafo y papel higiénico. Nunca sabes cuando saltará la liebre y por ello es conveniente llevar siempre un perro de caza, aunque no sea el de los Baskerville. En fin, hay una frase muy interesante y que aquí se ajusta como anillo al dedo, odio las frases hechas, la frase aparece en la película «La chaqueta metálica» y dice así; Las excusas son como el agujero del culo, todo el mundo tiene uno» En conclusión, tenemos que pedalear todos los días, escalar una montaña tras otra, hablar con las palabras, jugar con ellas, componer música con ellas y para conseguirlo, y debe ser de perogrullo, hay que amar a la escritura, abrazarla,besarla y hasta salir de copas con ella. La pasión por lo que haces es sin duda un gran paso!!!
Un saludo cordial.
La verdad que en esos periodos de desconexión se pasa bastante mal, porque no sabes por donde tirar ni nada. Cuando comencé a escribir las ideas de mi primer libro, a partir de ahí, desconecté un poco de la obra, porque estaba terminando 1º de Bachillerato con muchos exámenes, y en el rato que quería ponerme a escribir, era como que no quería, como que no tenía ganas, y no me apetecía.
Básicamente lo que hice para volver a reconectar con mi obra fue pensar ¿Por qué empecé a escribir esto? ¿Me gusta realmente? Y preguntas de este tipo. Y viendo las respuestas, volví a reconectar de nuevo con mi obra, y desde entonces, por supuesto he tenido mis periodos, pero estoy más unido a mi obra que nunca.
Gracias siempre por vuestros artículos y por toda la información que aportáis. También me parece muy interesante lo que decís de buscar actividades creativas que apasionen, porque también se necesita alimentar a ese músculo de la creatividad como vosotros decís.
Reitero mis agradecimientos por vuestros artículos.
Un abrazo.
Gracias a ti por leernos, Ramón. Y por compartir tu experiencia.
Saludos.
Holaaa estoy atravesando justamente por ese desanimo, parece que ahora la inteligencia artificial, tiende a opacarnos,a veces no veo sentido alguno en esforzarse en un buen texto.
Tan solo una vez me ofusqué y no había manera de retomar la escritura. Reconozco que hasta me asusté , quizás estuviera pasando un mal momento, no lo recuerdo en concreto.Ahora soy menos exigente conmigo procuro mantener una disciplina diaria pero ya no estoy pendiente de los folios que relleno; me conformo con un párrafo diario bien hecho y si es más pues bienvenido sea.
Muy buen artículo, Natalia. A mí acaba de pasarme que de meterme tan de lleno a llevar el orden de la escaleta, la trama paso a paso, dejé de ver el bosque.
En la novela hay que unirse en el momento mínimo y también en el macro! Es durísimo!
Necesitas espabilarte! Qué me pasa? Tomar distancia.
Cuando me pasó iba perdiendo el gusto, qué tal esa!😱 Desperté y me puse a revisar, sólo re leer y re mirar. Luego decidí corregir viendo que me faltaban contrastes y algo de estructura.
Al final logré enrutar la historia y darle más variedad al lector:
diálogos; descripción y juego de dos narradores.
Escribir es parecido a hacer una mesa, empiezas con palos y hasta que no los paras y les pones tablas para que soporten cosas y se queden en pie, no ves casi nada excepto palos sueltos.
GRACIAS Natalia!
Escribir es mi vida misma!
Gracias a ti por estar ahí siempre, Hilda, y por compartir tu experiencia. Un abrazo.
Hace poco sufrí una desconeccion, mas no se debía a que mi obra no me dijera nada, ya que esta en realidad me dice mucho; me apasiona; me atrapa; casi me consume y, aunque fuese mi intención, no podría dejarla; de una u otra forma siempre vuelve a mí y me siento frustrada cuando no se como llevarla. Y precisamente eso me ocurrió hace poco, en infortunado conjunto con la falta de inspiración (la cual, para muy agrado mío, recobre al ver una imagen que me transmitió y embargo de la misma sensación que me indujo a querer escribir esa historia en primera instancia), una vez solucionado aquello me quedo con el otro problema, para el cual me gustaría pedir un consejo. Y es que tengo dificultad para elegir el narrador adecuado, sé que para decidirme por uno debo tomar en cuenta todos los aspectos de mi obra y determinar, con base en estos, cual sería el más apropiado y favorable. Y lo he hecho, no obstante ninguno me convence del todo y sería de ayuda un consejo. La que escribo es una novela negra (aunque no exactamente del genero policial) ambientada a finales del siglo 19, en la cual la protagonista llega a servir a una mansión donde ocurren cosas extrañas. Pienso que quizá se podría dar más a connotar el misterio si la historia se relata desde la perspectiva de ella (que no es conocedora de nada de lo que pasa ahí y debe averiguarlo); esto también podría hacerse, claro está, con un narrador omnisciente, sin embargo siento que la primera persona me permite darle al escrito un toque un tanto más personal. De cualquier modo no consigo tomar una decisión definitiva y no me agradaría en lo absoluto escribir todo el libro para luego darme cuenta de que sería mejor si hubiera optado por un narrador diferente.
Hola, Souris:
Al leerte, parece que sí tienes claro el narrador, pero estás dejando que las dudas te venzan. La indecisión es un hábito, di has sopesado tus opciones y más o menos tienes una clara, solo resta echar a andar. De todas maneras, puedes probar a escribir un par de páginas con cada uno de los narradores que tienes en mente y ver con cuál de ellos la escritura fluye mejor y el tono de la narración va aflorando.
Mucho ánimo con tu proyecto, Un abrazo.
Bueno, sí, ahora que lo pienso creo que de hecho solo me estoy complicando. Probaré aún así con ambos, para cerciorarme, y gracias por responder. Un abrazo.
Me demoré hartisimo en resolver lo que tú tienes de dificultad. No creas, no lo resolví de un día para otro. Tuve que hacer ensayo, error. Puse mucho cuidado en qué era el foco de mi historia y ahí encontré a dos puntos, uno adentro y otro afuera. Eso concluyó en dos narradores.
La escritura como la vida no es lineal, atravesamos por rachas adversas que te impiden fluir. Pero todo pasa.
No es fácil lidiar con los demonios, cuando la mente se confunde, la historia se pierde y queda el vacío. Por más que se intenta nada fluye. Una parálisis extraña, mental y física, las manos en el teclado no se mueven, ni una palabra aparece y, sí, se siente frustración. Aprendí que lo mejor, es no intentar nada… la inspiración (para mi) es un mar extraño viene y se va… a veces mil ideas que llegan a ser agobiantes, en otros momentos, nada. Cada escritor sin duda tiene su propio laberinto sin salida.
Inclusive cuando se escribe una crítica literaria nos puede pasar eso. Es mejor dejarla un tiempo. Gracias por los consejos