Técnicas narrativas: el leitmotiv

En los últimos tiempos hemos hablado sin cesar de técnica literaria y de su importancia. Hemos dicho que todo en una obra es técnica y que al escritor le conviene conocerla y dominarla para, con ella, operar esa especie de magia que emana del libro y cautiva al lector. Y aunque en el fondo todo es técnica —la estructura, el desarrollo de los personajes, la exposición del tema, la dosificación de la información…— hay ciertos procedimientos, recursos y métodos que los autores utilizan para dar forma, estructura y estilo a sus obras. Recursos como el flujo de conciencia, el multiperspectivismo, el collage o la analepsis logran efectos específicos tanto en la trama como en el lector.

Quizá ha llegado el momento de, a modo de ejemplo, repasar alguna de esas técnicas para ver qué es, cómo funciona y qué cosas puede aportar al texto literario. Hoy lo haremos con el leitmotiv.

El leitmotiv

El leitmotiv es, de acuerdo con el diccionario de la RAE, el «Motivo central o asunto que se repite, especialmente de una obra literaria o cinematográfica». En efecto, el leitmotiv es un elemento recurrente que representa a un personaje, una emoción, una idea… y que reaparece una y otra vez a lo largo de la obra narrativa acumulando significado con cada nueva aparición.

Leitmotiv significa en alemán «motivo conductor» y, justamente, funciona como tal: un «motivo conductor» simbólico que guía al lector al reaparecer una y otra vez, llamando su atención sobre algo que el escritor considere relevante y reforzando de este modo la narrativa. Cuando el lector encuentra en el texto una y otra vez el elemento que funciona como leitmotiv comprende que el autor quiere transmitirle algo con él, que le ha dado un significado y, una vez que capta el mismo, al reencontrarlo de nuevo en el texto, ese significado se refuerza sin cesar.

Cualquier elemento puede operar como leitmotiv en el texto literario: una imagen, una frase, un objeto, un sonido, un gesto, un color… Tú como autor debes decidir qué elemento quieres utilizar, dotarlo de significado e incorporarlo en el texto para reforzar la idea o el simbolismo tras él.

Por ejemplo, en La señora Dalloway el sonido de las campanadas del Big Ben aparece una y otra vez en la narración. Lorca usaba los colores como símbolos recurrentes: el negro para la muerte y el destino inevitable, el verde para la juventud y la fuerza, el rojo para la pasión y la sangre… En Nubosidad variable, Carmen Martín Gaite utiliza las nubes para representar la idea del estado de ensoñación, fantasía y libertad que nos posee durante nuestra adolescencia y primera juventud, pero que va desapareciendo a medida que maduramos

Un ejemplo de leitmotiv  

Para comprender mejor el uso de la técnica del leitmotiv repasemos el modo en que la utiliza Francis Scott Fitzgerald en El gran Gatsby.

En su novela, Francis Scott Fitzgerald utiliza un objeto, una luz verde, como leitmotiv. Esa luz es el farol que brilla al final del muelle de Daisy Buchanan, la mujer de la que Jay Gatsby, el protagonista, está enamorado desde su juventud y a la que quiere recuperar, a pesar de que ella está casada.

Una alusión a la luz verde aparece por primera vez al final del primer capítulo, cuando Nick Carraway, personaje que actúa como narrador, observa a Gatsby en la oscuridad:

La silueta de un gato en movimiento cruzó oscilante un rayo de luna y al girar la cabeza para seguirlo me di cuente de que no estaba solo: a quince metros de distancia una figura había surgido entre las sombras de la mansión de mi vecino y permanecía con las manos en los bolsillos, observando la plateada salpicadura de las estrellas. En sus pausados movimientos y en la seguridad con la que sus pies se apoyaban sobre la hierba algo sugería que aquel era el Sr. Gatsby en persona, que había salido para establecer qué parte le correspondía de nuestro cielo local.

Decidí llamarlo. La Srta. Baker lo había mencionado durante la cena y eso serviría como presentación. Pero no lo llamé, porque de repente insinuó que deseaba estar solo: alargó los brazos hacia las oscuras aguas de una forma curiosa y, desde el lugar en que me encontraba, podría jurar que estaba temblando. Involuntariamente miré hacia el mar y no pude distinguir más que una luz verde, diminuta y lejana, que podría señalizar el extremo de un muelle. Cuando volví a mirar en dirección a Gatsby, había desaparecido y yo me encontraba otra vez solo en medio de la inquieta oscuridad.

Más tarde, en el capítulo cinco, la alusión al farol verde al final del muelle reaparece cuando Gatsby y Daisy se reencuentran después de cinco años sin verse y él le enseña a ella la casa que posee justo enfrente de la suya, que se ubica al otro lado de la bahía:

—Si no fuese por la bruma veríamos tu casa al otro lado de la bahía —dijo Gatsby—. En la punta de tu embarcadero siempre hay una luz verde encendida toda la noche.

De repente, Daisy se colgó de su brazo, pero él parecía absorto en lo que acababa de decir. Tal vez se le había ocurrido pensar que la extraordinaria importancia de aquella luz se había desvanecido para siempre. En comparación con la gran distancia que lo había separado de Daisy, aquella luz parecía muy próxima a ella, casi tocándola. Tan próxima como una estrella a la luna. Ahora volvía a ser una luz verde en un embarcadero. En su lista de objetos encantados quedaba uno menos.

Podemos ver que al principio la luz verde es un misterio. Luego se revela como el muelle de Daisy: la luz se convierte en símbolo del anhelo de Gatsby, de su sueño de recuperar el pasado. Y, al tiempo, en este fragmento la luz verde del embarcadero pierde su magia y simboliza la salida de Gatsby del ideal para toparse con la Daisy real.

En el párrafo final de la novela hay una nueva mención a la luz verde. Ahora ya no representa el anhelo de Gatsby por una Daisy ideal, sino que se universaliza para representar el modo en que todos corremos tras de nuestros ideales, que se nos escapan una y otra vez:

Gatsby creía en la luz verde, ese futuro orgástico que año tras año se aleja de nosotros. Se nos escapó, sí, pero no importa: mañana seremos más rápidos, extenderemos más nuestros brazos… Y una hermosa mañana…

Así seguimos adelante, botes contra la corriente, obligados una y otra vez a poner rumbo hacia el pasado.

Este no es el único leitmotiv que usa Fitzgerald en la novela. Es conocido el uso repetitivo de un cartel publicitario a la orilla de la carretera. El cartel representa, a gran tamaño, unos ojos con gafas que fueron, en su día, el anuncio de un óptico. En la novela representan la mirada de Dios y, al tiempo, la ceguera de una sociedad obnubilada por el lujo y el consumismo.

Usos del leitmotiv

Ahora que sabemos qué es y cómo funciona el leitmotiv, comprenderemos mejor los usos que es posible darle.

El primer uso lo hemos visto claro con el ejemplo de El gran Gatsby: dotar de profundidad simbólica a elementos aparentemente triviales.

Un objeto cotidiano (una luz, un sonido, una imagen) se convierte en un símbolo poderoso si se presenta con el contexto adecuado. Repara en cómo Fitzgerald viste cada vez de contenido su luz verde: anhelo, desencanto, sentido universal. El simbolismo se construye de modo gradual, por acumulación.

El leitmotiv sirve también para construir personajes y marcar su desarrollo. En El gran Gatsby podemos apreciar el camino de Jay Gatsby desde el anhelo a la cruda confrontación de su ideal con la realidad. La reaparición de la luz verde en el capítulo cinco nos indica con sutileza que Gatsby comprende que la luz es solo un farol al final de un muelle y que Daisy es solo una mujer, con sus luces y sus sombras; si bien el personaje tratará de cerrar los ojos a las sombras de la Daisy real a lo largo de toda la novela, incluso cuando el desengaño debería ser evidente.

Por su parte, en Nubosidad variable, la alusión continua a las nubes que cruzan el cielo, a su contemplación imaginativa e indolente, adivinando formas en ellas, representan tanto la juventud ida de sus protagonistas, dos mujeres maduras, como su deseo de recuperar para sus vidas algo de la fantasía, las esperanzas y la indolencia de la juventud.

El leitmotiv sirve también para dar coherencia y consistencia al conjunto de la obra.

Al haber un elemento fijo que vuelve sin cesar, y al estar este elemento ligado a una idea o una intención, la trabazón y solidez del conjunto se refuerzan. Hemos dicho que el leitmotiv significa «hilo conductor»: un hilo (no el único en la obra) que cose y une entre sí las distintas partes del texto.

El lector, al reconocer el motivo que se repite una y otra vez, recibe una impresión de orden dentro de la complejidad del texto, comprende que hay una intención y una voluntad creadora tras él.

Por último, y sobre todo en textos breves, si lo que actúa como leitmotiv es una frase, este recurso sirve también para crear patrones rítmicos. La repetición funciona como un estribillo que crea un efecto rítmico claramente apreciable por el oído interior del lector.

Ahora ya conoces cómo opera la técnica del leitmotiv tienes un nuevo útil que incorporar a tu caja de herramientas para usar en tus textos cuando te convenga o te parezca interesante o significativo. Si quieres aprender algunas técnicas más, del modo en que lo hemos hecho aquí (con definiciones, pero también con explicaciones y ejemplos que te ayuden a comprender mejor), no te pierdas el curso de técnicas narrativas que comienza el 11 de mayo.

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CATEGORÍAS: Escritura Creativa

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