Hay dos elementos del texto literario que provocan gran interés, e incluso preocupación, entre los escritores noveles: la tensión y el ritmo. La idea, imbuida quizÔ en parte por las escuelas de escritura, es que tensión y ritmo son dos elementos indispensables en toda obra literaria; que una novela o un relato tenga ritmo y tenga tensión es un requisito indispensable para eso que se ha dado en llamar «atrapar al lector» y tenerle pasando las pÔginas sin un respiro hasta que vuelve la última. Por eso los escritores estÔn tan preocupados por asegurarse de que sus obras los tienen en la medida necesaria.
Esas ideas tienen una base de verdad, pero no son del todo exactas. Por eso nos ha parecido necesario repasar cuĆ”les son el papel y la importancia de la tensión y el ritmo en la obra literaria, como un modo de que comprendas mejor cómo funciona esta. Y, tambiĆ©n, para que no te sientas obligado a usar ni la tensión ni el ritmo como usualmente se recomienda hacerlo, si ese modo quizĆ” no encaja del todo con la historia que quieres contar y con cómo te gustarĆa hacerlo.
La trĆada acción, tensión, ritmo
Tal vez la confusión provenga de la idea que habitualmente se tiene de lo que es la tensión y de lo que es el ritmo en una obra literaria.
Cuando se habla de tensión no se alude en realidad a la tensión del texto, sino a la del lector. Se trata de que lo que se narra tense al lector, le haga sentir un cierto desasosiego, una cierta ansiedad, provocados por el prurito de saber qué sucede a continuación. Parece que el lector desea ser llevado en volandas por el texto, rÔpido, rÔpido, hasta el final.
El ritmo tendrĆa que ver con ese Ā«rĆ”pido, rĆ”pidoĀ». En la narración tienen que pasar muchas cosas, sucederse los incidentes de manera trepidante, si es posible con muchos puntos de giro inesperados. CuĆ”ntas mĆ”s cosas pasen en el transcurrir de la historia, mĆ”s ritmo tendrĆ” esta y mĆ”s complacerĆ” al lector.
Tensión y ritmo se relacionan asĆ directamente con la acción, aunque de nuevo entendida en un sentido no del todo veraz. Porque la acción es, simplemente, lo que sucede, los acontecimientos que se narran. Pero de nuevo se espera que Ā«lo que sucedeĀ» sea una secuencia apretada de imprevistos, azares y sorpresas, peleas y reconciliaciones, huidas y persecuciones al estilo de una novela bizantina. Hemos hablado ya sobre la acción en este otro artĆculo, si te interesa.
¿Hay novelas o relatos que cumplen de manera lograda con esos objetivos de hacer que el lector avance expectante por sus pÔginas, deseando llegar al final?, ¿que tienen un ritmo rÔpido porque en ellas se suceden con presteza los acontecimientos?, ¿y que todo ello es resultado, en parte, de una acción intensa e intensiva? En efecto, los hay. ¿Todas las novelas o relatos deben ser as� En absoluto.
¿Son acción, tensión y ritmo, entendidos tal como acabamos de indicar, lo único que busca el lector?, ¿fracasa una obra que no tenga esos ingredientes usados de esa manera? Categóricamente no.
En su Curso de literatura rusa, Vladimir Nabokov dice:
PermĆtanme ofrecerles la siguiente sugerencia prĆ”ctica. La literatura, la literatura de verdad, no hay que deglutirla de un trago como un potingue que pueda ser bueno para el corazón o bueno para el cerebro; el cerebro, ese estómago del alma. La literatura hay que cogerla y hacerla pedazos, deshacerla, machacarla; entonces se olerĆ” su grato olor en el hueco de la mano, se masticarĆ” y voltearĆ” sobre la lengua con deleite; entonces, y sólo entonces, se apreciarĆ” su raro sabor en la justa medida, y las partes rotas y trituradas volverĆ”n a reunirse en el espĆritu y revelarĆ”n la belleza de una unidad a la que el lector ha aportado un poco de su sangre.
Si la literatura «de verdad» no hay que deglutirla de un trago, consumirla de manera rÔpida y precipitada, con prisa por llegar al final, entonces puede que la tensión y el ritmo, y el elemento que soporta a ambos, la acción, puedan ser usados de otra forma y que su objetivo no sea impeler al lector a deglutir la novela o el relato como si se le pusiera un embudo en la boca.
Nabokov dice que a la literatura Ā«hay que cogerla y hacerla pedazosĀ». Aunque no es exactamente a eso a lo que se refiere, podrĆamos entender esa idea en el sentido de que es interesante conocer quĆ© partes integran un texto literario, saber en quĆ© consisten y sus posibles usos. Solo entonces podremos Ā«deshacerĀ» la obra, descomponerla en sus partes y valorar con justeza si el autor las ha usado bien o mal, si cumplen su función o naufragan de forma flagrante. Y solo asĆ podremos escribir obras bien armadas.
Volvamos entonces sobre la tensión, el ritmo y tratemos de estudiarlos desde otra óptica. Comencemos por la tensión
La tensión
Queda indicado el modo en que se suele entender la tensión, que se refiere mÔs al estado del lector que a un valor literario o a un componente de la obra. Aunque un buen escritor trata de provocar determinadas reacciones en el lector, estas no son materiales con los que pueda trabajar, no puede incorporar esas reacciones durante la confección de la obra; es decir, las reacciones del lector no son sus herramientas de trabajo. Antes al contrario, lo que hace el escritor es usar sus herramientas para crear (o intentarlo) determinadas reacciones. Entre ellas estÔ, por supuesto, esa sensación de anticipación, gozosa incertidumbre y anhelo a la que se suele llamar tensión.
Pero, en realidad, la tensión no tiene que ver Ćŗnicamente con una reacción del lector, sino que tambiĆ©n es uno mĆ”s de los ingredientes del texto. Toda obra literaria tiene tensión, incluso aquellas de las que determinado tipo de lector dirĆa que en ellas Ā«no pasa nadaĀ». No hacen falta puntos de giro incesantes o una escalada de acontecimientos a cada cuĆ”l mĆ”s epatante o inesperado para que una obra literaria tenga tensión.
La tensión es uno de los componentes que contribuye a estructurar la obra y a darle cohesión. Es lo que contribuye a mantener el tapiz sobre el que se dibujan los acontecimientos terso, sin arrugas o segmentos flÔcidos. QuizÔ no haya mejor forma de expresar qué es la tensión narrativa que el modo en que la define Cristina Ros en una reseña de la novela Julia publicada por El Diario:
[La] tensión narrativa [ā¦] no consiste en introducir giros sorprendentes, sino en escribir como el funambulista que cruza el abismo y no se puede permitir trastabillar. Trastabillar es romper el ritmo; si se sale de la lĆnea, el pĆŗblico se cansa de mirar.
Si la tensión narrativa consiste en que el pĆŗblico āel lectorā no se canse de mirar, recurrir a los Ā«giros sorprendentesĀ», a la intriga o a una acción en la que Ā«pasan muchas cosasĀ» serĆan modos de conseguirlo, pero no los Ćŗnicos y, dependiendo del tipo de obra que quieras escribir, no los mejores. Hay muchas otras herramientas que pueden lograr capturar la mirada del lector, entre ellas, una de las mĆ”s importantes, el lenguaje.
En cuanto a la tensión, lo importante es saber mantener el tejido del texto (no en vano Ā«tejidoĀ» y Ā«textoĀ» comparten etimologĆa) sin pliegues ni flacideces. Para ello es importante cuidar la estructura. el manejo del tiempo o la causalidad.
El ritmo
Con el ritmo sucede como con la tensión: toda obra literaria lo tiene, incluso aquellas cuya trama se desarrolla de una manera morosa, despaciosa.
El ritmo es, según el diccionario de la RAE, el «orden acompasado en la sucesión o acaecimiento de las cosas». La clave estÔ en ese «acompasado». Una obra puede tener un compÔs rÔpido o mÔs lento, que en gran medida vendrÔ dado por la relación entre tiempo y acción: cuantas mÔs cosas pasen en menos tiempo, mÔs rÔpido serÔ el ritmo .
Pero el tempo con el que se desenvuelven los acontecimientos de la trama deberĆa venir marcado, idealmente, por el tema y el argumento de la obra, por su conflicto y su personaje. SegĆŗn quĆ© temas demandan tempos lentos, mientras que otros pueden pedir mĆ”s rapidez, mĆ”s ritmo. Del mismo modo, segĆŗn quĆ© partes del texto pedirĆ”n que el ritmo se atenĆŗe o se precipite.
De manera que en vez de pensar en atrapar al lector y llevarlo en volandas por la historia hasta depositarlo sin aliento en el desenlace, deberĆamos pensar en cuĆ”les son las mejores decisiones en función de la historia que queremos escribir, segĆŗn su tema, argumento, conflicto y protagonista⦠De esa visión surgirĆ”n tambiĆ©n aspectos como la estructura mĆ”s conveniente y hasta el tipo del narrador y su voz, que se relacionan a su vez estrechamente con el lenguaje. Y por el camino comprenderemos cómo cuidar la tensión, elevĆ”ndola o relajĆ”ndola segĆŗn lo que necesitemos en cada momento de la narración; y quĆ© ritmo es el que corresponde a esa historia, tambiĆ©n segĆŗn sus distintas partes.
Cuando se piensan de esa manera una novela o un relato, como un todo orgÔnico en el que cada parte debe relacionarse con las restantes de forma armoniosa y eficaz, y cuando se tiene en cuenta cómo cada parte debe servir al tema y al argumento, es cuando se logra el objetivo que todo escritor persigue: que la obra «enganche» al lector, que este desee leerla de principio a fin. No necesariamente porque pasen muchas cosas, los sucesos lo tengan en vilo y el rimo sea trepidante, sino porque la novela estarÔ bien concebida, tendrÔ sentido. Y eso es lo que de verdad buscan los buenos lectores.
A mi me ha pasado en las novelas Ā«EscuadrónĀ» de Brandon Sanderson que hay un cierto abuso de la vuelta de tuerca. EstĆ” bien que son novelas livianas, para cierto publico (quizĆ”s adolescente) pero me pareció que tantos giros y giros eran demasiado rebuscados y solo respondĆan a esa necesidad de Ā«dar un giro para sorprender al lectorĀ». Quiero decir: con el objetivo de sorprender, mĆ”s que con el objetivo de contar una historia.
Hola no se si estaré en lo correcto para mi la acción la tensión y el ritmo lo veo como un rio. Los acontecimientos se van sumando y creando cierta tensión en el lector pues se suceden mucha veces por caminos inesperados. Es como cuando el rio llega a una represa se va acumulando la tensión y el lector quiere ver el desenlace. La corriente de rio, el ritmo que era fluida parece detenerse hasta que en forma abrupta se incrementa el ritmo se desborda la repesa y viene el desenlace. Siempre me gusta dejar un poco de agua de forma que el lector pueda continuar desarrollando la historia como un signo de que la vida continua. Me parece que todo esto debe salir en forma espontanea en la historia y en mi opinión eso es lo que hay que cuidar.
Me encantó este tema! Creo que necesitaba un anÔlisis claro y fuerte como este!
Me parece que el final es acertadisimo, cada novela tiene su propia forma de irse cargando de significado por la coherencia.
PodrĆas hablarnos del RITMO? SĆ© que Italo Calvino tiene un libro muy genial sobre este tema, sin embargo quisiera ahondar en este aspecto.
Un libro de cuentos deberĆa tener cada cuento con un ritmo y tensión diferentes? Un libro de cuentos bien elaborado necesita un tĆtulo que los contenga a todos o no es necesario?
Cada gƩnero literario tiene su ritmo?
Me alientas cada dĆa a continuar! Eso me encanta de leer tus mensajes.
Un gran saludo!
Hola, Hilda:
SĆ, podrĆa decirse que determinados gĆ©neros piden determinados ritmos. Una novela de acción pide, por ejemplo, un ritmo rĆ”pido.
Entonces, respecto al ritmo, deberĆamos pensar quĆ© ritmo pide nuestra obra (sea relato o novela) teniendo en cuenta su tema, su argumento, la psicologĆa de su protagonista⦠Como cada obra debe tener su ritmo, en una antologĆa de relatos podremos encontrarlos con distintos ritmos, segĆŗn las necesidades de cada uno de ellos. Pero, como siempre, tambiĆ©n entra en juego la voluntad del autor y a lo mejor tĆŗ quieres crear una colección que contenga relatos que tengan todos un ritmo rĆ”pido, o lentoā¦
Podemos ordenador igualmente los relatos dentro de la colección con intención, buscando precisamente contraste o similitud entre los ritmos (o los temas, o los argumentosā¦) de las distintas piezas.
TambiƩn hay que tener en cuenta que el ritmo dentro de una obra no es homogƩneo, podemos jugar con Ʃl (hay distintos recursos para hacerlo) para adaptarlo a lo que se cuente en cada parte de la obra.
En cuanto al tĆtulo, por lo general un volumen de cuentos suele tener un tĆtulo que los abarque a todos. SerĆ” el que vaya en la cubierta del libro. Puede ser un tĆtulo elegido para la ocasión, o a veces se aprovecha el tĆtulo de uno de los relatos que contiene.
Un abrazo.
Muy interesante el enfoque sobre la trĆada acción, tensión, ritmo.
En rincones como este blog, un escritor puede encontrar ese «oasis en medio de un desierto». Aunque, en este caso, quizÔ la metÔfora del desierto no sea muy adecuada porque lo que hay es «exceso de ruido y espacio abarrotado». MÔs que un desierto, en literatura (o cualquier otro Ômbito), lo que hay es una «megÔpolis superpoblada».
Hoy hay poca literatura, en el sentido de Ā«literatura de verdadĀ», como dice Vladimir Nabokov. Hoy la literatura es una Ā«hamburguesa mĆ”sĀ» que hay que engullir de manera apresurada para salir corriendo hacia otra Ā«hamburguesaĀ». Y asĆ con todoā¦
No hay sosiego para la lectura de un buen libro, uno, como dice este blog, donde la tensión narrativa o el ritmo sean parte inseparable del texto. O, dicho de otro modo, donde la acción trepidante y el uso abusivo de recursos comerciales («cliffhanger», etc.) no sean los protagonistas.
Hoy la literatura, como el cine, es comercial. Es otro producto de consumo. Pareciera que la cultura estuviera denostada.
Falta reflexión y espĆritu crĆtico a este respecto. Porque, con la frivolidad, no conseguiremos hacer de los seres humanos mejores personas.
Un abrazo.
Escribir bien no es suficiente. Hay que practicar el Kaizen. Los ingredientes que aquĆ se tratan son muy importantes, pero como siempre deben de aparecer sin que se noten las costuras. Todos estamos acostumbrados a ver cine. Acción, ritmo y tensión se unen en un hilo invisible que te mantiene sin ir al aseo, aunque en realidad no puedas mĆ”s. Sin embargo, todo quedarĆa cojo, se olvidarĆa de inmediato si el caparazón, sin la armadura robusta y de protección de una historia, sin el brillo del estilo. El estilo lo es todo en un libro, en una pelĆcula y puede que hasta en la vida real. Es algo que nadie puede copiar, aunque quiera copiarlo. Es tuyo y de nadie mĆ”s. En la preciosa pelĆcula El hombre Elefante, su director, David Lynch nos hace viajar a ese mundo sordido, pobre, en penumbra y suciedad para hablarnos de una historia tan conmovedora que te arrastra a querer al personaje, a empatizar con Ć©l, y a que te resulte atractivo. Y a eso yo lo llamo genialidad, talento, estilo incomparable que demostró David Lynch hasta el final de su vida. Se que puede parecer que me he ido de linea y todo eso. Pero como comentĆ”is por ahĆ, el ritmo, la tensión, no siempre deben ser sinónimos de vĆ©rtigo y prisas descabelladas. Por el contrario, en ocasiones las frases no congeladas, pero si, ralentizadas, el reposo de un sabor, un gesto, una luz, una mirada que casi acaricia la piel, eso te puede producir un subidón como lector y en eso poco o nada tiene que ver un tren en marcha hacĆa un puente invadido por millones de termitas. Un coche que se sale de la carretera por un reventón de una rueda que acaba haciendo una ruta casi turĆstica por la ladera de una montaƱa. Un saludo y nos vemos en una de esas esquinas de la literatura.