Siéntate y escribe: reflexiones sobre el oficio de escribir

El llamado «bloqueo del escritor» solo surge cuando el escritor está intentando sacar de sí algo que no lleva dentro; algo que sencillamente no sale de él, en el sentido más literal de la expresión. O sea: cuando no es capaz de dejar tranquilo al numen. Uno de los secretos de la escritura, quizá el fundamental, consiste precisamente en eso: dejar tranquilo el numen. No forzar la máquina; no empecinarse en producir por producir. Los hallazgos artísticos tienen lugar como los grandes descubrimientos científicos: de manera tangencial. Surgen, por decirlo de algún modo, como consecuencia indirecta de la «labor de fondo», que en el caso del científico consiste en seguir adelante con su trabajo de ciencia básica,   sin pensar demasiado en ningún resultado específico o concreto; en el caso del escritor, esa «ciencia básica» es la observación, la lectura y la reflexión: un estado de alerta consciente que no persigue ningún objetivo predeterminado. «Yo no busco, encuentro», dicen que dijo Picasso. Y tenía razón. Quien busca, en arte, raras veces encuentra nada.

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Escribir es adoptar al mundo entero como enemigo. La cosa empieza con la maldición bíblica del pan y el sudor de la frente, y suele terminar con la callada por respuesta del editor medio.

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Si el escritor parece pasarse la vida buscando motivos para no sentarse a escribir, no es por vagancia, sino porque sabe que lo que tiene en la cabeza y lo que finalmente pondrá en la pantalla o el papel media en el mejor de los casos una distancia considerable, y un verdadero abismo en el peor. Su permanente tentación de abandono surge del hecho de saberse derrotado de antemano.

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La escritura de una página buena exige haber escrito muchas malas, y haberlas publicado. Todo lo que vale cuesta, y el grano, por desgracia, no puede separarse de la paja hasta después de recogida la cosecha. La bondad de un escritor equivale siempre a la de su antología.

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La escritura se parece bastante al amor. Tiene su fatal ciclo inevitable. La pasión no dura nunca, y uno lo sabe. Durante mucho tiempo, tal vez durante años, uno es capaz de racionalizar la cosa, de convencerse de que el fuego sigue ahí. Pero un buen día se levanta por la mañana y se mira al espejo y siente que el juego ha perdido su gracia.. Las manos que buscan el teclado son las de un prestidigitador que a duras penas cree en sus propios trucos. La escritura parece haberse reducido a un tic. Podrías pasarte las horas viendo la televisión, o diciendo sandeces en el bar de la esquina, pero el caso es que no sabes hacer otra cosa. Las sandeces tienes que decirlas en la pantalla, en el papel.

Fragmentos de Siéntate y escribe, de Roger Wolfe

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  • Los fragmentos, todos ellos, son ciertos por lo menos en mí, ahora mismo estoy escribiendo un trabajo que viene de mis vivencias y de mi propia inventiva. Es importante mencionar que la escritura no se entiende sin la lectura, y es esta última la que alimenta la inventiva del escritor o de cualquier artista, considero que ya todo está escrito pero hay millones de posibilidades de contarlo…. saludos y felicidades por esta ventana que ayuda al desvalido principiante que escribe por el mero placer de contagiarse con sus propias letras… César Villar

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