Ponerle pasión no es suficiente para escribir bien

Para muchos escritores noveles, escribir es su pasión. Hay una fuerte pulsión en ellos que los impulsa a escribir, a plasmar en palabras las mil historias que su mente, siempre creativa, no para de segregar. Pero, por desgracia, la pasión no es suficiente para escribir bien, menos todavía para escribir grandes obras.

El problema estriba en que damos por sentado que cuando seguimos nuestra pasión seremos felices. Si hacemos lo que nos gusta, el goce está asegurado y además lo haremos bien. Y, en el caso de la escritura, la ecuación se completa con la idea de que si nosotros gozamos al escribir (porque nos mueve la pasión), el lector lo hará también al leer nuestros textos. Pero nada de eso es exactamente así.

Pasión no es igual a felicidad

Lo primero que hay que tener presente es que pasión no es igual a felicidad. No al menos a esa felicidad gratuita que con frecuencia se tiene en mente cuando se habla de ser feliz siguiendo una pasión.

Maticemos esa idea: ciertamente llevar a cabo una tarea que nos apasiona nos proporciona felicidad. Alguien cuya pasión es escribir será feliz creando personajes, redondeando frases, ideando tramas.

Pero, como hemos dicho en muchas ocasiones, la escritura es un camino. Es como una escalera por la que el escritor debe aspirar a ascender. La extrema facilidad con la que a menudo la escritura brota al comienzo, cuando se está en los primeros peldaños de la escalera, y por la que se llena página tras página con cientos de historias sin esfuerzo aparente (y por tanto con grandes dosis de disfrute) suele ser porque no se conocen los rudimentos de la ficción.

No hay reglas en la escritura, pero sería ingenuo negar que hay buenos y malos modos de hacer. Que una obra literaria (breve o extensa) necesita una estructura; que los personajes deben recorrer un arco dramático que permita al lector percibir en ellos un desarrollo; que se puede jugar con el tiempo para crear efectos interesantes, resaltar ciertas partes y jugar con la curiosidad del lector; que el lenguaje, en literatura, es un lenguaje connotado, a menudo metafórico, y que es necesario manejarlo con sumo cuidado…

Escribir es un arte, y tiene su ciencia. Adquirir esa ciencia implica esfuerzo. Y cuando el esfuerzo entra en juego, la naturaleza de la felicidad cambia. Ya no es ese estado de gracia que brota simplemente por pergeñar una historia y volcarla en un documento de texto, se diría que casi como salga, cuando el escritor está en los primeros peldaños de la escalera. Quien aspira a convertirse en un buen escritor no se conforma con estancarse en los primeros escalones, mira hacia arriba y desea llegar a esa cúspide que comparten tantos grandes autores. Y empieza a querer conocer más del oficio, a interesarse por las técnicas y recursos de los que dispone para plasmar su obra, a refina su manejo del lenguaje…

La felicidad ya no brota directamente de la escritura, su pasión, sino que surge también y en gran medida de la consciencia de su esfuerzo, de lo gratificante de dominar cada vez mejor su oficio y de ir ascendiendo peldaño a peldaño.

Si te paras a pensarlo, ese tipo de felicidad, duramente conquistada, es diferente —y diríamos que más profunda— que la felicidad facilona de entregarse a una pasión.

Por cierto, si quieres tú mismo subir un par de peldaños de la escalera de la escritura aprendiendo un poco más sobre los mecanismos de la ficción, no te puedes perder el Curso de Escritura Creativa. Solo hay dos ediciones de este curso al año, pero puedes unirte a la lista de espera y te daremos notificación preferente en cuanto se abra el plazo de inscripción. Tienes el formulario para hacerlo en esta página.

Por otro lado, no hay que perder de vista que la pasión puede suponer un primer paso hacia esa felicidad esforzada de la que venimos hablando. Porque resultaría muy difícil, por no decir imposible, entregarse al esfuerzo continuo, al largo aprendizaje, a la tarea de autoexploración que supone la escritura sin el motor de la pasión.

Es innegable que cuando algo nos apasiona ponernos a la tarea nos cuesta menos. Las horas de dedicación, el denodado esfuerzo, la frustración ocasional y los eventuales fracasos se hacen más llevaderos cuando nos impulsa la pasión.

La pasión no asegura el goce ni escribir bien

Pero, por todo lo anterior, puede afirmarse que la pasión no asegura el goce. O no de continuo.

Isaac Bashevis Singer decía: «La única forma de producir buena literatura es trabajar duro». Y el trabajo duro, como la mayoría ya sabemos, cuesta. Exige de nosotros un esfuerzo diario y el compromiso para realizarlo sin desfallecer. Hay dificultades que resolver y cosas que aprender. Hay decisiones que tomar y fracasos que asumir. Hay que marcarse objetivos y aplicarse con resolución y arrojo para alcanzarlos. Son necesarios tiempo, paciencia, interés, abnegación, tesón, buen ánimo, conocimiento, pericia…

La rosa de la escritura tiene espinas, hay que asumirlo así. Habrá momentos de frustración y estancamiento, habrá dolor en el parto de tus obras. No todo serán mieles. Pero también tendrás la satisfacción de verte progresar, de alcanzar metas, de percibir que cada texto es mejor que el anterior.

Por otro lado, la pasión tampoco implica escribir bien. Por pasión que le pongas a tus sesiones de escritura, si no conoces los resortes de la ficción y cómo manejarlos tus obras lo reflejarán.

No es la pasión con la que concibieron y trabajaron en sus obras lo que admiramos de los grandes maestros de la literatura. Es su pericia, su técnica, su dominio del lenguaje, la hondura de sus personajes…

Lo que se relaciona de cerca con el último punto: la pasión no implica goce ni una escritura expresiva, por eso tampoco puede conllevar por defecto el goce del lector.

Escribir con pasión no asegura el disfrute del lector

La idea suele ser la siguiente: si la escritura es mi pasión, cuando me entregue a ella disfrutaré (ya hemos visto que no es exactamente así); y si yo disfruto al escribir, el lector lo hará al leer.

Pero, como ya vimos en un artículo hace tiempo, el disfrute del autor no es un valor literario. No es algo que el lector pueda percibir en la obra para su deleite ni es algo que pueda valorar, como sí lo es el apropiado tratamiento del tema, el desarrollo de los personajes, la creación de una atmósfera o la cadencia de un estilo propio.

Si te interesa leer el artículo completo acerca de por qué disfrutar al escribir no se relaciona en absoluto con la calidad final de la obra, puedes hacerlo siguiendo este enlace.

De modo que lo mejor es superar esa idea naíf de que basta con seguir tu pasión para ser escritor. La pasión puede ser la base de una carrera enfocada con seriedad, probablemente sea un cimiento imprescindible sobre el que edificar. Pero la pasión no trae consigo únicamente la felicidad de hacer algo que te gusta, sino que lleva aparejados el esfuerzo, el estudio, el denuedo.

La escritura no es un pasatiempo banal, es algo que exige conocimiento, autoexploración, ponerse metas y luchar para llegar a ellas. La pasión es solo el comienzo, sin duda es necesaria porque la escritura cuesta, exige mucho de sus fieles adeptos. Pero ella sola no basta si aspiras a escribir literatura inmortal.

Ahora te toca a ti: ¿te mueve a ti la pasión? ¿Crees que con ella es suficiente? ¿Cómo logras que tu pasión te impulse cuando falla la motivación o las cosas se ponen difíciles? Cuéntanoslo en los comentarios.

12 COMENTARIOS


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  • No lo creo mucho desde un ambito mas necesario no resalto, mucho el elemento de que la pasion, me mueva, a mi en el aspecto para lograr, mis primeros, pasos en una carrera como escritor, profesional. yo creo firmemente que la motivacion, y el esfuerzo son los dos ejes de lograr, perdurar en esta aventura dia tras dia, con mucho teson sacrificio y seguridad. porque el sacrificio es muy importante, la seguridad y el conocimiento. porque tambien, reflejan un contraste significativo, cuando estamos, dando nuestros primeros pasos y caminando en esta escalera para ir atravesando diferentes, peldaños, cada dia. pero teniendo, siempre presente esa motivacion,viva que nos impulsa a ese proceso para llegar a ese objetivo mas preciso hasta el cerebro,que nos revela esas ideas, que se pueden, desarrollar de forma exacta con grandes avances, en la estructuracion, y creacion de una,nueva obra literaria. y hacer que sea, un exito ya sea de ficcion,o un libro que este, escrito, y hable al instante, de algunos, temas como la politica, la economia, y tambien, sobre el medio ambiente. sabemos, que existen diferentes tipos, de temas mas a fondo para plasmar en un libro sin embargo mi enfoque en esta carrera va mucho mas en la motivacion construccion de ideas conocimiento que en la pasion. Excelente el articulo gracias.

  • Buenos días.
    Yo creo que la pasión y la motivación es un paso importante para comenzar a escribir, es decir, si es algo que te gusta, seguro que lo harás mejor.
    Aún así, como vosotros explicáis, creo que eso no es suficiente y era lo que me pasaba a mí cuando hace casi 4 años comencé a escribir, pensaba que con poner ganas, y poner mi empeño bastaba, pero como decís, la escritura también tiene su propia ciencia.
    Este artículo me ha servido mucho para darme cuenta de todas estas cosas, de investigar sobre la estructura de la historia, la profundidad y el pasado de los personajes…
    Aunque por supuesto la pasión siempre ayuda
    Gracias por el artículo.

  • Para mí, la pasión es el ardiente e incontenible impulso, aquello que arrastra a quien la siente a buscar en el arte lo que necesita; es lo que lleva al artista a hacer lo que hace. A fin de cuentas, ¿qué tanto le importarían sus logros y fracasos si no sintiera pasión alguna por lo que hace? Sin embargo, es eso y no más, es lo que nos lleva a buscar, pero no garantiza encontrar. Para ello, hacen falta esfuerzo, conocimientos, constancia, disciplina y vaya a saber yo cuánto más me aguarda en este largo camino.
    El error es considerar a la pasión absoluta y placentera en todos los aspectos, cuando no lo es. No es absoluta porque ella sola es tan inútil como lo sería el motor de un auto sin un auto; lo otro es verla únicamente como una fuente de regocijo, porque para mí al menos la pasión puede ser tan agradable como dolorosa. En mi opinión, puede llevarnos al triunfo o directo a un precipicio. Cuando yo empecé a escribir, creí erróneamente que mi pasión me llevaría justamente adonde yo anhelaba llegar. No obstante, es efímera e inevitablemente acabé cayendo en la cuenta de que los textos que escribía en mis arranques de inspiración estaban vacíos. Al leerlos otra vez, no me decían nada y eso me llevó a aspirar a más.Me ayuda pensar en los grandes escritores y poetas y en cómo sus palabras no mueren. Anhelo lo mismo, anhelo su perpetuidad y sé que no lo lograré solo con pasión.

    Debo mis agradecimientos a Sinjania por ocuparse de enseñar cuáles son las cosas que llevarán a escalar los peldaños, y a cómo conseguir tales cosas. Espero que pasen un encantador verano y muchas gracias.

  • Cierto! Muy cierto! Ni ganar premios te llena! Cada uno tendrá sus metas! A mí me llena, me deja plena, el momento de hacer un inicio de capítulo ni sé cuántas veces, y eso que sale es un BORRADOR.
    La pasión ESTORBA para llegar al punto de cocción de una historia! No me digan que uno salta escribiendo!😎 Se sufre como un carajo! Lo que hago es INTENTARLO todas las veces y de todas las formas posibles. A veces acierto por ACCIDENTE!
    Muy buen tema! Sirve más lo que decía Gabo: para escribir hay que ser más fuerte que un boxeador!😉
    Gratitud por esta linda común y dad.🥳

  • Quizás debamos diferenciar entre pasión y amor. Por supuesto que hablo del amor a la literatura. La pasión es fuego, y el fuego quema! El amor es: Locura, el vinculo entre la obra y el autor, y por sobre todo, la creatividad artistica que envuelve a la obra. Y eso no acepta explicación.
    Buen artículo.
    Saludos

  • Muy buen enfoque. Mientras más te exiges, más corres riesgos de creador, y eso es durísimo. Muy cierto, a veces no es goce, es obstinación. Gracias.

  • Es totalmente cierto. Cuando comienzas a tomarte este oficio enserio, la pasión no es suficiente, se necesita de mucha disciplina, tesón, no rendirse en el camino, aún cuando llegan las ganas. Aceptar todo como un reto para moldear tu obra y para moldearte tú cómo escritor.

  • Escribir no es un paseo por las nubes, requiere constancia, indagar, leer mucho y que todo lo concerniente, llame tu atención. Si a todo ello se le une la pasión, creo que voy por buen camino. Gracias Sinjania.

  • Hola Sinjania ….hola a todos y todas
    Escribir una historia plasmada en un papel conlleva a tener un previo trabajo sobre lo que significa poder llegar al lector para que este imagine lo que uno le quiere contar, estoy de acuerdo hay que instruirse todos los dias que se pueda Sinjania posibilita que lo hagamos un abrazo cordial

  • Hola a todas y todos:

    El artículo de esta semana es muy interesante, como suele ser habitual en el blog de Sinjania. Hay una realidad en torno a la profesión de la escritura y es que está llena de mitos y leyendas. El tema de «dejarse llevar por la pasión a la hora de escribir» es una creencia más que enmascara, como queda claro en este artículo, el esfuerzo que requiere escribir bien. Cuando escribía de niña o de joven, lo hacía, sencillamente, desde la pulsión. En ningún momento evaluaba el resultado de esa inspiración. Tan solo me dejaba llevar por el impulso creador. Y es cierto que, en algunos casos, podían resultar unos textos con «duende», pero cualquier profesión necesita de algo más que pasión. Y la buena escritura son horas de trabajo, meses, años. Desde que empecé mi proyecto literario, descubrí que tenía que ir más allá del hecho de que ser escritora fuera mi sueño. Había un trabajo de fondo que desconocía y me costó romper esa barrera del mito. Entre ellas, reconocer que hay días que no tengo ganas de escribir, así como darme cuenta de que no todas las tareas me gustan por igual. Entre ellas, aprender marketing o repasar una y otra vez el lenguaje, cada palabra, cada frase, cada punto, cada coma, etc. (risas). Sin duda, a lo largo de estos años dedicada a “tejer letras”, he tenido que aceptar lo difícil que es escribir bien.

    Un abrazo,
    Cristina.

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