Los buenos capítulos son como mapas del tesoro: te guían a través de un territorio desconocido, te impulsan hacia adelante… solo que, en vez de entregarte un tesoro cuando llegas a su final, lo que hacen es espolear tus ganas de continuar con la búsqueda. Y despiertan así tus ganas de seguir leyendo.
Hoy hablaremos de la estructura del capítulo y de cuatro técnicas útiles que pueden ayudarte a usar el final de tus capítulos como un trampolín que impulse a tu lector a seguir leyendo, o, como se suele decir, para «atrapar al lector».
Atrapar al lector
Antes de entrar en harina y comenzar a hablar de técnicas con las que cerrar un capítulo, quiero hacerte una advertencia preliminar relacionada con la idea de «atrapar al lector».
Si eres lector habitual del blog ya conocerás mi opinión, pero creo que es conveniente remacharlo una vez más, porque tiene que ver con una creencia bastante extendida y no del todo correcta. Si eres nuevo por aquí, quédate también con ella.
A nuestro entender, el concepto de «atrapar» al lector es realmente desafortunado, porque parece denotar que el lector no quiere ser atrapado, que, como una gacela, huye, mientras el autor, como una leona, corre tras él. Denota que el lector es un rehén y que el autor debe asegurarse de mantenerlo cautivo en contra de su voluntad.
Sin embargo, el lector no es un animal esquivo, sino que se ha acercado a nuestra obra de manera voluntaria, con un interés genuino y, por lo general, con unas razonables expectativas positivas. Se podría decir que lo tenemos ganado de antemano, solo tenemos que cuidar de no perderlo.
Desde luego, desear que el lector quiera seguir leyendo, desde la primera a la última página, es lógico. Pero obsesionarse con atrapar al lector puede ser (y, de hecho, lo es a menudo) contraproducente. ¿Por qué?, te estarás preguntando. Pues porque puede dar lugar a obras pobremente construidas, donde se han primado justamente aquellas técnicas o recursos que, en principio, mejor funcionan para eso que entendemos por atrapar el lector, pero no se han cuidado los ingredientes que de verdad hacen buena una obra literaria. Sin embargo, esos otros ingredientes son los que mejor consiguen persuadir al lector de que continúe leyendo.
Así que, aunque aquí vamos a hablar de técnicas que funcionan bien para terminar un capítulo espoleando en el lector el deseo de seguir leyendo, no olvides que aspectos tan cruciales como la voz del narrador, el desarrollo de los personajes, el estilo y el lenguaje tienen un peso decisivo en la impresión de la obra que se hace el lector, en su deseo de seguir leyendo y en la capacidad del texto para pervivir en la memoria y perdurar como obra artística.
Estructura de un capítulo
Por prometedora que sea la técnica que uses para cerrar tu capítulo, este no funcionará si todo él en su conjunto no funciona. El capítulo es una unidad de información y. como tal, debe tener sentido por sí mismo; pero es al tiempo un segmento de un todo mayor, de manera que también debe funcionar como tal.
Según esto, ¿cuál sería la estructura idónea para un capítulo?
Pues bien, lo ideal sería que cada capítulo se centre en un acontecimiento, un personaje o una historia. Debe guardar cohesión con la trama general y, al tiempo, tener su propia cohesión interna.
Para que un capítulo guarde una buena cohesión interna debe responder a esa estructura tan conocida de planteamiento, desarrollo y desenlace.
El planteamiento se correspondería a los primeros párrafos y páginas del capítulo (dependiendo de su extensión) y se enfocará en plantear el estado de la cuestión-
El desarrollo, su parte central, se ocupará de la evolución del acontecimiento del que trate el capítulo, pero, y esto es importante, debe contribuir al progreso de la trama general.
Por último, llegamos al final del capítulo. Y aquí las opciones son variadas, como veremos. El final de un capítulo rara vez cerrará de manera conclusiva lo que se ha venido narrando (a no ser que se trate del capítulo final). Porque cada capítulo es como el eslabón de una cadena y está engarzado con el que lo precede y con el que lo sigue; de manera que, por lo general, el final del capítulo alude a algo que está por venir, pero sin todavía revelar nada de forma explícita.
De modo que el final del capítulo puede retornar al principio, dándole al capítulo una estructura cerrada. Puede quedar abierto, interrumpido en mitad de una escena trepidante (con la táctica cliffhanger). Puede terminar abrupta o suavemente…
La elección de la técnica adecuada para finalizar cada uno de los diversos capítulos que componen una novela, por supuesto, depende. Depende de la historia, del tema, de tu estilo, del género en el que se englobe la obra, de lo que se está contando, de lo que se ha contado antes y de lo que se contará después.
Las posibilidades son muchas, y debes elegir la que mejor se adapte a tu historia y a la manera en que hayas decidido desarrollarla.
Las que proponemos a continuación son técnicas interesantes para utilizar al final de un capítulo, porque marcan la transición hacia el siguiente y hacen que el lector permanezca bien ubicado en el flujo de información que es la historia y se sienta espoleado a seguir adelante para saber más.
1. Resumen
Se trata de cerrar el capítulo dedicando los últimos párrafos a hacer un pequeño resumen o balance de la situación hasta el momento. Puede ser la situación que se ha expuesto en ese capítulo concreto o bien la situación general que se ha ido exponiendo desde el inicio de la novela.
¿Qué ha sucedido? ¿Cuál es el estado actual de la situación? ¿Cómo se siente el protagonista con respecto a los últimos acontecimientos? ¿Y respecto a cómo se sentía al principio de la novela?
Planteate varias preguntas de esta índole y dales respuesta. Un plus: este es el momento de dejar entrever algún problema o conflicto que se vislumbra en el futuro.
2. Adelanto
En este caso, el capítulo concluye enlazando con el siguiente, presentando un anticipo del acontecimiento que se desarrollará en el capítulo inmediato.
El truco está en no revelar nada fundamental de lo que sucederá a continuación, pero sí subrayar algún aspecto que cause conflicto o que haga prever problemas, para acicatear el deseo del lector de pasar página y comenzar el siguiente capítulo.
Antes de seguir adelante, y ya que estamos hablando de técnicas literarias, quizá te interese nuestro curso de técnicas narrativas.
Es un curso avanzado pensado para aquellos escritores que ya domináis los rudimentos de la obra narrativa, como la estructura, el desarrollo de los personajes, el tiempo y la cronología, las voces del narrador… y queréis conocer técnicas que os permitan aumentar la complejidad y literariedad de vuestras obras.
En el curso estudiaremos técnicas como el flujo de conciencia y el estilo indirecto libre, el contrapunto, el extrañamiento o la metaficción, entre otras. La parte teórica se complementa con una parte práctica en la que deberás desarrollar cuatro propuestas de escritura, una cada dos semanas, para que pongas en practica alguna de esas técnicas en un texto de tu autoría. Los textos serán revisados y recbirás el feedback de tu profesora, para asegurarte de que el conocimiento queda bien asentado.
Además, también tendremos cuatro sesiones grupales, una a la quincena, para resolver dudas y divertirnos conversando y aprendiendo sobre creación literaria.
Tanto por el detalle de los análisis que se hace de los textos de los participantes como para que en las sesiones grupales haya lugar a que todo el mundo participe, las plazas del curso son limitadas. Por eso te animamos a unirte a la lista de espera en el formulario que encontrarás en la página que enlazo. De eso modo te avisaremos en cuanto se abra el plazo de inscripción y podrás conseguir una de las plazas disponibles.
Sigamos hablado de técnicas útiles para emplear al final de los capítulos. Vamos con la tercera.
3. Cambiar el escenario, el tiempo o el punto de vista
Este es un final de capítulo ideal para introducir un flashback que se desarrollará a lo largo del siguiente.
Pensemos un ejemplo para ilustrar esta técnica. Por ejemplo, un personaje empieza a narrar un acontecimiento de su pasado mientras cena con unos amigos. Ese acontecimiento hará comprender al lector el origen de los problemas con su hermano. Al finalizar el capítulo daremos el contexto, podría ser algo como: «Hace veinte años, cuando Luis y yo éramos pequeños, nos comprábamos siempre un bollo al salir del colegio. Lo hacíamos siempre en la misma panadería, una que tenía una antigua máquina registradora».
En el capítulo siguiente, el escenario ha cambiado: el protagonista ya no está en el salón de su casa cenando con unos amigos, sino que el tiempo ha saltado hacia atrás y vuelve a ser un niño; también ha cambiado la ubicación y ahora está en la panadería donde su hermano abrió la caja registradora y robó el dinero que había en ella.
En nuestro ejemplo se han cambiado dos de los tres parámetros: tiempo y lugar. Pero podrían cambiarse los tres: escenario, tiempo y punto de vista. O solo uno de ellos.
4. Cliffhanger
El cliffhanger es un recurso muy utilizado en las novelas de acción por su efectividad. Se trata de finalizar el capítulo de una manera abrupta, dejando inconclusa una escena. Esta se tratará, por lo general, de una escena que coloca al protagonista en una situación difícil, de manera que se espolea en el lector el deseo de saber cómo se resolverá esa situación.
También puede usarse como final una revelación o descubrimiento impactante que tiene capacidad para alterar el curso de los acontecimientos.
Ya le hemos dedicado un artículo monográfico al cliffhanger, en el que te contamos con más detalle qué es y cómo usarlo, así que ahora no nos extendemos ahora más en su explicación. Puedes leerlo siguiendo este enlace.
Me encantan vuestras sugerencias; son muy útiles y ayudan bastante a mejorar. Muchas gracias.
Nos encanta saberlo, Manuel. Muchas gracias.
Muchas gracias, es muy generosa vuestra aportación para los que estamos empezando. Me hace gracia y me alegra descubrir que bastantes recursos ,de los que habláis, los estaba utilizando de manera intuitiva y, los que no, me enriquecen. Es una suerte haberos encontrado.
Hola, Charo:
En efecto, en los alumnos de los cursos de escritura vemos que muchos de ellos usan de manera intuitiva muchas de las técnicas y recursos de escritura que explicamos. Pero comprender sus mecanismos y la forma en que actúan en el texto les ayuda a ser más conscientes de sus posibilidades y enriquecer, de forma más voluntaria, sus historias.
Saludos.
¡Excelente artículo! Personalmente, como escritor de suspense de novelas principalmente corales, procuro utilizar en mis capítulos mucha alternancia de tramas/personajes. En cuanto a los finales, me gusta especialmente el «Cliffhanger», así como terminar con un dilema/drama nuevo y sorprendente que dé pie a continuar leyendo el siguiente capítulo.
Tienes un seguidor más del blog 😉
Mil gracias, Luis. Eres muy bienvenido.
En efecto, el cliffhanger es idóneo para tramas de suspense o acción. Nada como ese final para que el lector quiera seguir leyendo.
Curioso artículo, felicidades. Y, además de las felicitaciones: ¡gracias! Gracias al ejemplo que ponéis, acabo de ver con claridad meridiana un recurso que nunca supe cómo aplicar bien del todo: el del «Cambiar el escenario, el tiempo o el punto de vista».
Muchas gracias, Ana. Nos alegra que te haya parecido útil.
Responsables
Blog Sinjania:
Agradezco muchisimo vuestro esfuerzo y tiempo. El presente blog es increiblemente rico, abundante en sugerencias, en una palabra es genial.
Actualmente lo que escribo si llegase a convertirse en libro, será parte de la galeria de los horrores aunque gracias a Uds. estoy reformando muchos pasajes, dialogos, etc.
Reitero mi gratitud por este blog.
Saludos cordiales. Daniel
Muchas gracias por tus palabras, Daniel. Comentarios como el tuyo nos animan a seguir trabajando. ¡No olvides suscribirte a nuestro boletín! Un saludo.