Lo que la lectura nos pide

Se habla a menudo de lo que la lectura nos da: conocimiento, entretenimiento, un vocabulario más amplio y preciso con el que nombrar mejor (y, por ende, comprender mejor) el mundo en el que vivimos, cultura… Pero rara vez se habla de lo que la lectura nos pide.

Sin embargo, sucede: la lectura nos exige, pide mucho de nosotros. Quizá por eso la mayoría de la gente elige no leer. Leer es una actividad intelectualmente exigente que demanda de nosotros ciertas capacidades que debemos desarrollar, y que requiere, además, ciertas condiciones externas adecuadas.

Por todo ello, hoy queremos hablar de lo que la lectura nos pide.

Lo que la lectura nos pide

1. Comprensión lectora

Lo primero que la lectura nos pide es evidente: para empezar es necesario saber leer. Por suerte, las tasas de alfabetización mundial avanzan y están ya cercanas al cien por cien de la población. En 2020 la tasa de alfabetización mundial era del 90 % para los hombres y del 84 % para las mujeres, cifras mucho mejores que las de 1976, cuando eran del 59% para las mujeres y del 76% para los hombres.

De manera que la mayoría de nosotros sabemos leer. Pero por desgracia con eso no es suficiente. Hace falta también eso que se denomina comprensión lectora, que asegura que entendemos las ideas del texto leído, su significado, y que somos capaces de ponerlas en relación con nuestras propias ideas.

Muchas personas dominan los rudimentos de la lectura, pero a pesar de ello su comprensión lectora es pobre. De acuerdo con los datos ofrecidos por el estudio PIAAC (Programme for the International Assessment of Adult Competencies), promovido por la OCDE, solo uno de cada tres españoles sabe leer un texto largo.

En España, el 71,7% de los adultos pueden realizar con soltura tareas lectoras de nivel 2 (de los seis que hay el inferior a1 es el peor y el 5 el mejor). Eso implica que pueden comprender textos sencillos, pero les cuesta mucho extraer conclusiones de una lectura y se pierden en un texto de cierta profundidad y riqueza, como puede ser cualquier novela más o menos extensa. Menos de uno de cada tres españoles (un 27,5%) alcanzan el nivel 3, necesario para comprender un texto largo.

Según el informe, la mayoría de los españoles, en el nivel 2, tiene dificultades para leer textos complejos, como pueden ser los prospectos de medicamentos, y para manejar textos digitales, como este reportaje. Hay muchos que ni siquiera llegan a esto: el 27% de los españoles no pasa del nivel 1, el necesario para leer cualquier cosa que vaya más allá de un eslogan publicitario.

Fuente.

Los datos del estudio PIACC se publicaron en 2013, puedes descargar los resultados de España en este enlace. Hay un nuevo estudio en preparación cuyos datos estarán disponibles a finales de 2024.

En resumen, para leer literatura (la lectura de la que aquí nos ocupamos) la comprensión lectora es un requisito indispensable. Sin ella no nos podemos adentrar «en un texto de cierta profundidad y riqueza». Puede que esa sea la explicación del gran desinterés de las personas por la lectura y la literatura: no podemos interesarnos por algo que no comprendemos.

La enorme riqueza de una obra literaria (que implica, por tanto, también una enorme complejidad) no puede ser entendida ni, por lo tanto, valorada y disfrutada por una población que no tiene una madurez lectora suficiente.

Lo que nos lleva a otra de las cosas que la lectura nos pide: esfuerzo y práctica.

2. Esfuerzo, práctica y constancia

Leer un texto literario exige esfuerzo. Primero para desentrañar el código (leer cada palabra y seguir sus secuencias en oraciones y párrafos) y comprender lo leído a nivel literal. Después para comprender y explorar los significados detrás de esas palabras y frases. Y, por último, alcanzar lo que el autor intenta decir y el propósito detrás del texto.

Como es lógico, un lector entrenado realiza todas esas tareas de manera simultánea. Pero si puede hacerlo es gracias a la práctica. A fin de cuentas, cuanto más leamos, mejor leeremos. De hecho, a la tan necesaria comprensión lectora solo se llega con la práctica.

Pero, como sucede con cualquier otra disciplina que requiera práctica para alcanzar la excelencia, dicha práctica implica también constancia. Si no leemos de manera asidua, a diario mejor que una vez a la semana, no alcanzaremos la pericia necesaria que un buen lector debe tener.

Sucede que si no leemos de manera habitual, no desarrollaremos las destrezas necesarias para hacerlo con fluidez y soltura. Y si no leemos con fluidez y soltura, leer será una actividad menos gratificante: el esfuerzo pesará más que el placer. Por eso los poco lectores tienden a leer cada vez menos: leer les cuesta cada vez más; mientras que los muy lectores leen cada vez más (o al menos siempre leen mucho), porque para ellos el esfuerzo es mínimo y la gratificación máxima.

Porque es así: leer está lleno de gratificaciones, pero hay que saber llegar a ellas.

3. Vocabulario y cultura

Todavía hay más cosas que la lectura nos pide: vocabulario y cultura.

Puede parecer un contrasentido, pues todos convenimos en que precisamente la lectura nos proporciona ambas cosas: un mejor vocabulario y una cultura mayor. Siendo así, ¿cómo es posible que también nos pida esas dos cosas?

Por lo general, basta tener un manejo suficiente del lenguaje oral para comprender un texto escrito. Sin embargo, hay aspectos específicos en los textos escritos que los hacen más difíciles que el lenguaje hablado que utilizamos a diario.

A menudo en los textos escritos el vocabulario es más rico que el que usamos coloquialmente cuando hablamos, por eso es habitual encontrar en ellos palabras de uso poco frecuente, palabras abstractas… que el hablante normal no utiliza en su día a día. Así es como la lectura nos permite incrementar nuestro vocabulario, porque cuando durante nuestra lectura nos topamos con un término desconocido, buscaremos su significado en el diccionario y, así, esa palabra pasará a formar parte de nuestro acervo.

Pero lo cierto es que, en primera instancia, el texto esperaba del lector que conociese esa palabra. Así, la lectura pide que el lector tenga un buen vocabulario, aunque también contribuya a construirlo.

En este artículo te damos algunas ideas para mejorar tu vocabulario, que incluyen, naturalmente, la lectura.

Otro tanto sucede con otros ámbitos de la cultura y el conocimiento. La lectura nos pide competencias en diversos campos más allá del lenguaje: competencias en historia, geografía, ciencia, filosofía, arte… Porque al leer no dejamos de consultar lo que Umberto Eco denomina la «biblioteca semiótica», es decir, el conocimiento corriente que los lectores tenemos del mundo.

Como es lógico, el grado de conocimientos previos del lector condiciona su biblioteca semiótica. Al leer, el lector pone en juego sus conocimientos previos, porque, de nuevo, el texto da por sentado que los tiene; pero si el lector tiene lagunas, el propio texto puede ayudarle a completarlas o, en cualquier caso, acicatearle a que busque fuera el conocimiento preciso. Así, de nuevo, la literatura nos pide, pero también nos da.

Si quieres saber más sobre cómo opera la biblioteca semiótica cuando leemos, no te puedes perder el Curso de Lectura Crítica que comenzará en mayo.

Es un curso que busca ayudarte a enriquecer tu experiencia de lectura para que comprendas cada obra literaria en toda su dimensión y puedas usarla como una fuente de aprendizaje que te ayude a mejorar tus propios textos.

Si te interesa, apúntate a la lista de espera y te avisaremos en cuanto se abre el plazo de inscripción. Puedes hacerlo siguiendo este enlace, donde también encontrarás toda la información sobre el curso.

4. Tiempo y concentración

Hemos dejado para el final dos de los elementos fundamentales que la lectura nos pide: tiempo y concentración.

La falta de tiempo es la excusa estrella y estandarizada de quienes no leen (aunque la media de tiempo que dedicamos los españoles a las redes sociales es de dos horas diarias, tiempo más que suficiente para leer). Pero, ciertamente, leer exige tiempo, y un tiempo de calidad, que nos permita en lo posible concentrarnos en la lectura y sumergirnos en la obra.

La lectura nos pide que le hagamos un hueco en nuestras rutinas diarias, pero para ello es necesario que la lectura sea una de nuestras prioridades. Si la lectura es tu prioridad, no te costará renunciar a otras actividades para dedicarle tu tiempo. Pero si no lo es, puedes seguir empleando la excusa de la falta de tiempo.

Como ves, es mucho lo que la lectura pide de nosotros: vocabulario y cultura, comprensión lectora, esfuerzo y constancia, tiempo y concentración… Pero, a cambio, también es mucho lo que la lectura nos da.

Nosotros hemos enumerado algunas de las condiciones que la lectura demanda, pero seguro que hay más. Ayúdanos a completar la lista dejando tus ideas en los comentarios.

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  • Excelente artículo, porque el cine y especialmente la televisión quita mucho el interés por la lectura.
    No captamos en las películas que el director de la película o el video atrapa la imagen y quita la posibilidad de imaginarlo el lector que es algo esencial en nuestra mente

  • Una entrada excelente. Los datos que se dan son preocupantes, pero es normal que, con todo lo que nos exige la lectura atenta y con la dinámica de vida actual, la mayoría de las personas opten por sentarse delante del televisor y vean alguna película o programa de entretenimiento. Para mí, la lectura es vida, es oxígeno, precisamente porque me permite aislarme del ruido del mundo real. Quizá por eso una de los libros más interesantes a este respecto es «Fahrenheit 451» de Ray Bradbury. Un abrazo y feliz lectura 😊.

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