Cómo usar lo «no narrado» al escribir

Hemos hablado ya mucho sobre escritura en el blog. Hoy vamos a profundicar en un rasgo de las buenas narraciones que suele pasar desapercibido y que sin embargo puede ser distintivo.

Nos referimos a «lo no narrado».

Qué es lo no narado y cómo usarlo al escribir.

¿Qué es lo «no narrado»?

El concepto «no narrado» (en ingles disnarrated), ha sido acuñado por Gerald Prince, especialista en teoría narrativa y profesor de literatura francesa moderna en la Universidad de Pennsylvania.

Lo «no narrado» se refiere a toda esa información que no consta explícitamente en la narración, pero que el lector puede (y debe) deducir de lo que sí se cuenta para completar la historia.

¿Por qué aplicar lo «no narrado» al escribir?

Seguro que te ha pasado alguna vez. Te pones a escribir una historia sencilla y para cunado la acabas has escrito miles de palabras.

Tú mismo te das cuenta de que has partes que ralentizan la narración, información que debe estar ahí para que el lector comprenda la historia, pero que alarga innecesariamente el relato. Pueden ser descripciones, caracterizaciones de personajes, contexto…

¿Cómo lograr que el lector tenga todos los datos que necesita para que comprenda el texto sin irse por las ramas?

Aquí entra en juego lo no narrado.

El escritor debe ser un maestro de la alusión y la sugerencia y trabajar hasta encontrar la expresión justa que permita que el lector comprenda una intención sin necesidad de palabras innecesarias.

¿Cómo se usa?

Usarlo lo no narrado al escribir es sencillo, pero necesita cierta planificación.

Antes de escribir debes tener muy claro qué es lo que debes contar. Recuerda, quieres contar una historia completa; no un fragmento, no una parte inconexa: una historia completa. Así que tienes que tener claro tanto la historia que vas a contar, como los recursos narrativos que vas a utilizar para hacerlo.

Pero, de igual modo, al escribir deberás tener presente qué es lo que NO vas a contar. Qué parte de la historia vas a sugerir, va a quedar latente como una lectura entre líneas que el lector se encargará de completar y materializar.

La alusión, la sugerencia, la metáfora son aquí imprescindibles. Debes asegurarte de que cada palabra signifique algo y, al tiempo, cuidar de construir los huecos, lo «no narrado», que el lector deberá completar.

Ojo, lo no narrado es vital al escribir, no lo dejes en mano del azar. Tú decides lo que no debe estar, no puede ser algo involuntario, accidental: esa es la mejor forma de que el lector se pierda y no de a la narración el sentido que buscabas darle.

¿Dónde se usa?

Al escribir, lo no narrado te ayudará fundamentalmente a construir dos partes de la narración, ambas importantes: la segunda historia y el final.

La segunda historia

Toda narración debe contar dos historias; una visible y otra oculta. Esa «segunda historia» es a la que alude Ricardo Piglia en su tesis sobre el cuento. Aquí hemos hablado ya sobre ello.

Se trata de ocultar una historia chocante, disruptiva, dentro de otra más obvia. De hecho, en ocasiones puede ser mucho más importante la segunda historia que la primera. O dicho de otro modo, una buena narración es aquella que, mediante una historia, consigue contar otra completamente distinta.

El final

Como ya sabrás, el final es una parte primordial de cualquier relato o narración. Cada palabra y cada frase deben apuntar y conducir hacia él en un incremento de la emoción narrativa.

El final debe buscar crear un impacto en el lector. Pero, precisamente uno de los recursos narrativos que puedes usar para contar tu historia es el final implícito o abierto.

En este caso la narración termina con una elipsis y el lector debe completar la historia narrada. Por supuesto, debes haber dado toda la información necesaria para que el lector pueda atar cabos y llegar a la conclusión correcta. Pero ese final ausente forma parte también de lo no narrado.

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