Con el año nuevo quizá te has propuesto llevar a cabo un proyecto ambicioso, como escribir una novela o preparar un volumen de relatos, si tú te mueves mejor en las distancias cortas. La ilusión por ese proyecto es grande, pero también lo es la duda y las preguntas habituales comienzan a cercarte: ¿estoy preparado?, ¿no estoy siendo demasiado osado?, ¿no sería mejor que esperara a saber más/ tener más tiempo/ organizarme mejor…?
Cuando nos planteamos acometer una tarea difícil, como lo es la escritura, es inevitable enfrentarse a la incertidumbre. Al principio solemos dudar, y de lo primero que dudamos es de nuestras capacidades y posibilidades. En realidad esa duda, la duda sobre nosotros mismos, nunca se extingue, y nos acompañará a lo largo de todo el proceso. Porque, al margen de las dificultades inherentes a la escritura, al margen de esos problemas que el escritor debe resolver con sus personajes, la trama o el lenguaje (entre otras cosas), están las dudas que sentimos sobre nuestra competencia y conocimientos, y sobre nuestro «derecho» a pretender escribir. De manera que la duda puede ser abrumadora y paralizante.
Esa parálisis provoca en muchos casos que, en vez de lanzarnos de lleno a la tarea, a la escritura, decidamos que necesitamos prepararnos más antes. Por supuesto, nos decimos, voy a escribir ese libro; pero antes necesito documentarme, aprender más sobre técnicas y recursos literarios, leer ese libro que me han recomendado… Esgrimimos una serie de tareas preparatorias como una serie de barreras que, en realidad, lo que hacen es distanciarnos del momento de empezar y mantenernos en nuestra zona de confort, allí donde estamos cómodos y nada nos reta.
A veces las excusas que nos ponemos son de otra naturaleza y la preparación que nos falta es de índole logística. Nos decimos que ahora no tenemos tiempo, o un lugar adecuado para escribir con concentración y foco y aplazamos el momento de comenzar a escribir esa obra que nos ronda a las vacaciones, a que los niños sean mayores, a cambiar de casa o de trabajo…
Ya sabes lo que son todas esas dilaciones: bonitas maneras de procrastinar, de aplazar una tarea que sabemos difícil y que nos reta. Al final el miedo puede más que la ilusión.
Prepararse
Sobra decir que prepararse está bien, no tiene nada de malo que quieras formarte para mejorar tus conocimientos y habilidades; nos has escuchado en más de una ocasión resaltar la importancia de conocer las herramientas con las que los escritores llevan a cabo su arte como único modo de escribir una buena obra. Tampoco es un error que quieras mejorar las condiciones de tiempo o lugar para realizar una tarea exigente, como lo es escribir; igualmente hemos hablado ya de la importancia de dedicar tiempo de calidad y trabajar concentrado como ingredientes indispensables de la creación literaria.
Pero hacer ambas cosas —formarse, aprender o mejorar las condiciones en que realizamos el trabajo, en lo relativo a calidad del tiempo y condiciones del espacio— no son incompatibles con comenzar hoy mismo la labor, con empezar hoy mismo a trabajar en tu obra. Porque cuando lo que te frena es el no sentirte preparado, paradójicamente, prepararse no mejora la situación. Estudias, aprendes, consigues un lugar en el que trabajar concentrado, despejas tiempo para escribir… Y sigues sin sentirte preparado. ¿Por qué? Porque tu inseguridad no proviene en realidad de no sentirte preparado, y por eso todo lo que arregles por ese lado no estará en realidad atacando la raíz del problema.
Si tu problema es que no te sientes preparado lo mejor es que entiendas que jamás —repetimos: jamás— lo estarás. Ese momento nunca llegará. Entonces, ¿qué hacer?
A escribir se aprende escribiendo
Pues lo que tienes que hacer es empezar ya a escribir. No el lunes, ni mañana, sino hoy. Ahora mismo, incluso. Porque la realidad es que a escribir se aprende escribiendo (y leyendo).
Únicamente comenzar de inmediato a trabajar con las herramientas del escritor te dará, con el tiempo, la pericia que hoy ansías. Por supuesto, fórmate si quieres en el mejor uso de esas herramientas o para descubrir herramientas nuevas que quizá ahora desconoces. Pero solo su manejo cotidiano te volverá ducho en su uso.
Por eso nuestros cursos suelen tener una completa parte teórica, de explicación de los elementos del texto y técnicas literarias, pero incluyen (y es quizá la parte primordial) una parte práctica. Para escribir no basta con saber, hay que saber usar. Nada mejor que poner por obra esos recursos que vas descubriendo o cuyas posibilidades conoces mejor después de formarte. Es cuando se utilizan cuando mejor se comprenden sus posibilidades. O, dicho de otro modo, hay que clavar muchos clavos antes de alcanzar la mayor destreza con el martillo.
Por cierto, que la edición anual del curso de escritura creativa comenzará en marzo. Si te interesa participar, puedes unirte sin compromiso a su lista de espera y te avisaremos en cuanto se abra el plazo de inscripción. Encuentras el formulario siguiendo este enlace.
Lo mismo sucede con la lectura. Si lees y lees, pero no pones en práctica lo que tus lecturas te enseñan, el aprendizaje que estas te brindan se desaprovechará en parte.
Por eso no esperes a hacer ese curso o a haber leído esas obras imprescindibles que todo escritor debe conocer de primera mano para comenzar tu andadura. Empieza hoy y, paralelamente, lee y fórmate.
El coste de oportunidad
Debes tener presente que aplazar el momento de comenzar a escribir, de comenzar a trabajar en esa obra que, todavía en estado gaseoso, te está pidiendo ser escrita implica un coste de oportunidad.
Imagina que aplazas todavía un año el momento de comenzar a escribir, esperando ese feliz momento en que consideres que por fin estás listo. Ahora piensa en todo lo que podrías aprender si emplearas ese año en escribir.
Conocerías mejor tus herramientas, en el uso de algunas ya tendrías una indudable práctica y quizá incluso pericia. Conocerías mejor tu propio proceso creativo y de escritura, lo que te funciona y lo que no, a ti, en el momento de ponerte a trabajar. Habrías podido llevar a tus textos muchos de los aprendizajes de tus lecturas. Irías ya depurando tu poética, tu ideal literario, reflexionando sobre qué son para ti la literatura y la creación literaria.
En resumen, tu progreso sería mucho mayor si ya estuvieras escribiendo que si solo estuvieras «preparándote» para comenzar a escribir algún día. Que no te tengas que arrepentir dentro de un tiempo de no haber comenzado hoy a escribir.
Está claro que una parte (quizá importante) de tu producción de los primeros tiempos será descartable, habrá titubeos, fallos, cosas que pulir…, también cosas que mandar directamente a la papelera. Hasta manejar con soltura ese martillo del que hablábamos más arriba hace falta clavar bastantes clavos torcidos. Aun así, entre esos textos dudosos irás comprobando que hay cada vez más fragmentos buenos. Aun así habrá progreso, un progreso real, no el progreso imaginario que se siente cuando simplemente nos «preparamos».
Porque, y esto es importante, aunque te hayas preparado, incluso durante una larga temporada y de manera concienzuda, el momento de comenzar, de ponerte por fin a trabajar en tu obra, de empezar a escribir seguirá siendo igualmente inquietante, retador, abrumador.
Ya estás preparado
La realidad es que, aunque no te sientas preparado, lo estás. La duda y el miedo son inherentes a la vida, a muchas de sus facetas; allí donde hay reto aparecen ellos, infeliz pareja.
La duda es, además, consustancial al acto de escribir. Mientras escribas, no te abandonará. En primer lugar, porque un escritor siempre aspira (o debería aspirar) a más, a hacerlo mejor, y, como queda dicho, cada vez que aparece el reto aparece también la duda. Hay que escribir a pesar de ella y buscar nuestra cumbre aun a pesar de la vocecilla insidiosa que nos dice «¿Quieres hacer eso?, ¿vas a atreverte? Si no estás preparado, no eres digno, no sabes lo suficiente, no eres la persona que lo logrará».
En segundo lugar porque la duda es escribir. En palabras de Julien Gracq: «En cada rincón del libro otro libro, posible y a menudo incluso probable, ha sido arrojado a la nada». Es decir, en cada rincón del libro, mientras se escribe, hay diversas (incluso infinitas) posibilidades, el escritor tiene que dudar y decidir a cada paso cómo resolver cada parte del libro. Se trata de aprender a lidiar con las dudas, porque son parte del proceso de escritura, como ya dijimos en este otro artículo.
Se trata, de nuevo, de aprender a convivir con la duda. A saber resolver los problemas que la obra te irá planteando a cada paso se aprende haciéndolo. Es la experiencia la que te hará estar, un día, preparado, cuando comprendas que vez tras vez, en ocasiones tardando más, en ocasiones tardando menos, has sido capaz de solventar las dificultades que el texto te presentaba.
Te animamos a empezar antes de sentirse preparado. Actúa. Aprende haciendo, aprende a escribir escribiendo. Ten el coraje de dar el salto a lo desconocido. Adquirirás confianza con la experiencia. ¡Confía en que puedes hacerlo!
Empieza hoy. Comprométete. Da el primer paso, aunque sea pequeño. Ahora es el momento perfecto.
Estoy en ese punto en que no conecto con mis nuevos personajes porque sigo muy ligada a los anteriores y eso me provoca estrés y presión a la hora de ponerme frente al teclado. Ha pasado ya un año desde que publiqué, pero me siguen llegando comentarios y participo en pequeños actos donde hablo de ellos. Me cuesta romper lazos y centrarme en la nueva novela…
Un abrazo!
Este artículo parece un diagnóstico de lo que me ha ocurrido el úlitmo año. Puedo y diré gracias! Hoy, al despertar, comenzaré la faena, porque la mayor preparación son las ganas de hacerlo, y que no terminan de concretarse, por estar esperando la sensación de estar completamente preparado y contar con todas las herramientas.
Supongo que este articulo esta hecho para mi.Todo encaja a la perfeccion…mis dudas son abismales y traumaticas…al final tiro siempre todo por la borda, nada esta bien..todo es mediocre o definitivamente malo,hay que cambiar tantas ideas,mejorar otras,concatenarlas y presentarlas de la manera mejor posible..que termino posponiendo, cansado y sin ganas de continuar.Muchisimas gracias Sinjania…tratare de continuar con la mente puesta en lo aqui expuesto.
Tengo varios trabajos terminados entre pequeñas novelas y cuentos, relatos dela vida real, ensayos, estoy en proceso de reunificar algunos relatos en un solo libro, lo mismo proyectos en proceso. PERO, trato de hace tiempo y es doloroso el avance.
Mejor no sufrir, Óscar Armando. Hay que ser un poco benevolente con nosotros mismos y ser conscientes de que lo hacemos lo mejor que podemos con los recursos (de tiempo, por ejemplo) de los que disponemos.
Un abrazo.
Aun empezando, probablemente nunca lleguemos a sentirnos del todo preparados o satisfechos. Quizás nunca llegues a considerar ese ejemplar en su mejor versión pero, con el paso de los años, habrás hecho algo más valioso que un ejemplar casi perfecto, habrás hecho una vida escrita. Esa será la documentación más especial.