La muerte de las palabras
Como las personas, como las cosas, como las instituciones las palabras acaban por envejecer y morir. Pero la vejez de las palabras suele ser larguรญsima, y no es raro que pase un siglo, y mรกs, desde que empiezan a decaer hasta que desaparecen. Y aun en este caso no es fรกcil extender el certificado de defunciรณn de la palabra; muchas veces se trata solo de una muerte aparente, y lo รบnico ocurrido es que la palabra retirada de la lengua general ha quedado remansada al margen, en el uso literario, en el uso regional o en el uso restringido de ciertos grupos sociales o profesionales. Puede suceder, inversamente, que sea prolongada de manera artificial la vida de una palabra por el capricho arcaizante de un escritor (recordemos como Eugenio d’Ors llamaba paje al botones); o que su vigencia sea puramente pasiva, es decir, reducida a su comprensiรณn ยซhistรณricaยป por nosotros, sin que tengan ningรบn eco en nuestra habla real (podemos saber, por ejemplo, quรฉ es una adarga, pero prรกcticamente nunca tendremos necesidad de usar esta voz). Incluso se da el caso de que sea resucitada una palabra ya muerta, para hacerla servir de vehรญculo a un nuevo sentido (asรญ ha ocurrido con azafata, tรฉrmino que antiguamente designaba a ยซuna criada de la reinaยป y que no hace mucho fue desenterrado para dar nombre a la ยซempleada que, en aviones u otros medios de transporte, o en algunas oficinas, atiende al pรบblicoยป).
Tabรบ y voces desprestigiadas
El envejecimiento y la muerte de las palabras estรกn muy relacionados con los cambios semรกnticos. Algunos de los factores que motivan los cambios de sentido son causa tambiรฉn de que las palabras decaigan y desaparezcan. El hecho de que una palabra sea ยซseรฑalada con el dedoยป puede acarrear su destrucciรณn; [el] eufemismo retrete, [desplazรณ] a otros tรฉrminos โhoy totalmente retirados del usoโ, a su vez, retrete y su sustituto water estรกn hoy siendo barridos por aseo, lavabo o baรฑo. A veces basta la preferencia de los hablantes urbanos por un tรฉrmino mรกs culto, cientรญfico o asรฉptico que su sinรณnimo normal para que empiece a marcarse una tendencia al arrinconamiento de este, como parece ocurrir con sobaco, en baja frente a axila, o con mascar frente a masticar, o con dentista frente a odontรณlogo; el proceso estรก mรกs avanzado en botica, casi totalmente eliminado por farmacia; y estรก desde hace mucho definitivamente resuelto el caso de albรฉitar, sepultado por veterinario.
Sinonimia
Muchas veces es la simple concurrencia con un sinรณnimo lo que motiva la decadencia o el desuso de una palabra, pues la economรญa, que es una de las exigencias de la lengua usual, enemiga de superfluidades, obliga a los hablantes a decidirse por una de las voces equivalentes. Asรญ desaparecieron, en รฉpocas ya lejanas, maguer, vencido por aunque, y exir, vencido por salir; asรญ quedo casi olvidada la preposiciรณn so (reducida actualmente a unas pocas locuciones: so capa, so pretexto, etc.) frente a su rival bajo; asรญ hoy los verbos placer y amar, el adjetivo raudo, la conjunciรณn mas han quedado confinados a la lengua literaria, mientras gustar, querer, rรกpido y pero han acaparado el uso general; asรญ se dibujan preferencias โtodavรญa poco firmesโ como la de habitaciรณn sobre alcoba, la de terraza sobre azotea, la de lubrificar sobre lubricar, etc. Este hecho explica, sin duda, el olvido de muchas palabras que tuvieron plena vigencia en tiempos no demasiado lejanos: badulaque, bribรณn, pisaverde, gomoso…
Homonimia
Otras veces no es la sinonimia, sino la homonimia, coincidencia formal a veces enojosa, la causante del abandono de una palabra. En la Edad Media existรญa junto a dezir ยซdecirยป un verbo deรงir ยซbajarยป, con pronunciaciรณn casi idรฉntica, que hubo de ser sacrificado. Probablemente tambiรฉn la desapariciรณn de la locuciรณn uebos es ยซes necesarioยป fue motivado por la homonimia con huevo. En tiempos mรกs recientes, el general seseo de los paรญses americanos ha dado lugar a homonimias en parejas como casa–caza, caso–cazo, cebo–sebo (pronunciados uniformemente /kรกsa, /kรกso, /sรฉbo), lo cual ha hecho sustituir caza por cacerรญa, cazo por perol, cebo por carnaza.
Desuso de las cosas
Naturalmente una de las causas del desuso de las palabras es el desuso de las cosas designadas por aquellas. Si hoy la gente no emplea (y pocos entienden) voces como aguador, azumbre, maravedรญ, tรญlburi, landรณ, greguescos, valona, chambergo, paletรณ, galop, es porque designan oficios, medidas, objetos, costumbres que ya no existen.
Ignorancia
Y queda, por รบltimo, la mรกs importante de las causas de la muerte de las palabras: la ignorancia. No tanto la ignorancia individual como la colectiva., la instrucciรณn general deficiente, hace que queden inservibles para muchos hablantes, prรกcticamente muertas, ingentes cantidades de palabras que la lengua tiene a disposiciรณn del que las necesita. Como, de todos modos, hay que decir las cosas de alguna manera, se recurre al prรฉstamo extranjero o a una nueva formaciรณn, o tambiรฉn a la adopciรณn de otra palabra que ya tenรญa otro sentido. Cuando el olvido de la palabra ya existente se hace general, se produce simplemente una sustituciรณn: a palabra muerta, palabra puesta. Cuando el olvido no es general, se produce una sinonimia, la cual, con el tiempo, puede dar lugar a una diferenciaciรณn de matices o de sentidos entre los sinรณnimos, o ben a la desapariciรณn de uno de ellos, que puede ser tanto el viejo como el nuevo.
Manuel Seco, Gramรกtica esencial del espaรฑol
En estos meses he estado leyendo ese libro que aparece citado al final del artรญculo, y por eso me pareciรณ familiar el tรญtulo del mismo. Gracias por recordarmelo.