La minificción: el antivirus de la literatura

La minificción nace como una forma de relectura de los demás géneros. Su estructura es siempre híbrida, y tiende a la metaficción y a una intertextualidad galopante. Hay minificciones modernas y posmodernas, lo cual depende de que su intertextualidad sea de carácter individual o genérico.

Sus características son las de un antivirus. Sí, la minificción es el antivirus de la literatura, pues su lectura tiene los siguientes efectos en quienes se aproximan a ella:

  • Vacuna a los niños y a otros lectores primerizos para volverse adictos a la literatura.
  • Corrige problemas de lectura de quienes están anclados en un único género, ya sea la novela, el cuento, la poesía, el ensayo o incluso en una única sección del diario.
  • Permite aproximarse a obras monumentales desde la accesibilidad del fragmento.
  • Facilita reconocer la dimensión literaria en diversas formas de narrativa, como el cine, las series audiovisuales y la narrativa gráfica.
  • Genera la posibilidad de reconocer de manera didáctica las formas más complejas de la escritura, es decir: humor, ironía, parodia, alusión, alegoría e indeterminación.
  • Disuelve la distinción entre los lectores de textos y los creadores de interpretaciones.
  • Propicia que un estudiante descubra la vocación de su proyecto de lectura.
  • Estimula al lector más sistemático a que oriente su investigación hacia terrenos inexplorados, no necesariamente asociados a la minificción.

En síntesis, la minificción ayuda a resolver problemas de congestionamiento crónico de las costumbres de lectura, agilizando las vías para la crítica y facilitando la libre circulación de convenciones genéricas y de su posible reformulación lúdica en cada relectura.

Adminístrese con libertad, y recuérdese que aunque su naturaleza es fractal (y por lo tanto, cada minificción suele pertenecer a una serie, pues se trata de textos gregarios), cada minificción puede tener efectos homeopáticos en la experiencia literaria de cada lector.

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