En otras ocasiones hemos hablado de algunas de las condiciones que un escritor necesita para llevar adelante su trabajo. El tiempo es una de ellas; también la paciencia. Estas condiciones suelen ser menos tenidas en cuenta que otras mÔs evidentes, como el hÔbito de la escritura, la disciplina o la motivación; sin embargo, son igualmente importantes.
Gestar una obra literaria es un proceso delicado, complejo, que puede extenderse durante largos periodos de tiempo y llegar a prolongarse incluso aƱos. El tiempo es, por tanto, necesario para escribir. Y si escribir es un proceso sutil que puede durar mucho tiempo, un escritor inteligente debe saber darse ese tiempo; es decir, tendrƔ paciencia.
La paciencia es también la cualidad que le permitirÔ perseverar y darse el tiempo para que su mirada de escritor alcance su sazón, y para desarrollar una prÔctica de su oficio rigurosa. Solo teniendo la paciencia necesaria podrÔ madurar como escritor, concebir mejor sus obras y escribirlas con solvencia, incluyendo un proceso de revisión exhaustivo y eficaz.
Como ves, estas son condiciones que no tienen que ver con los conocimientos, la pericia o la experiencia del escritor. Pero son condiciones que contribuyen decididamente a que pueda llegar a tener esos conocimientos, pericia y experiencia. Naturalmente, no son las únicas condiciones, hay mÔs.
Leyendo hace unos meses La trilogĆa de Nueva York, de Paul Auster, encontramos un par de referencias a otras dos condiciones. Las alusiones de Auster nos dieron que pensar porque, a nuestro juicio, ambas son necesarias para que un escritor lleve adelante su trabajo y para que este sea bueno. Estas dos condiciones son la soledad y la introspección.
Repasemos juntos lo que dice Paul Auster y reflexionemos sobre la necesidad (o no) de soledad e introspección para el escritor.
Escribir es una actividad solitaria
En Fantasmas, la segunda novela de la trilogĆa, dos personajes conversan:
Por ejemplo, Hawthorne, como dijo Negro. Un buen amigo de Thoreau, y probablemente el primer verdadero escritor que tuvo América. Después de graduarse en la universidad volvió a casa de su madre en Salem, se encerró en su habitación y no salió hasta doce años después.
ĀæQuĆ© hacĆa allĆ?
EscribĆa historias.
ĀæNada mĆ”s? ĀæSolo escribĆa?
Escribir es una actividad solitaria. Se apodera de tu vida. En cierto sentido, un escritor no tiene vida propia. Incluso cuando estĆ” ahĆ no estĆ” realmente ahĆ.
El caso de Hawthorne que cita Negro, el personaje de Auster, es quizĆ” algo extremo, pero al tiempo es iluminador. Hawthorne dedico doce aƱos a leer y escribir, un largo periodo autoimpuesto de aprendizaje que sentó las bases de su narrativa. Sin duda, Hawthorne demostró tener una gran paciencia. Porque el escritor no necesita la paciencia solo para idear y escribir sus obras, sino tambiĆ©n, y esto es importante, para formarse; hablamos de ello en este artĆculo. No hay que olvidar que, en realidad, el aprendizaje del escritor no se acaba nunca, siempre querrĆ” seguir perfeccionando su arte.
Aunque el caso de Hawthorne nos parezca excesivo, lo cierto es que el escritor necesita soledad: se escribe en soledad, se lee en soledad. En soledad se reflexiona sobre el ideal literario propio, en soledad se idea una novela, en soledad se resuelven las dificultades literarias que la escritura propone. A la hora de la verdad, el escritor estĆ” solo frente a su trabajo.
Esto no quiere decir que el escritor deba ser un anacoreta, pero sĆ se hace preciso comprender que, como dice Auster por boca de su narrador, Ā«Escribir es una actividad solitaria. Se apodera de tu vidaĀ». Cuando aƱade Ā«Incluso cuando estĆ” ahĆ [el escritor] no estĆ” realmente ahĆĀ», parece significar que aun cuando el escritor estĆ” con otras gentes, quizĆ” no estĆ” realmente allĆ. Puede que su cuerpo estĆ© presente, pero su mente tal vez estĆ” imaginando una escena, resolviendo una encrucijada narrativa, perfilando un personaje… Y seguramente estĆ© observado todo lo que ocurre a su alrededor con sus ojos de escritor, contemplĆ”ndolo como el sustrato que nutre los mundos que Ć©l crea.
QuizĆ” lo ideal, como ya dijimos en otra ocasión, es que el escritor se construya una metafórica torre de marfil a la que poder retirarse cuando lo necesite en busca de esa necesaria soledad. Un espacio que puede ser fĆsico, pero que debe ser sobre todo mental, donde gestar su obra, alejarse de distracciones e incluso de influencias que puedan alterar o adulterar su idea. Puede que en estos tiempos ruidosos y acelerados la necesidad de esa torre sea todavĆa mĆ”s acuciante. Decimos que en esa torre el escrito estarĆ” solo, pero esa torre ha de ser una torre con ascensor, para que pueda descender siempre que lo quiera o lo necesite, porque, a fin de cuentas, el escritor tambiĆ©n necesita entregarse a su tiempo, conocer su Ć©poca y a las gentes que la habitan.
Por cierto, si quieres las instrucciones para construirte tu torre de marfil, las tienes aquĆ.
La severidad de su introspección
HablĆ”bamos de que Auster hacĆa referencia a una segunda condición que el escritor debe perseguir. Y no deberĆa extraƱarnos que esa condición estĆ© relacionada, en cierta medida, con la soledad. Nos referimos a la introspección.
En La habitación cerrada, Ćŗltima de las novelas de La trilogĆa de Nueva York, podemos leer:
Retrospectivamente me parece natural que Fanshawe llegara a ser #escritor. La severidad de su introspección casi parecĆa exigirlo.
[No estĆ” de mĆ”s recordar que Fanshawe es el tĆtulo de la primera novela de Nathaniel Hawthorne, que Auster utiliza como nombre de uno de sus personajes].
La buena literatura se ocupa siempre de lo humano; nos refleja como somos, con nuestras luces y nuestras sombras. Por eso el escritor tiene que ser un buen conocedor de lo que Galdós llamaba Ā«las callejuelas de la naturaleza humanaĀ». ĀæY quĆ© hay mĆ”s sencillo que utilizarse a sĆ mismo como sujeto de observación? El escritor necesita mirar hacia adentro, observando y analizando los propios pensamientos, sentimientos, emociones y conductas para lograr ese conocimiento de lo humano. Sobra decir que en la mayorĆa de las obras de cualquier escritor hay mucho de autobiogrĆ”fico, aunque solo sea en cuanto da su propia visión del mundo y de los seres que lo pueblan.
La introspección permite al escritor sumergirse en su propia mente y emociones para enriquecer su trabajo. Por ejemplo, contribuirÔ a la profundidad psicológica de sus personajes: al explorar sus propias motivaciones, miedos, deseos y contradicciones, el escritor puede crear personajes mÔs complejos, realistas y facetados. Como hemos dicho, entenderse a sà mismo le proporciona un modelo para entender la naturaleza humana en general.
La introspección también le brindarÔ la oportunidad de reflexionar sobre sus propias creencias y valores, ayudÔndole a definir los temas subyacentes de su obra y a tener mÔs claras las ideas que busca comunicar. Esto darÔ lugar a una mayor claridad temÔtica y, por tanto, a obras mÔs coherentes y significativas.
Al tiempo, esa mayor claridad temÔtica beneficia de manera lógica a su voz. Porque la voz y el estilo del autor se relacionan muy estrechamente con los temas que este acostumbra a abordar en sus obras.
Por último, la vida interior y las experiencias personales, vistas a través del filtro de la introspección, se convierten en una fuente inagotable de inspiración, temas, conflictos y matices emocionales que seguramente encontrarÔn acomodo en los textos del escritor.
Pero es en soledad como el escritor podrÔ explorar su conciencia y su imaginación. Es a solas como el escritor puede dedicarse a la introspección. También en La habitación cerrada podemos leer: «La soledad se convirtió en un pasadizo hacia el yo, un instrumento para el descubrimiento».
Quedémonos con esa última frase: «La soledad es el pasadizo hacia el yo», que pone en relación de un modo tan manifiesto la relación entre estas dos condiciones que el escritor debe procurar para llevar adelante su labor: soledad e introspección.
No hay ningún otro camino. La introspección y el aislamiento son herramientas fundamentales para realizar el trabajo. Sin embargo, la imaginación se nutre sin duda de la observación. Cuando una pagina se dispara de ideas que ni siquiera habiamos pensado anteriormente es porque el subconsciente las habia tenido en cuenta a través de la observación. Esas imagenes que no recordamos y se manfiestan en un momento dado a través de un personaje en situacines imaginadas por el escritor, son una revelación a modo de epifania en la pluma del literato.
Esta es la escueta realidad, sin maquillaje. Es muy difĆcil decir que quieres hacer algo y no disfrutarlo, asĆ que la gana tremenda y absoluta de escribir no sirve ella sola, debes tener consecuencias como esa, la soledad! El caso es que lo lleves bien, sabiendo equilibrarte, salgo mucho en las tardes, me voy a tomar cafĆ© a sitios distantes y recorro calles y hablo! Pero es un dĆa. Los otros son cero contacto, no por ser escritora, mĆ”s por el sitio donde vivo.
Mi mamĆ” decĆa: el que algo quiere algo le ha de costar.
Natalia y lectores, regocijos a manos llenas! Y gracias!
Hola a todos/as,
Decirte Natalia que te sigo todas las semanas y te doy mi enhorabuena por el trabajo tan extraordinario que realizas.
Quisiera detenerme en tus dos Ćŗltimos artĆculos.
En uno retomabas el viejo dilema, o la vieja opción: autor/a de mapaā autor/a de brĆŗjula.
Yo pertenezco al segundo grupo; con matices. Yo sigo a una brĆŗjula precedida de un contexto; de una atmósfera que intentarĆ© plasmar; de algunos personajes que ya bullen en mi cabeza y luchan por salir. TambiĆ©n del tono que pretendo emplear; del tema; de la voz narrativa y al menos de la sombra de un conflicto. Para mĆ es suficiente para encarar el vĆ©rtigo de un folio en blanco, que asusta pero afortunadamente tambiĆ©n provoca. En resumen, fluyo con una pĆ”gina en blanco si cuento con esa compaƱĆa, y es entonces es cuando avanzo, rectifico, avanzo…AsĆ es porque, si estas preparado/a, una pĆ”gina desnuda amedrenta lo mismo que seduce e invita a que tĆŗ tambiĆ©n lo hagas con tus palabras, que seguramente serĆ”n las de tu soledad.
En este Ćŗltimo artĆculo tratabas el tema de la soledad como compaƱera ineludible del escritor/a. Estoy de acuerdo. Pienso que en Literatura nada saldrĆ” bien sin la ayuda de la soledad. De ahĆ parte todo cuando hay algo que decir. La soledad es una factorĆa silenciosa por donde deambula la imaginación junto a la mirada del escritor/a, que para mĆ es la ventana de la conciencia, una alerta que como todas las alertas no siempre suena, brilla o parpadea pero siempre te acompaƱa.
Un abrazo
Este Ćŗltimo pĆ”rrafo de tu comentario me parece genial, y atinadĆsimo. No puedo estar mĆ”s de acuerdo. Con tu permiso, hago uso de Ć©l en Facebook; naturalmente reflejando tu autorĆa.
Las condiciones para ser escritor a veces parecen como la lista de la compra de alguien que tiene la nevera, la alacena y armarios de cocina tan vacĆos como una tarde de tormenta a la orilla de un rĆo, a a la orilla del mar. Sin embargo, podemos encontrar en esa lista cosas mĆ”s necesarias que otras. Y ahĆ aparece sin duda en los primeros lugares la soledad y una vez abierta esa puerta bajamos al sótano de la introspección. AllĆ hurgando entre las brasas y serpientes internas podremos arrojar algo de luz a toda esa densa niebla que nos persigue toda la vida. En palabras de Shopenhauer Ā» Si no me conozco ni yo,Āæcómo me va a conocer un idiota como tĆŗ? Debemos abrir tantas celdas sean necesarias para llegar al alma humana.
Me ha encantado este articulo. No puedo estar mas de acuerdo contigo.
Creo que el escritor se mueve siempre dos mundos: interno – externo, interno- externo…y cada uno alimenta al otro.
Y que forma mas hermosa de definir la soledad! El pasadizo hacia el yo, el camino que lleva a tu torre de marfil.
Gracias por este artĆculo. Me hace reflexionar.
Este artĆculo refleja a la perfección las condiciones bĆ”sicas para la creación literaria. La formación del escritor es un proceso lento y prolongado en el tiempo, un proceso que nunca se completa, y que se fundamenta en la lectura y en la prĆ”ctica de la escritura de forma continuada. Es muy ilustrativa la frase de Auster sobre la soledad como camino para llegar al propio yo. Sin introspección, me parece muy complicado llegar a crear personajes e historias con una mĆnima solidez, y la soledad es un lujo necesario para conseguirlo.