Seis inconsistencias argumentales capaces de estropear una buena trama

A veces sucede. La trama te pone en aprietos, te ves acorralado y no sabes cómo resolver el lío argumental en el que te has metido. Acabas de estropear la trama.

Hacer las cosas bien significa replantear algunos de los elementos de la trama. Pero eso implica tiempo y esfuerzo, volver a escribir algunas escenas o alterar el carácter de algunos personajes.

La comodidad (o la vaguería) te dicta entonces la mala idea de hacer que los personajes actúen de una manera irracional o, aún peor, inverosímil. Tratas de calzar esa incongruencia de manera más o menos hábil y cruzas los dedos a la espera de que el lector no se dé cuenta del giro poco realista que ha tomado la historia.

Para que no te suceda, te contamos seis inconsistencias argumentales capaces de estropear la trama y echar a perder tu historia y cómo evitarlas.

1. El protagonista es demasiado intuitivo

Sin que haya indicios evidentes, el protagonista de pronto sabe algo. Tiene una certeza sobre algo o alguien que no se desprende de nada de lo que ha acontecido hasta el momento. Simplemente lo sabe.

Esto ocurre cuando, al escribir, no te has tomado la molestia de desarrollar bien los indicios, no has dado las claves precisas para que tanto el protagonista como el lector puedan entender en un momento dado lo que sucede. Y luego simplemente haces que el protagonista lo comprenda todo achacándolo a su enorme intuición. Sí, esa intuición que hasta ese mismo momento nadie sabía que poseía.

Lo entenderás mejor con un ejemplo:

Has introducido en tu historia un personaje que debe levantar sospechas. Es un personaje malvado que puede perjudicar al protagonista. Deberías haber mostrado que ese personaje alberga malas intenciones, pero por descuido o pereza no lo has hecho. Pero entonces la trama necesita que el protagonista sospeche de él. Y como no hay motivo alguno en el que fundar esa sospecha, resuelves la situación con algo como:

Pedro sospechaba de Luis. No había motivo alguno para ello, pero Pedro tenía una enorme intuición que rara vez le fallaba. Y sin duda Luis le daba mala espina.

No permitas que el no trabajar bien los indicios pueda estropear la trama. Aquí te hablamos de su importancia y de cómo mimarlos desde el principio.

2. El protagonista tiene secretos

En ocasiones quieres conducir tu argumento hacia un determinado lugar, pero no quieres revelar demasiada información porque temes que el lector descubra demasiado pronto lo que tiene que ser una revelación impactante. Para que no se arruine la sorpresa, hurtas esa información de la manera más burda: ocultándola tras los secretos que el protagonista guarda.

Por ejemplo, la protagonista es hija del señor del castillo. Ella lo sabe, pero no lo revela a nadie porque tú cuentas con ese as en la manga para crear la escena culminante de tu novela. Así que cuando el señor del castillo la trata mal una vez tras otra, la joven no hace nada. Esa actitud pasiva extraña tanto al resto de personajes como al lector.

La solución:

Serena albergaba un secreto. Era algo que no podía contar a nadie, ni siquiera a Evan, a pesar de su amor incondicional. Ella tenía sus razones para comportarse como lo hacía. No importaba si los demás no la comprendían, ella no podría traicionar su secreto.

Por lo común el escritor no quiere desvelar la información porque, ocultándola, quiere crear más conflictos a su costa. Pero muchas veces esos conflictos podrían existir igual si la información se revelara.

Si el lector supiese que Serena es hija del señor del castillo, las injusticias que este comete contra ella serían todavía más inaceptables. Y eso no tendría por qué afectar al momento catártico en el que Serena le diga a su padre que ella es su hija.

Además, exponer los secretos de los personajes les da mayor humanidad y madurez porque permite que reflexionen sobre ellos.

El personaje de Serena ganaría si, en lugar de ser una muñeca inanimada que aguanta estoicamente cuanto le sucede, fuera una joven que trata de hacer lo correcto, manteniendo a salvo el secreto que le confiaron aunque eso conlleve ciertos sufrimientos.

3. El protagonista debe ser doblegado

Esta manera de estropear la trama suele suceder en novelas da fantasía.

Has creado un poderoso antagonista que esté a la altura de tu magnífico protagonista. Sin embargo, al principio tu protagonista todavía no es todo lo poderoso que llegará a ser. Quieres mostrar a lo largo de la novela su evolución, cómo aprende y mejora página tras página.

Pero el villano es un personaje fuerte que se las sabe todas desde el principio. ¿Qué le impide aplastar a ese molesto personaje que empieza a enfrentarse tímidamente a él? Aunque modesto, es su enemigo y lo lógico sería que el antagonista desee acabar para siempre con el protagonista. Para algo es el malo y no se le suponen escrúpulos.

Pero los tiene. A pesar de su maldad, no quiere acabar con su enemigo. Solo quiere doblegarle. Enseñarle tal vez la lección de que el mal siempre triunfa sobre el bien y que es mejor que se una al bando adecuado. Porque tu protagonista es tan bueno que hasta el villano se rinde a sus encantos.

El malvado acabará por decir algo como:

—Feahras es un mago poderoso, pero no tanto como yo. Yo domino a todas las potencias oscuras, podría aplastarle como a un mosquito. Sin esfuerzo y sin piedad. Pero no lo haré. Quiero ver hasta dónde es capaz de llegar. Le haré superar sus propios límites una y otra vez. Y luego me complaceré en destruirle. Las tinieblas vencerán a la luz.

Para solventar esta problemática situación solo tienes que asegurarte de que tu villano tiene una buena razón para no desear acabar (todavía) con el protagonista. Tal vez pueden compartir un objetivo común que les obligue a trabajar juntos antes de que llegue el gran enfrentamiento final.

4. Tensión sexual no resuelta

Otra de las formas de estropear la trama es mediante la tensión sexual no resuelta.

Tienes dos personajes atractivos, que se gustan y pasan mucho tiempo juntos por motivo de la trama. Sin embargo, su relación no acaba de concretarse. Siempre parece que están a punto de confesarse sus sentimientos, pero nunca acaba de suceder. O, aún peor, llegan a confesárselos, pero deciden no estar juntos aunque no haya ningún motivo que los obligue.

La tensión sexual no resuelta es un recurso muy común que los escritores usan con más o menos pericia en novelas de todo género. La clave está en la tensión: se piensa erróneamente que cualquier cosa que introduzca algún tipo de tensión en la historia es buena. Pero no tiene por qué ser así.

Si introduces el amor o la atracción sexual en la historia, como el resto de las tramas esta también tiene que ser resuelta. Y tiene que serlo de manera lógica y coherente. Si los protagonistas se gustan y no hay motivo para que no estén juntos, ¿por qué no lo hacen? Nadie querría posponer el momento de estar con la persona que ama si no hay un motivo poderoso que lo impida.

Si los vas a mantener separados, busca un motivo coherente que les impida estar juntos.

Si ese motivo no existe, hay una alternativa eficaz: construye una trama en la que tus personajes se enamoren lentamente y asuman ese amor, que les hace crecer como personas, mostrándose dispuestos a hacer lo necesario para construir una relación. Esta opción rebaja un poco la tensión, pero a cambio fortalecerá tu argumento.

5. Ese personaje no debería estar ahí

Has llegado a una de las escenas culminantes de tu novela. Como tal, es necesario que tu protagonista esté presente; especialmente si has elegido un narrador en primera persona. Sin embargo, la verosimilitud aconseja que tu protagonista no esté en la escena. Pero tú necesitas que esté, si no ¿quién contaría la historia? Así que lo pones.

Lo vemos mejor con un ejemplo:

Tu protagonista es una tierna niña a la que un fiero guerrero da escolta. Ha llegado el momento de luchar contra el peligroso y sanguinario villano que quiere destruir la región. El guerrero se apresta para el combate, pero la niña es la que narra la historia. Así que necesitas que la niña acuda también a la lucha. ¿Una tierna niña en medio de una sangrienta refriega? ¡Por qué no! Pues porque el guerrero ha protegido hasta el momento a la niña, así que no tiene sentido que ahora permita que se sitúe en el centro del peligro.

Si tu personaje es vital para la trama  (como debería suceder), no deberías necesitar una mala excusa para incluirlo en las escenas más significativas. El personaje debería estar en ellas por derecho propio.

Como siempre, el secreto está en los motivos: crea un motivo poderoso que haga necesario que tu protagonista esté en ese lugar y en ese momento. Por ejemplo, que solo la niña conozca el hechizo que puede destruir la poderosa coraza que el villano viste.

O mejor, antes de empezar a escribir piensa bien qué personaje necesita tu argumento. ¿De verdad una niña es la mejor protagonista para esa novela? Tal vez ahora entiendas por qué la labor previa de planificación de una novela es fundamental.

6. Tan poderoso que debe ser destruido

Esta es una inconsistencia argumental propia de las novelas de ciencia ficción y fantásticas. Y puede estropear la trama con facilidad.

En estas novelas todo el argumento gira en torno a un poderoso artefacto que o bien ha caído en las manos equivocadas, o bien debe evitarse que caiga en las manos equivocadas. Puede ser un arma, una tecnología, un objeto mágico…

Después de múltiples e interesantes avatares el protagonista recupera el objeto… y toma la decisión de destruirlo.

Pero resulta que el protagonista que has creado para esta historia es bueno, honrado, valiente, generoso. Es un héroe y sus innumerables virtudes han quedado probadas a lo largo de la historia. De hecho, es su bondad la que le empujó a poner en riesgo su propia vida para recuperar el objeto. Y ahora va a destruirlo.

¿Por qué?, se estará preguntando el lector. ¿Por qué el héroe no usa ese poderoso objeto para hacer el bien? En sus manos, ese objeto podría solucionar un montón de problemas.

Ante una situación así, no te vayas al extremo. Piensa en alguna forma de poner límites a la magia o a la tecnología que no impliquen la destrucción del objeto. O mejor todavía, plantea un nuevo conflicto permitiendo que el héroe use el objeto al menos una vez.

Ahora ya conoces seis inconsistencias argumentales que debes evitar. Hazlo. Porque no hay manera más segura de estropear la trama que permitir que en ella existan inconsistencias.

Pero todavía hay una manera más de estropear una trama: las coincidencias. En este artículo te lo explicamos en detalle.

¿Cuál es la inconsistencia argumental que más te fastidia encontrar cuando lees? ¿Se te ocurren otras? Cuéntanoslo en los comentarios.

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  • Gracias!! Acabo de ir a corregir una inconsistencia en mi historia (el punto número uno). Procuraré tener más cuidado con el resto de la trama para no cometer otros errores.

  • Hola- Soy … entonces te quiero contar que las dudas no se pueden resolver con personajes que no sean reales y debemos confiar en las personas más cercanas para resolver toda clase de dudas.
    Cuando escribimos no podemos escribir sobre la realidad de nuestras vidas, a menos que estemos involucrando experiencias inventadas a partir de otras experiencias, pero que todo sea de la imaginación de cada uno.
    Registro de la propiedad intelectual de cada persona. Hay que estudiar con mucho cuidado las bases de lo que dicen los estatutos de el registro de la propiedad del escritor.
    Cuando se roba la propiedad intelectual de una persona no puede ser demasiado actual.
    Ejemplo de esto es el escritor William Shakespeare que supuestamente escribió el libro»El sueño de una noche de verano»
    Corregir no es fácil, pero es mucho más difícil de lo que se piensa, debido a que no todos podemos corregir exactamente como los demás.

    Ejemplo de esto es las tareas de los niños.

    • Hola, Mluz:

      Graham Greene dijo:

      «Un novelista no es un vegetal que se nutre únicamente del aire y de la tierra: el material no se consigue ni fácilmente ni sin esfuerzo.»

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