Peligros y ventajas del estilo literario neutro

Hemos hablado mucha ya de estilo en este blog y hemos podido ver que este nace en gran medida de la mirada del escritor. Esa mirada condiciona en gran medida el modo en que el escritor usará el lenguaje.

Para comprender mejor esa relación entre mirada y estilo, para entender cómo la manera en que el artista mira el mundo a su alrededor, el modo en que lo percibe, condiciona de manera categórica su producción puede servirnos el ejemplo de Pablo Picasso. Pensemos en su «periodo azul», que comenzó por la enorme conmoción que supuso para el pintor la muerte de su amigo Carles Casagemas. Tras ese luctuoso acontecimiento, Picasso comenzó a utilizar tonos azules en sus obras porque sentía que ese color era el más adecuado para transmitir su estado de ánimo, marcado por una profunda tristeza. No solo los colores, también los temas de sus obras de ese periodo se vieron afectados, prefiriendo el artista motivos trágicos que giraban en torno al dolor, la pobreza y la soledad. Habrían de pasar tres años antes de que el pintor se adentrara en la «etapa rosa», a medida que su mirada sobre el mundo y las borrascas de su espíritu se aclaraban.

Como ves, el cambio en la mirada que el artista arrojaba sobre el mundo condicionó la manera (el estilo) de su expresión artística. Picasso se inclinó por servirse de los tonos azules para expresar un dolor que tardó tiempo en abandonarle.

En el caso del escritor, los materiales con los que trabaja no son colores o formas, sino palabras: lenguaje. Hemos dicho ya que la capacidad del escritor para nombrar la realidad (su realidad, la que su mirada evidencia) es determinante. Primero porque solo podrá captar de ella aquello que pueda nombrar. Segundo, porque para trasladarle al lector su idea de la realidad necesitará igualmente servirse del lenguaje. Es decir, el lenguaje es para el escritor la herramienta tanto para captar la realidad (tiene que poner en palabras lo que percibe), como para expresarla (tiene que articular sus ideas mediante el lenguaje si quiere ser comprendido).

De manera que si la manera de usar el lenguaje es estereotipada, la visión lo será también; y si la mirada es estereotipada, el lenguaje lo será igualmente. Y ese podría ser el origen de lo que en su libro Literatura y edición Beatriz Ariza Trinidad llama «estilo literario neutro».

El estilo literario neutro

Ya sabemos que no hay dos escritores que manejen el lenguaje de la misma manera; eso implica que cada escritor tiene su propio estilo. Pero sucede que hay ciertos escritores que nos «suenan» igual que otros. Leemos al escritor A y nada en él lo diferencia del escritor B o C. No solo su estilo, a veces incluso los argumentos y personajes de algunos escritores son tan similares que sería difícil distinguir la obra de uno de la obra de otro. ¿Por qué sucede eso? Porque su estilo es neutro.

Es como una de esas casas que con frecuencia nos enseñan los influencers en sus house tours: bien decoradas (según la moda del momento), pero sin elementos que indiquen la personalidad de quien vive allí; si vemos varios de esos house tours, todos acaban por confundirse en nuestra memoria y es difícil recordar a quién pertenecía cada casa.

En lo literario, el estilo neutro es ese estilo que, siendo correcto, no tiene en realidad ninguna marca personal (del autor) que lo haga reconocible. No hay nada que permita al lector, ni siquiera a un lector avezado, distinguirlo de otros muchos escritores. Y esto que, como veremos, puede tener sus ventajas, también puede tener sus peligros.

El origen del estilo neutro

El estilo literario neutro lo es porque se basa, precisamente, en el estereotipo, en la convención, incluso en el cliché.

Podría decirse que hay una especie de código literario compartido. Todos somos capaces de distinguir un texto literario de un texto científico, periodístico, jurídico o publicitario. Los lectores conocemos ese código y los escritores también. De hecho, por lo general los escritores se han hecho con ese código literario compartido a través de sus lecturas.

Leyendo es como el escritor conoce, aprende y hace suyo lo que «es literario», que se corresponde en gran medida con determinados usos del lenguaje: palabras, expresiones, giros o determinadas figuras retóricas. Leyendo, también, el escritor entrena su mirada, porque aprende del modo de mirar de los que han escrito antes que él. Como apuntaba Harold Bloom: «Con frecuencia, aunque no siempre sabiéndolo, leemos en busca de una mente más original que la nuestra».

El estilo literario neutro es un estilo que está al alcance de la mayoría de los escritores, a poco que manejen bien ortografía y gramática y tengan lecturas abundantes a sus espaldas. Probablemente tú ya lo tengas.

Estilo literario neutro y estilo literario de autor

Pero el estilo literario neutro son solo los cimientos del estilo. Porque en contraposición a este estilo neutro, convencional —y con frecuencia estereotipado— tenemos el estilo literario de autor.

El estilo literario de autor se caracteriza, principalmente, por alejarse de lo normativo, de lo convencional, de los modos acostumbrados de hacer. El autor conoce bien esos modos, los ha aprendido y los maneja, pero voluntariamente (a veces también por azar, pero rara vez) se aleja de ellos. Sobre el código literario compartido edifica variaciones únicas, personales, que lo vuelven singular e incluso irrepetible.

Permíteme subrayar la idea de que el estilo literario de autor se construye de una manera voluntaria, hay una decisión del autor de buscar formas alternativas de expresión que, a menudo, se corresponden con la necesidad de expresar su visión alternativa de la realidad.

Raymond Carver decía que «cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad».

Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresión artística a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.

Escribir un cuento. Raymond Carver

Para transformar el estilo neutro en estilo de autor hace falta entonces una «forma especial de contemplar las cosas», y también saber «dar una expresión artística a sus contemplaciones». Nos encontramos de nuevo con la relación entre mirada y lenguaje.

La mirada se puede (y se debe) entrenar. La mirada que arroja a su alrededor el escritor no puede ser banal, una mirada conformista y aquiescente. El escritor debe ser un inquisidor y preguntarse el cómo y el porqué de todo cuanto le rodea. No puede conformarse con las explicaciones que otros le den sobre el mundo, debe cotejarlas con sus propias ideas y experiencias y extraer sus propias conclusiones. Esas conclusiones serán, idealmente, las que traslade a sus obras. No olvidemos que un escritor es alguien que tiene algo que decir, y lo que tiene que decir es, precisamente, lo que él piensa de la realidad a su alrededor. Esto no significa que sus obras deban ser panfletarias o dogmáticas, en la mejor literatura la visión del autor aparece como un tenue telón de fondo que filtra las ideas, pero no molesta al lector. Si bien a veces esa visión es expresamente manifiesta y quizá sí busca incomodar al lector, obligarlo a su vez a hacerse preguntas y no dar por buenas visiones simplistas, reduccionistas o maniqueas. En cualquier caso, cuando hay una mirada original tras una obra literaria el lector se ve obligado a hacerse preguntas a su vez, y ese es uno de los objetivos a los que aspira la literatura.

El lenguaje también se puede entrenar. El escritor debe conocer los recursos estilísticos a su alcance para saber dar esa «expresión artística a sus contemplaciones» de la que hablaba Carver. Imaginemos que Picasso no hubiera conocido el color azul: no habría sabido dar expresión a su tristeza. De igual manera, si el escritor no conoce todos los recursos retóricos y de estilo a su alcance no será capaz, en muchas ocasiones, de expresar «su propia especificidad». Sin esos recursos, solo le quedará la vía de servirse del estilo literario neutro.

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Ventajas y peligros del estilo literario neutro

Pero dije al comienzo que el estilo literario neutro tiene sus ventajas, aunque también sus peligros.

La ventaja es que el estilo literario neutro es capaz de llegar a un amplio espectro de lectores.

C.S. Lewis distinguía entre lectores literarios y lectores no literarios. Los lectores no literarios, que a pesar de su nombre son lectores habituales, incluso lectores voraces, tienen un paladar poco exigente y para ellos es suficiente con ese estilo literario neutro, convencional y ortodoxo. De hecho, el estilo literario de autor puede saberles, cuando se lo encuentran, demasiado fuerte o especiado y hacer que no disfruten de la lectura.

Los lectores no literarios son mucho más frecuentes que los lectores literarios, de manera que si escribes para ellos lo estarás haciendo para un público mucho más amplio. De hecho, los best sellers suelen estar escritos en escrito literario neutro.

Por eso muchos autores optan por este estilo. No es una cuestión de incapacidad, de ausencia de una mirada propia o de falta de recursos de estilo. Lo que desean es llegar al gran público. Sin embargo, esas obras no suelen estar destinadas a perdurar. Solo los mejores de entre esos escritores pasarán a los anales de la literatura, pero lo harán por lo general por detrás de aquellos autores que apostaron por la innovación formal y estilística y, al hacerlo, abrieron nuevos caminos a la literatura.

El peligro del estilo literario neutro es evidente: quedarse en lo trillado, no solo a nivel de estilo y lenguaje, sino también de tramas, personajes y argumentos.

El escritor no debería ser conformista con su arte; como escritor, debería aspirar a ser único. Esta es una meta muy ambiciosa, pero solo quien se dirige a ella ha comprendido realmente lo que es la buena literatura. Incluso aunque no lo alcance, el buen escritor ansía caminar hacia ese alto destino. Porque, después de todo, un escritor suele abrigar la esperanza de que los lectores juzguen que hay algo que lo diferencia de otros escritores, que su obra no es intercambiable con la de otros autores.

Además, como hemos apuntado, las obras escritas en un estilo literario neutro no suelen perdurar. Incluso aunque alcancen gran éxito en su tiempo, los manuales de literatura no se ocuparán de ellas por una simple cuestión de espacio: si se quiere lanzar una visión sobre el panorama de la creación literaria no hay lugar para mucho más que para fijarse en aquellas obras que descollaron como una cordillera en la llanura de la literatura.

Al tiempo, como en las obras escritas en un estilo literario neutro no suele haber experimentación formal ni esas interesantes desviaciones que son propias del estilo literario de autor, no presentan características reseñables en las que críticos, teóricos y estudiosos en general puedan detener su mirada y analizar escalpelo en mano. Lo que a su vez conduce a que no suelan incluirse en los manuales e historias de la literatura.

La gran elección

Elegir entre estilo literario neutro o estilo literario de autor es una decisión que cada escritor debe tomar. Puede que tú prefieras el primero porque sueñes con ser un superventas. O puede que prefieras el segundo porque ves la literatura como un arte y te gustaría aspirar a codearte con los grandes genios que en el mundo han sido.

Sea como fuere, no está de más saber que existen ambos estilos —¿cómo si no hacer tu elección?— y quizá tener las nociones de las herramientas con las que se construye el segundo. Para que si dentro de ti tu especificidad grita por ser expresada, tengas los recursos para darle voz.

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CATEGORÍAS: Escritura Creativa, Estilo

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