En Escribir un cuento, Raymond Carver nos habla de la manera personal que cada escritor tiene de comprender el mundo y como ello se refleja en sus textos.
Allรก por la mitad de los sesenta empecรฉ a notar los muchos problemas de concentraciรณn que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimentรฉ idรฉntica dificultad para leer tales obras como para escribirlas. Mi atenciรณn se despistaba; y decidรญ que no me hallaba en disposiciรณn de acometer la redacciรณn de una novela. De todas formas, se trata de una historia angustiosa y hablar de ello puede resultar muy tedioso. Aunque no sea menos cierto que tuvo mucho que ver, todo esto, con mi dedicaciรณn a la poesรญa y a la narraciรณn corta. Verlo y soltarlo, sin pena alguna. Avanzar. Por ello perdรญ toda ambiciรณn, toda gran ambiciรณn, cuando andaba por los veintitantos aรฑos. Y creo que fue buena cosa que asรญ me ocurriera. La ambiciรณn, y la buena suerte son algo magnรญfico para un escritor que desea hacerse como tal. Porque una ambiciรณn desmedida, acompaรฑada del infortunio, puede matarlo. Hay que tener talento.
Son muchos los escritores que poseen un buen montรณn de talento; no conozco a escritor alguno que no lo tenga. Pero la รบnica manera posible de contemplar las cosas, la รบnica contemplaciรณn exacta, la รบnica forma de expresar aquello que se ha visto, requiere algo mรกs. […] Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad.
Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, รบnicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro. No se trata de talento. Hay mucho talento a nuestro alrededor. Pero un escritor que posea esa forma especial de contemplar las cosas, y que sepa dar una expresiรณn artรญstica a sus contemplaciones, tarda en encontrarse.
Decรญa Isak Dinesen que ella escribรญa un poco todos los dรญas, sin esperanza y sin desesperaciรณn. Algรบn dรญa escribirรฉ ese lema en una ficha de tres por cinco, que pegarรฉ en la pared, detrรกs de mi escritorio… Entonces tendrรฉ al menos esa ficha escrita. ยซEl esmero es la รบnica convicciรณn moral del escritorยป. Lo dijo Ezra Pound. No lo es todo aunque signifique cualquier cosa; pero si para el escritor tiene importancia esa ยซรบnica convicciรณn moralยป, deberรก rastrearla sin desmayo.
Una vez escuchรฉ al escritor Geoffrey Wolff decir a un grupo de estudiantes: No a los juegos triviales. Tambiรฉn eso pasรณ a una ficha de tres por cinco. Solo que con una leve correcciรณn: No jugar. Odio los juegos. Al primer signo de juego o de truco en una narraciรณn, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Los juegos literarios se han convertido รบltimamente en una pesada carga, que yo, sin embargo, puedo estibar fรกcilmente sรณlo con no prestarles la atenciรณn que reclaman. Pero tambiรฉn una escritura minuciosa, puntillosa, o plรบmbea, pueden echarme a dormir. El escritor no necesita de juegos ni de trucos para hacer sentir cosas a sus lectores. Aรบn a riesgo de parecer trivial, el escritor debe evitar el bostezo, el espanto de sus lectores.
Fuente: Escribir un cuento. Raymond Carver