El uso del tiempo presente en la narración

En cuanto al estilo del libro, los críticos ser quejaron del tiempo presente. Y cuando les respondí que lo había elegido porque Johnson [el protagonista] vive en el presente, el minuto, les pareció un motivo ingenuo y superficial. Es verdad que cualquier analogía entre el estilo y la mente de un héroe parece falsa. El estilo, dicen, aporta el ambiente en el que actúa el héroe; está relacionado con él sólo como lo está una casa, una época, a una persona real.

Pero creo que éste es un punto de vista que responde a una actitud crítica que necesariamente pasa por alto la situación en la que se encuentra el lector. […]La parte consciente del lector tiene libertad para sentir con los personajes del libro; es uno de ellos. Por lo tanto si ellos están en tiempo pasado, él está en el pasado, participando en situaciones que han ocurrido, en la historia, en aquel lugar. Esto es participar de verdad, sea la historia realmente una historia o una novela. Un lector puede aún temblar ante la crisis de Waterloo; o enfurecerse por el destino de Huss. Obtiene de Guerra y Paz una experiencia intensa y duradera. Pero sigue siendo una experiencia especial, una experiencia histórica; mucha de su calidad se deriva del reconocimiento de las situaciones comunes, está cargada de reflexión (como la que puede emplear un hombre ante sucesos reales, incluso en un momento de crisis, o antes un disgusto, no sin antes alejarse de ellos) comparando y valorando.

Pero cuando una historia está en tiempo presente, dado que el lector también está en el presente, es arrastrado irreflexivamente por la corriente de sucesos; su estado de ánimo no es contemplativo sino que se ve afectado.

Esto hace que el tiempo presente no sea adecuado para grandes descripciones; ilumina únicamente una estrecha escena con un foco móvil que no abarca mucho más que una linterna de mano. Puede que esto provoque en el lector un repentino sentimiento de inseguridad (como si el mismo suelo estuviese hecho de una oscuridad todavía más profunda) como la que le sobreviene al viajero que se encuentra en territorio sin cartografiar, cunado siente de pronto que no sólo ha perdido su camino sino también su propia identidad. Ya no se siente seguro de sí mismo, según dicen, ni sabe para qué sirve; se siente a la deriva como los marineros de algún naufragio, no debido a las carencias interiores, sino exteriores, porque no tienen nada solido sobre lo que reposar sus mentes, porque todo a su alrededor es movimiento perpetuo.

Este inquieto movimiento provoca en muchos lectores los mismos molestos sentimientos. Los sucesos los arrastran a su paso sin darles tiempo a examinarlos, a juzgarlos, sin tiempo de encontrar su propio lugar entre ellos. Pero como Johnson no juzga, tampoco quería yo que juzgase el lector. Y tal y como nada Johnson alegremente sobre la superficie de la vida, así quería yo que nadase el lector, como nadamos todos, con más o menos valor y habilidad, por nuestras vidas.

Prologo de Míster Johnson, de Joyce Carry.

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  • Todo es presente. Todo el universo sucede ahora. Lo que fue ya no está y solo es parte de la mente del que cree lo que vió o sucedio. No deja de ser una creencia. El lector se encarna en la mente de lo que el cree y de lo que fue narrado. El presente te invita a vivir esta experiencia narrada Aqui y ahora. Que alguien crea que lo narrado o contado en el presente ya es pasado, insisto es solo una creencia.

  • Al fin de cuentas, cuando se lee en presente, como lector sé que es pasado. Pues un libro ya «fue» escrito, no creo que me afecte a mis sentimientos, si leo:
    «Carlos está cerrando su aposento, la tarde se difumina en oscuridad. Entonces él camina raudo cerca de las calles viejas que son vestigios de recuerdos. Un policía se aproxima, le toca la espalda. Mas sin inmutarse, detiene su paso.»
    Creo que el tiempo presente es de mejor recurso, cuando se escribe un diario o se lee la recopilación de un diario, o un blog. Entonces el narrador, me describe lo que está viendo, no lo que le sucedió y me trata de engañar que él no sabe que va pasar.
    En mi opinión: No hay que exagerar tanto con el uso del «presente».

  • Concuerdo totalmente con esto. La narracion en presente es altamente subestimada, y de mala forma, pues es facilmente el mejor recurso del que podemos valernos… Nos deja sumir a los lectores y hacerles parte de la historia, hacerles creer que viajan con los protagonistas y que los conocen mejor que nadie, haciendo de las sorpresas algo mas intenso.

    Gracias por esta entrada, me has reanimado a seguir escribiendo en el maravilloso presente, que si bien muchos juzgan de mediocre, finalmente para el lector se convierte en «su pasado». Maravilloso, a mi parecer.

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