Cómo leer libros canónicos y disfrutarlos

Muchas personas encuentran la lectura de determinados libros —esas obras canónicas «que hay que leer»— una tarea desalentadora. Y así se apartan de la lectura de muchos buenos libros simplemente porque no saben cómo leer determinada literatura de manera correcta. Piensan que ese tipo de literatura es para los estudiosos o los frikis. Pero, en realidad, con algunos conocimientos elementales cualquiera puede enfrentarse a la lectura de un clásico con la solvencia de un profesor de literatura.

El primer requisito para adentrarse con seriedad y profundidad en la lectura es dedicarle tiempo. Siempre hay que estar dispuesto a invertir tiempo en la lectura, pero además la lectura de esa literatura menos complaciente (que no menos placentera), exige unas determinadas condiciones. Lo mejor es buscar un lugar tranquilo donde se pueda leer sin interrupciones (sin una televisión encendida enfrente y sin el móvil al alcance de la mano) y donde dispongamos de las herramientas precisas para una lectura fructífera (diccionario para resolver dudas y papel y lápiz para tomar notas). Es también fundamental reservar tiempo para leer: al menos una hora, tiempo indispensable para sumergirse por completo en la historia, centrándose en ella y alejándose del entorno y sus preocupaciones.

Entonces, ¿cómo leer literatura como un académico? No, para leer bien no es necesaria una guía de lectura. Aunque sí se debe prestar atención a determinados aspectos del libro como los personajes, el tema, la trama o la ambientación. Aquí te enseñamos algunas preguntas sencillas que puedes plantearte sobre cada uno de esos temas y que te ayudarán a comprender mejor la lectura. Por ejemplo: ¿Existe un desarrollo de los personajes (especialmente del protagonista) a lo largo de la historia? ¿El tema del libro se aborda desde una perspectiva social, psicológica, histórica, de entretenimiento, etc.? ¿Existe una subtrama, y cómo se relaciona con la trama principal? ¿En qué escenarios se desarrolla la obra y qué papel juegan en el desarrollo de la misma?

Pero hay mucho más que eso en un buen texto literario. Varios otros elementos componen la compleja textura de una buena pieza de la literatura. Elementos sutiles como el estilo narrativo, el simbolismo, los arquetipos o el manejo del lenguaje se aprecian mejor cuanto más leemos. Estos elementos pueden parecer grandes nombres técnicos, pero en realidad son simplemente los componentes de cualquier buena obra literaria. Sólo hace falta familiarizarse con sus definiciones y, con un poco de práctica, pronto estaremos leyendo literatura como profesores.

Al empezar el libro podemos investigar un poco (con Internet resulta sencillo): quién es su autor, en qué corriente se engloba, qué características propias tiene el libro. Eso nos ayudará a ir incrementando de manera paulatina nuestros conocimientos sobre la literatura y su historia, creándonos un mapa mental cada vez más detallado. Pronto descubriremos que al leer un libro, sin consultar nada previamente, somos capaces de discernir a qué época o a qué corriente pertenece, solo prestando atención a los recursos de los que se sirvió en su momento el escritor. Se trata de aprender y poner en práctica mientras leemos lo aprendido.

Lo cierto es que pocas personas están familiarizadas con los componentes básicos de un texto literario y por tanto no solemos prestar atención a cómo se entrelazan estos componentes para crear una obra maestra. Por ello, la lectura de buena literatura se ha convertido en el pasatiempo de sólo una pequeña minoría. Sin embargo, la lectura de los libros canónicos puede ser tan emocionante como el mejor videojuego o como la más trepidante película de acción. Solo se trata de dedicarle tiempo, prestar atención y tener un poco de práctica.

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