marzo 5

Opiniones del crítico Ignacio Echevarría sobre la crítica literaria

Crítica literaria

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Ignacio Echevarría es uno de los más relevantes críticos del panorama de las letras hispanomaericanas. Además es editor y albacea de la obra póstuma de Roberto Bolaño. Parte de su obra como crítico ha sido recogida en los textos Trayecto y Desvíos. Las opiniones sobre crítica literaria aquí recogidas han sido tomada de diversas entrevistas publicadas en internet.

No es que yo crea que la crítica influye en la literatura; yo creo que la crítica hace la literatura. Nosotros leemos libros, tenemos una masa amorfa y vasta de objetos literarios que solo se construyen como literatura cuando hay una distancia crítica que los articula. Es decir: yo, que no sé nada, una noche de luna nueva miro el cielo. ¿Qué veo?, una oscuridad tachonada de estrellas y luceros; solo eso. ¿Cuándo surgen las constelaciones? Cuando hay alguien que con conocimiento construye todo ese cielo, y en aquello que para mí es indistinto, amorfo y sin sentido, construye algo con sentido, y lo organiza; las constelaciones existen desde que existe la mirada de un experto. Igual la literatura existe a partir de la crítica; es una relación íntima e interactiva.

La crítica que se hace en los medios -no la académica- es una crítica básicamente orientativa, que cumple un servicio social. El crítico es un señalizador que crea un sistema de preferencias que le ahorre recorridos inútiles al lector. Adorno decía que un crítico era un agente del tráfico literario.

El crítico tiene como una de sus funciones generar o articular la comunidad de lectores. Por ello la crítica debe estar dispuesta a romper con el confinamiento que la retiene en un terreno segregado de las tensiones sociales, un ámbito presuntamente autónomo en el que sólo le cabe cumplir una función recreativa o decorativa. La crítica debe ser capaz de reencarnarse en los medios de comunicación (convencionales o emergentes, lo mismo da), pero no a modo de discurso superpuesto, epidérmico, ornamental, sino en igualdad de condiciones, es decir, con voluntad de dar cuenta cabal de lo que está ocurriendo, con voluntad de intervención, de constituir una comunidad de lectores abierta al debate político y estético, indistintamente, reacia a ser instrumentalizada publicitariamente tanto como a constituirse en simple vehículo de un hipotético diálogo mudo entre almas bellas y sensibles.

Creo que un buen crítico socializa una lectura. El crítico que no está hablándole a una comunidad puede ser exquisito, erudito, pero no bueno. Y confío en quien confía en su intuición y genera un efecto de autoridad en cada reseña. Ahora, creo que hay un equívoco generado por la industria editorial, esta idea de que “para qué hablar mal de un libro habiendo tantos buenos”. Como si el comentarista de libros fuera un tipo obligado a promover la lectura, cuando la única forma de promoverla es hacer sentir que sobre el acto de leer hay pasiones en juego. Eso es lo único que puede atraer a alguien, sentir que ahí hay algo importante. Diciendo que leer es muy bueno no se atrae a nadie.

Siempre he creído que sin crítica no hay literatura. La literatura como sistema se ordena desde la crítica, si no se convierte en una especie de pandemonium indiferenciable. En las tradiciones donde no hay crítica la literatura languidece necesariamente porque no hay un sistema de auto percepción por parte de los escritores, ni de los lectores, que les permita elaborar la experiencia de la lectura. Otra cosa es que la crítica sea buena o mala, pero la crítica –incluso mala– sirve siempre como una especie de frontón en el cual uno siente rebotada su propia propuesta, ayuda a generar visibilidad, a acuñar etiquetas, cosas que pueden ser repelentes desde fuera pero que son importantes para la construcción del tejido literario. Sin eso, no hay nada más que una especie de indistinta contribución a un mercado cada vez más amplio, imperceptible, ingobernable. Creo en la necesidad de la crítica, pero yo he ejercido la crítica en un episodio muy crepuscular no solo personalmente, también en lo que creo que es la posición de la crítica en los medios convencionales. La crítica resurgirá y para esto no me siento capaz de imaginar cómo, tendrá que resurgir de otros modos.

He creído y sigo creyendo en la necesidad de la crítica. Pero está claro que la crítica, en el molde con que fue acuñada en las décadas anteriores, tiene que reubicarse. Los periódicos ya no. La decadencia de la crítica se adelanta pero está ligada a la decadencia del periodismo en general. Y a la inminente reconversión de la vieja prensa escrita y sobre papel en algo que todavía no sabemos cómo se va a formatear. La crítica, que ha sido siempre un huésped incómodo dentro de la prensa escrita, ha sufrido una crisis con mayor antelación que el periodismo convencional que viene arrastrando hace por lo menos veinte o treinta años. No creo que podamos recuperar las posiciones que tenía, entre otras cosas porque el medio mismo de los periódicos está en crisis y seguramente en los próximos años sufrirá mutaciones muy importantes. Lo que está por verse es si existe una promoción de jóvenes críticos capaz de adaptar las nuevas circunstancias técnicas de los soportes, incluso del mercado, acuñando un nuevo discurso crítico que tendrá que empezar por renovar los formatos de la crítica, los lugares donde aparece. ¿Cómo ocurrirá? Por internet o de un modo individualista no sé.

 


Tags

curso de crítica literaria, curso de lectura crítica, escribir reseñas, Ignacio Echevarría, Roberto Bolaño


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