Raymond Carver y la experimentación en la escritura

Ya conocemos las ideas de Raymond Carver acerca del estilo y la mirada del escritor. A continuación nos habla sobre la innovación formal y la experimentación en la escritura:

Hace unos meses, en el New York Times Books Review John Barth decía que, hace diez años, la gran mayoría de los estudiantes que participaban en sus seminarios de literatura estaban altamente interesados en la “innovación formal”, y eso, hasta no hace mucho, era objeto de atención. Se lamentaba Barth, en su artículo, porque en los ochenta han sido muchos los escritores entregados a la creación de novelas ligeras y hasta “pop”. Argüía que el experimentalismo debe hacerse siempre en los márgenes, en paralelo con las concepciones más libres. Por mi parte, debo confesar que me ataca un poco los nervios oír hablar de “innovaciones formales” en la narración. Muy a menudo, la “experimentación” no es más que un pretexto para la falta de imaginación, para la vacuidad absoluta. Muy a menudo no es más que una licencia que se toma el autor para alienar —y maltratar, incluso— a sus lectores. Esa escritura, con harta frecuencia, nos despoja de cualquier noticia acerca del mundo; se limita a describir una desierta tierra de nadie, en la que pululan lagartos sobre algunas dunas, pero en la que no hay gente; una tierra sin habitar por algún ser humano reconocible; un lugar que quizá solo resulte interesante par un puñado de especializadísimos científicos.

Sí puede haber, no obstante, una experimentación literaria original que llene de regocijo a los lectores. Pero esa manera de ver las cosas —Barthelme, por ejemplo— no puede ser imitada luego por otro escritor. Eso no sería trabajar. Sólo hay un Barthelme, y un escritor cualquiera que tratase de apropiarse de su peculiar sensibilidad, de su mise en scène, bajo el pretexto de la innovación, no llegará sino al caos, a la dispersión y, lo que es peor, a la decepción de sí mismo. La experimentación de veras será algo nuevo, como pedía Pound, y deberá dar con sus propios hallazgos. Aunque si el escritor se desprende de su sensibilidad no hará otra cosa que transmitirnos noticias de su mundo.

Tanto en la poesía como en la narración breve, es posible hablar de lugares comunes y de cosas usadas comúnmente con un lenguaje claro, y dotar a esos objetos —una silla, la cortina de una ventana, un tenedor, una piedra, un pendiente de mujer— con los atributos de lo inmenso, con un poder renovado. Es posible escribir un diálogo aparentemente inocuo que, sin embargo, provoque un escalofrío en la espina dorsal del lector, como bien lo demuestran las delicias debidas a Navokov. Esa es de entre los escritores, la clase que más me interesa. Odio, por el contrario, la escritura sucia o coyuntural que se disfraza con los hábitos de la experimentación o con la supuesta zafiedad que se atribuye a un supuesto realismo. En el maravilloso cuento de Isaak Babel, Guy de Maupassant, el narrador dice acerca de la escritura: Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde. Eso también merece figurar en una ficha de tres por cinco.

Fuente: Escribir un cuento. Raymond Carver


__CONFIG_colors_palette__{"active_palette":0,"config":{"colors":{"62516":{"name":"Main Accent","parent":-1}},"gradients":[]},"palettes":[{"name":"Default Palette","value":{"colors":{"62516":{"val":"var(--tcb-skin-color-0)"}},"gradients":[]},"original":{"colors":{"62516":{"val":"rgb(19, 114, 211)","hsl":{"h":210,"s":0.83,"l":0.45}}},"gradients":[]}}]}__CONFIG_colors_palette__
__CONFIG_colors_palette__{"active_palette":0,"config":{"colors":{"89b00":{"name":"Main Accent","parent":-1},"f4f63":{"name":"Accent Dark","parent":"89b00","lock":{"saturation":1}}},"gradients":[]},"palettes":[{"name":"Default","value":{"colors":{"89b00":{"val":"var(--tcb-skin-color-0)"},"f4f63":{"val":"rgb(28, 40, 49)","hsl_parent_dependency":{"h":206,"l":0.15,"s":0.27}}},"gradients":[]},"original":{"colors":{"89b00":{"val":"rgb(19, 114, 211)","hsl":{"h":210,"s":0.83,"l":0.45,"a":1}},"f4f63":{"val":"rgb(12, 17, 21)","hsl_parent_dependency":{"h":206,"s":0.27,"l":0.06,"a":1}}},"gradients":[]}}]}__CONFIG_colors_palette__
« ARTÍCULO ANTERIOR
__CONFIG_colors_palette__{"active_palette":0,"config":{"colors":{"89b00":{"name":"Main Accent","parent":-1},"f4f63":{"name":"Accent Dark","parent":"89b00","lock":{"saturation":1}}},"gradients":[]},"palettes":[{"name":"Default","value":{"colors":{"89b00":{"val":"var(--tcb-skin-color-0)"},"f4f63":{"val":"rgb(28, 40, 49)","hsl_parent_dependency":{"h":206,"l":0.15,"s":0.27}}},"gradients":[]},"original":{"colors":{"89b00":{"val":"rgb(19, 114, 211)","hsl":{"h":210,"s":0.83,"l":0.45,"a":1}},"f4f63":{"val":"rgb(12, 17, 21)","hsl_parent_dependency":{"h":206,"s":0.27,"l":0.06,"a":1}}},"gradients":[]}}]}__CONFIG_colors_palette__
SIGUIENTE ARTÍCULO »

Otros artículos:

{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}
>
 
Gracias por compartir este contenido.
Puedes seguirnos en las redes para estar al tanto con los próximos artículos:
Comparte esto con quien quieras