Cómo construir la voz del narrador

Hace un par de semanas hablamos del narrador. Entonces ya subrayamos su importancia (lo hemos hecho otras veces) y al hablar de tres de los aspectos que se deben tener en cuenta a la hora de trabajar el narrador, quedó claro que elegir la voz que contará la historia no es tan sencillo como elegir entre la primera y la tercera persona.

Para seguir profundizando en tan interesante tema, hoy vamos a repasar algunas ideas acerca de cómo construir la voz del narrador.

La voz del narrador

Hablamos de voz, pero en realidad el narrador no suena (con permiso de los audiolibros). Al utilizar el concepto «voz», en realidad nos referimos a una manera de usar el lenguaje que está, como siempre lo está el lenguaje, estrechamente ligada con la personalidad de quien lo usa.

Eso significa que igual que creas una personalidad para tus personajes, también deberías crear una para tu narrador.

Cuando el narrador es un narrador en primera y coincide con un personaje, es sencillo: su personalidad coincidirá, más o menos, con la de ese personaje. Puede no ser exactamente igual, porque quizá el narrador está contando desde su madurez hechos que sucedieron en su juventud, pero será muy semejante.

Pero cuando el narrador es un narrador en tercera, debemos pensar algunos rasgos para darle un prisma desde el que narrar: ¿es objetivo?, ¿es cínico?, ¿es irónico?, ¿es nostálgico?, ¿es tremendista?… No es necesario que desarrollemos una personalidad compleja para el narrador, como lo haremos con el protagonista, pero sí es necesario que pensemos cuál será su aspecto epistémico. Por otra parte, al contrario que el protagonista, no es lo normal que el narrador evolucione a lo largo de la historia (aunque podría hacerlo).

Con esto claro, repasemos algunas ideas que nos pueden ayudar a construir la voz del narrador.

1. El lenguaje

Si el narrador es un ser hecho de palabras, el lenguaje que usa es el puntal básico para construirlo.

Hemos dicho que incluso cuando el narrador no está involucrado en la historia, cuando no es un personaje, el aspecto epistémico del narrador viene a crear una especie de filtro a través del cual viene a narrar la historia. Ese filtro contribuirá en gran medida a dar el tono y a crear la atmósfera de la narración.

El modo en que usamos el lenguaje es definitorio. Wittgenstein decía: «El límite de nuestro pensamiento es el límite de nuestro lenguaje»: no podemos pensar en aquello que no sabemos nombrar. Si tu narrador es un personaje, las acciones que lleve a cabo contribuirán a caracterizarlo, serán otra forma de que el lector le conozca. Pero si eliges un narrador en tercera solo las palabras que use y cómo las use le estarán contando al lector cosas sobre el narrador.  

Desde luego hay narradores neutros, presuntamente objetivos (o realmente objetivos). Pero la narrativa moderna con frecuencia construye narradores que son una personalidad en sí mismos. Una personalidad construida con palabras y un tono.

2. Los intereses del narrador

Los intereses del narrador afloran (una vez más, mediante el lenguaje) y nos ayudan a saber más sobre él.

En El atlas de las nubes, de David Mitchell, el narrador de un segmento de la novela es Robert Frobisher, un joven músico que encuentra trabajo como copista para un famoso compositor. Por lo tanto, no es de extrañar que su lenguaje refleje su interés por la música, su formación y, en definitiva, su manera de estar en el mundo: la de un músico. Como es este fragmento:

Sixmith:

Alabado sea el bendito Rufus, santo patrón de los compositores necesitados, gloria a él en las alturas, amén. Tu giro me ha llegado sano y salvo esta mañana, les he dicho a mis anfitriones que era de mi querido tío, que se había olvidado de mi cumpleaños. La señora Crommelynck dice que hay un banco en Brujas que me lo cambia en el acto. Compondré un motete en tu honor y te devolveré el dinero en cuanto pueda.

En este fragmento vemos como el narrador invoca al patrón de los compositores y promete al amigo que le ha prestado dinero componer un motete en su honor.

Frobisher es un narrador en primera, pero también un narrador en tercera puede tener intereses. Ese es el caso de muchos narradores decimonónicos, que buscaban trasladarle al lector una determinada visión del mundo, de lo que está bien y de lo que está mal.

3. La idiosincrasia del personaje

Está claro que la idiosincrasia del personaje, su carácter y personalidad, empapan la narración cuando es el propio personaje quien cuenta, actuando como narrador en primera. Pero también puede hacerlo si nos decantamos por un narrador en tercera focalizado.

El narrador focalizado narra en tercera, pero filtra la narración a través de la forma de ser del personaje en el que focaliza. Si te interesa conocer más sobre los distintos tipos de narrador, no te pierdas el Curso de Novela. En él lo aprenderás todo sobre el narrador, pero también sobre la estructura, los diálogos, las descripciones, el tiempo del relato, etc.

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Como el narrador focalizado filtra la historia a través de la forma de ser del personaje, esa personalidad empapa la narración. Lo vemos con un par de ejemplos tomados de la novela El nombre del mundo es bosque, de Ursula K. Le Guin. En ella se narra la colonización por parte del hombre de Athshe, un planeta cubierto casi en su totalidad por extensos bosques, en los que viven unos seres inteligentes en perfecta comunión con la naturaleza. Le Guin focaliza en tres de sus personajes: el capitán Davidson, que dirige una explotación maderera; el capitán Raj Lyubov, antropólogo que estudia a los athshianos: y Selver uno de los habitantes del planeta.

Este fragmento corresponde a un capítulo focalizado en el capitán Davidson:

Dos imágenes de la víspera persistían aun en la mente del capitán Davidson cuando despertó, y durante un rato permaneció acostado en la oscuridad, contemplándolas. Una positiva: el nuevo cargamento de mujeres había llegado. Créanlo o no. Ya estaban aquí, en Centralville, a veintisiete años luz de la Tierra por NAFAL y a cuatro horas por helicóptero de Campamento Smith, la segunda camada de hembras de cría para Colonia Nueva Tahití, todas sanas y aptas, doscientas doce cabezas de ganado humano de primerísima selección. O suficientemente primerísima, en todo caso. Una adversa: el informe de Isla Dump sobre el fracaso de las cosechas, la erosión incesante, el diluvio. La hilera de doscientas doce figuritas exuberantes, retozonas y apetecibles se esfumó de la mente de Davidson, desplazada por la visión del agua que caía en torrentes sobre los campos arados, azotando la tierra hasta convertirla en lodo, diluyendo el lodo en un caldo rojizo que corría por entre las rocas y se volcaba en un mar batido por la lluvia.

Y este otro a un fragmento focalizado en Selver:

Hojas y ramas, troncos y raíces —lo umbrío, lo complejo— invadían el viento, el agua, la luz del sol, la luz de las estrellas. Debajo de las ramas, alrededor de los troncos y sobre las raíces corrían senderos pequeños, ninguno en línea recta, todos se desviaban ante un mínimo obstáculo, tortuosos como nervios. El suelo no era seco y compacto sino húmedo y esponjoso, producto de la colaboración de los seres vivos y la lenta, la morosa muerte de las hojas y los árboles; y en aquel fértil cementerio crecían árboles de treinta metros de altura, y hongos diminutos que brotaban en círculos de un centímetro de diámetro. Había un olor en el aire, sutil, variado y dulzón. El campo visual nunca era demasiado amplio, a menos que, espiando a través del ramaje, alguien alcanzara a divisar las estrellas. Nada era puro, seco, árido, llano. La Revelación no se conocía allí. Abarcarlo todo de una sola mirada era un imposible: ninguna certeza. Las tonalidades del moho y el crepúsculo seguían cambiando en las ramas colgantes de los sauces, y nadie habría podido decir si el color de las hojas era bermejo o verderrojizo o verde.

Selver subía por un sendero a la orilla del agua; avanzaba lentamente y tropezaba a menudo con las raíces de los sauces. Vio a un anciano que soñaba, y se detuvo. El anciano lo miró a través de las largas hojas de los sauces y lo vio en sus sueños.

Fíjate en la distinta perspectiva que implica cada uno de estos fragmentos. Aunque ambos están narrados en tercera persona, el de Davidson arroja una mirada muy diferente sobre el entorno. Las mujeres recién llegadas al planeta son para él «cabezas de ganado humano» y la tierra un enorme campo de cultivo que explotar. Como siempre, es el lenguaje el encargado de reflejar esas miradas diferentes.

4. Evolución

Está claro que un personaje bien construido evoluciona a lo largo de la novela. Los hechos que viven le afectan y lo van cambiando. Cuando el protagonista es también narrador de su propia historia (narrador en primera), esa evolución se puede reflejar también en el modo en que cuenta. Su modo de narrar puede trasladar que, a medida que avanza la historia, tiene una mayor madurez, o puede mostrar un paulatino desencanto o resignación o inconformidad…

Pero también un narrador en tercera puede mostrar, mediante el lenguaje, la evolución del personaje. Un buen ejemplo lo encontramos en Retrato del artista adolescente, de James Joyce. En esta novela de iniciación, Joyce comienza el primer capítulo usando un lenguaje infantil para reflejar que el protagonista es un niño:

Allá en otros tiempos (y bien buenos tiempos que eran), había una vez una vaquita (¡mu!) que iba por un caminito. Y esta vaquita que iba por un caminito se encontró un niñín muy guapín, al cual le llamaban el nene de la casa…

Aunque quien narra no es Stephen, el protagonista, la narración imita un lenguaje infantil (o al menos el lenguaje con el que en ocasiones los adultos hablamos a los niños), plagado de diminutivos: niñín, vaquita, caminito y con esa expresiva onomatopeya: ¡mu!

Pero a medida que la historia evoluciona y Stephen crece, la complejidad del lenguaje aumenta.

Como ves, prestar atención a los detalles de la narración, ir más allá de decidir usar una primera o una tercera persona, presente o pasado, es la manera de insuflar carácter a tus narradores (incluso si no son narradores en primera) y crear voces memorables.

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CATEGORÍAS: Escritura Creativa

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  • Esto sí que ha sido difícil, me ha tomado ratos. La verdad, le prestó atención, no quiero un narrador empalagoso, pesado. Tantear es rico! Me encanta! Cómo dijo Rosa, hay que hacerlo.
    Es decir, creo que todavía lo estoy tanteando.
    Por suerte una novela se hace lento, así vas viendo! Y lo que me suene – tono – por ahí le daré!
    No creo que el mío evolucione, es porción de la sorpresa final, y descubrirlo es el top!
    Eso me propongo!
    Gracias y abrazo!

  • Un artículo magnífico! Y muy interesante también.
    Estoy de acuerdo con vosotros: siempre me ha parecido que la elección del narrador es clave a la hora de contar una historia.
    A mi, en general, el narrador se me aparece casi al mismo tiempo que la historia… aunque eso no quiere decir que no pruebe otros diferentes antes de contarla.
    Gracias de nuevo por vuestro artículo.

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