La nueva era de la autopublicación

Cada vez más la autopublicación se está convirtiendo en una forma aceptable para los escritores de compartir su trabajo con los lectores. Pero hasta hace no mucho, la autopublicación era considerada como una última opción para aquellos autores que habían sido rechazados por las editoriales. De hecho, los escritores todavía suelen recurrir a la autopublicación sólo después de haber fracasado en su intento de vender su obra a un editor o conseguir un agente. Por esta razón, los libros autopublicados están marcados por un estigma negativo, que sólo ahora está siendo erradicado.

Como la mayoría de los libros autopublicados lo eran porque no habían logrado pasar los filtros que impone la industria editorial, eran considerados como universalmente indignos. Y en muchos casos, lo eran. Los editores y agentes, que conocen su oficio, no apuestan por libros de mala calidad porque esos títulos tienen menos posibilidades de interesar a los lectores (y por lo tanto de venderse).

Pero eso no significa que todos los libros o los escritores rechazados no sean buenos. En el fondo solo significa que esos escritores no lograron conseguir un contrato de edición. De hecho, algunos de los escritores más notables del canon literario autopublicaron sus primeras obras: Walt Whitman, Emily Dickinson, Jane Austen, William Blake, Benjamin Franklin, Edgar Allan Poe, Gertrude Stein o Mark Twain.

La verdad tras los rechazos de las editoriales

Lo cierto es que muchos títulos que acabaron por convertirse en grandes éxitos fueron rechazados inicialmente. Lolita fue considerado «abrumadoramente nauseabunda»; Juan Salvador Gaviota era «ridículo»; Rebelión en la granja, de George Orwell, fue rechazado nada menos que por TS Elliott, quien dijo «No tenemos el convencimiento de que este sea el punto de vista correcto desde el que criticar la situación política actual»; El diario de Ana Frank fue rechazado dieciséis veces; Harry Potter y la Piedra Filosofal lo fue ocho.

Todos estos casos de rechazo deben recordarnos que editores y agentes literarios son humanos y, como tales, pueden equivocarse. Si nos detenemos a pensar en el trabajo que realizan los editores, es fácil entender por qué tantos grandes libros llegan a pasar desapercibidos. Editores y agentes leen ingentes cantidades de obras literarias y cuando lo hacen puede ser que estén cansados, hambrientos o estresados. Puede que no estén de acuerdo con la tesis que defiende la novela. Tal vez acaban de leer otros tres libros con historias similares. O puede que la historia le haya encantado, pero que no encaje con su línea editorial.

El hecho es que sólo porque un libro sea rechazado cinco, diez, cien veces no quiere decir que sea malo o que no pueda tener éxito.

Sin embargo, es imposible negar que muchos libros son rechazados porque verdaderamente no son buenos. Pero, si es honesto, antes de pensar en entregar su trabajo a los lectores, el escritor debe evaluar si su libro merece realmente la atención del público.

La nueva era de la autoedición

Las nuevas tecnologías han venido a allanar el camino de la autopublicación. El formato electrónico permite editar y distribuir un libro con relativa facilidad. Las redes sociales son una potente herramienta de promoción. Así las cosas, la nueva era de la auto-publicación era inevitable.

Antes, la autopublicación requería una considerable inversión. Había que contratar una imprenta y pagar la tirada de los ejemplares. Después era el turno de tratar de vender los libros para poder recuperar así la inversión inicial. Ahora, con la impresión bajo demanda, el escritor puede ir solicitando a la imprenta solo aquellos ejemplares que ya tiene comprometidos; sin necesidad de imprimir un determinado número por adelantando, lo que elimina además los gastos de almacenaje. Y con el libro electrónico, puede colgar su libro en diferentes plataformas, donde tiene la seguridad de que el público lector lo encontrará.

Además, hoy el autor que desea autopublicarse puede realizar él mismo todo el proceso de edición; o si opta por contratar los servicios de profesionales que se encarguen de la revisión del texto, el diseño de la portada o la difusión en medios (y en este artículo explicamos por qué es conveniente contratar ayuda profesional), puede controlar de forma personal todo el proceso.

Con tan ventajosas condiciones no es sorprendente el boom de la autopublicación que está teniendo lugar y que cada vez más autores, incluso aquellos ya reconocidos y publicados por la edición tradicional, se estén pasando a ella.

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