febrero 3

La crítica literaria según George Orwell

Crítica literaria

0  comments

[…] “Si usted es capaz de leer este libro sin dar alaridos de placer, es que su alma está muerta”. Eso mismo, o algo muy parecido, es lo que ahora se escribe acerca de todas y cada una de las novelas que se publican […] Las novelas nos caen encima a un ritmo de unas quince cada día, y cada una de ellas es una inolvidable obra maestra: perdérnosla es poner en peligro nuestras almas. […] Cuando todas las novelas que se publican son presentadas como obras geniales, es más que natural dar por sentado que todas ellas son paparruchas.

[…]Todo esto es obvio. No me parece tan obvio el modo en que ha surgido la situación en que nos encontramos. Z escribe un libro que publica Y, y que reseña X en el Semanario W. Si la reseña es negativa, Y retirará el anuncio que ha incluido, por lo cual X tiene que calificar la novela de “obra maestra inolvidable” si no quiere que lo despidan. En esencia esta es la situación, y la reseña de novelas o la crítica de novelas, si se quiere, se ha hundido a la profundidad a la que hoy se encuentra sobre todo porque los críticos sin excepción tienen a un editor o a varios apretándoles las tuercas por persona interpuesta.

Un periódico recibe la consabida pila semanal de libros, de los que recibe una docena a X, el reseñador a destajo […] Hay dos razones por las cuales a X le resulta totalmente imposible decir la verdad acerca del libro que recibe. Para empezar, lo más probables es que once de cada doce libros no consigan prender en él ni la más mínima chispa de interés. No serán más que consabidamente malos, meramente neutros, inertes, sin demasiado sentido. Si no se le pagase por hacerlo, jamás leería ni un solo párrafo de esos libros, y prácticamente en todos esos casos la única reseña verdadera y fiel a la realidad que podría escribir sería más bien esta. “Este libro no me inspira pensamientos de ninguna clase”. ¿Le pagaría alguien por escribir una cosa así? Obviamente, no. De entrada, por tanto, X se encuentra en la falsa posición de tener que producir, de entrada, trescientas palabras acerca de un libro que para él no ha significado nada. Por lo común lo hace mediante un breve resumen de la trama (lo cual, a la sazón, ante el autor le delata: pone de manifiesto que no ha leído el libro) y unos cuantos halagos de cortesía, que a pesar de su empalago o exageración tienen el mismo valor que la sonrisa de una prostituta.

Pero hay un mal mucho peor que este. De X se diga no sólo de qué trata el libro, sino también que pronuncie su opinión y dictamine si es bueno o malo. Dado que X puede sostener una pluma con la mano, probablemente no es tonto, o no tan tonto como para imaginar que La ninfa constante sea la tragedia más sensacional que jamás se haya escrito. Muy probablemente, su novelista preferido, si es que las novelas le importan, sea Stendhal, o Dickens, o Jane Austen, o D. H. Lawrence, o Dostoievski, o, en cualquier caso, alguien inconmensurablemente mejor que cualquiera de los novelistas contemporáneos del montón. Tiene que empezar, de entrada, por rebajar de un modo abismal sus propios criterios. […]Aplicar un criterio decente a las novelas ordinarias, del montón, es como ponerse a pesar una mosca en una báscula de muelles preparada para pesar elefantes. En semejante báscula, sencillamente no se registra el peso de las moscas; hay que empezar por construir otra báscula que sirva para poner de relieve que existen moscas grandes y moscas chicas. Y esto es aproximadamente lo que hace X. […] Esto significa rebajar su criterio a una profundidad a la que, digamos, El vuelo del águila, de Ethel M. Dell, pase por ser un libro bastante bueno. Pero en una escala de valores en la que El vuelo del águila pasa por ser un libro bastante bueno, La ninfa constante será un libro soberbio.

Así pues durante mucho tiempo seguirán haciéndose y publicándose textos promocionales y reseñas muy similares, y seguirán yendo a peor: el único remedio consiste en ingeniar algún modo de que no se les preste atención y no se les tenga el menor respeto. Pero esto solo podría suceder si en alguna parte alguien hiciera una crítica decente que sirviera como punto de comparación para todas las reseñas de medio pelo. Dicho de otro modo, existe la necesidad de un periódico (uno solo sería suficiente para empezar) que se especialice en la crítica de novelas, pero que se niegue a publicar paparruchas de ninguna clase, es decir, un periódico en el que los críticos, o reseñadores, lo sean de verdad, en vez de ser meros muñecos de ventrílocuo que baten la mandíbula cuando el editor tira de los hilos correspondientes.

Extracto de En defensa de la novela, de George Orwell


Tags

curso de crítica literaria, curso de lectura crítica, curso de novela, escribir reseñas, George Orwell


You may also like

Cuatro claves para no abandonar NaNoWriMo

Qué es NaNoWriMo y cómo participar

{"email":"Email address invalid","url":"Website address invalid","required":"Required field missing"}

Use this Bottom Section to Promote Your Offer

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit, sed do eiusmod tempor incididunt ut labore et dolore magna aliqua. Ut enim ad minim 

>
 
Gracias por compartir este contenido.
Puedes seguirnos en las redes para estar al tanto con los próximos artículos:
Comparte esto con quien quieras