Decálogo de Elvira Navarro para escribir una novela

La escritora Elvira Navarro nos señala algunas trampas en las que no debemos caer a la hora de escribir y las ha recopilado en forma de un decálogo para escribir una novela.

Primera trampa: si quieres escribir una novela, ensaya primero con el cuento

Muchos novelistas jamás han sido cuentistas (lo que a su vez desbarata otro tópico: que escribir cuentos es más fácil que escribir novelas). Además, el cuento y la novela son universos distintos, con lógicas a veces antagónicas. Meterlos en el mismo saco nos condena a que las novelas sean cuentos alargados y a que los cuentos sean novelas comprimidas.

Segunda trampa: las novelas (la literatura) no ofrece respuestas, tan sólo plantea preguntas

Como cualquier otra forma de ficción, la mayor parte de las novelas tienen su razón de ser en conflictos, y está en su naturaleza el recorrerlos de forma más o menos exhaustiva. El narrador y los personajes afrontan dilemas éticos ante los que ensayan respuestas que dan pie a no pocas decisiones y digresiones. […] ¿Cómo negar que ahí no hay respuestas, aunque no sean definitivas? ¿Qué es pensar, sino moverse entre tentativas de respuesta? ¿Y cómo dialogamos los lectores con un libro, sino confrontando nuestras respuestas a las suyas?

Tercera trampa: el escritor siempre sabe hacia dónde va. No empieces a escribir hasta que no lo tengas todo planeado

El escritor a veces sabe hacia dónde va, y otras no tiene más que intuiciones vagas.

Cuarta trampa: piensa bien el tono y el punto de vista

Mientras caminas no te paras a reflexionar qué pierna debes adelantar. El tono y el punto de vista son las piernas de una narración: cuando ésta arranca, ya están dados. De lo contrario, no arrancaría. No quiero decir que las ficciones se desarrollen sin que el autor decida nada, pero sí  que éstas no suelen presentarse como meras abstracciones. Lo habitual es empezar porque se tiene algo escrito, quizás nimio, pero emitido desde un lugar y con una intención que son su razón de ser.

Quinta trampa: hay que pensar en el lector

No existe un lector, sino muchos tipos de lectores con gustos e ideas contrapuestas sobre lo literario. Por otra parte, estar pensando en un tipo determinado de lector, o en varios, para gustarles o disgustarles conduce a castrar lo que se escribe.

Sexta trampa: no hay que pensar en el lector

El escritor posee unas ideas sobre lo literario. Estas ideas no son sólo suyas. Lo que es suyo son los caminos que lo han llevado a escoger esas ideas. Dichos caminos tienen forma de libros, de escritores a los que se sigue, de amigos con los que se habla. Puesto que el escritor no puede obviar las ideas que ha tomado como propias (o con las que se debate), y que éstas tienen las caras de esos amigos con los que discute o de esos escritores a los que admira o detesta, no podrá evitar la impresión de que no está solo en su cuarto cuando escribe. No podrá, en suma, no pensar en ciertos lectores.

Séptima trampa: el narrador debe intervenir lo menos posible a la hora de abordar a los personajes. Estos deben presentarse solos

Esta indicación es apropiada para un tipo de relato de carácter escénico, pero ahí debemos pararnos, o de lo contrario evidenciaremos lo poco y mal que hemos leído.

Octava trampa: las descripciones no son necesarias porque ya existe la fotografía, la televisión e Internet

Últimamente se tiende a decir que las descripciones tenían sentido cuando no podíamos verlo «todo» en Internet o en la tele. El argumento olvida que las descripciones no son un atrezo meramente visual trasladado de la realidad al libro. Amén de que las ficciones no son la realidad, las descripciones están emitidas con un tono que genera una atmósfera: en este aire emocional el libro respira. No conozco libros sin aire. En las descripciones se están vertiendo gustos, pensamientos, sentimientos; a través de ellas sabemos más del personaje o del narrador, el cual selecciona qué y de qué modo nos devuelve ese paisaje que no es una imagen aunque la convoque, sino que está hecho de palabras, de intenciones, de fabulaciones.

Novena trampa: si se quiere ser actual no hay que hacer tramas con planteamiento, nudo y desenlace

En Ventajas de viajar en tren, Antonio Orejudo dice que, puesto que ya sabemos que la linealidad es un invento de las ficciones, deberíamos poder usarla sin complejos.

Décima trampa: hay que innovar

No es que esté en contra, pero recordemos que Kafka luchaba por que su escritura se amoldase a la convención. La innovación es a menudo un efecto colateral que surge de buscar soluciones narrativas a problemas o incapacidades del autor, y cuando se logra a veces ni el propio autor es consciente de su conquista. Antes de morir, Kafka le pidió a Max Brod que destruyera sus escritos, a los que no atribuía valor.

Fuente: http://blogs.elconfidencial.com/cultura/tribuna-de-expertos/2013-12-29/decalogo-de-elvira-navarro-para-escribir-una-novela-sin-trampas_67825/


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