El peligro del entusiasmo en la crítica literaria

Tradicionalmente se ha señalado a la crítica literaria como culpable de deberse a favoritismos y amiguismos derivados de la vida social (e incluso laboral) del crítico. Se da por sentado que el crítico hará recensiones positivas de aquellas obras escritas por amigos, por autores publicados en la misma editorial (si además de crítico es escritor) o de libros publicados por el grupo editorial al que pertenece la revista en que publica.

Por supuesto, esto no es cierto en muchas ocasiones pero, aun así, los lectores han recibido con agradecimiento el nacimiento de una nueva crítica, desarrollada parece que de manera más independiente, en internet. Esta crítica en la red no solo ha dado voz al lector, democratizando las opiniones, sino que además se la supone más imparcial, ajena a la endogamia del medio literario.

Sin embargo, parece que hay una epidemia de amabilidad en la blogosfera literaria.

Debido a la proliferación de blogs literarios y al enorme seguimiento de las redes sociales, la mayoría de escritores (noveles o no) cuentan con páginas y perfiles a través de los cuales se relacionan con sus seguidores tanto como con otros autores, críticos o periodistas de medios online. Mientras que antes autores y críticos tenían un rol profesional en los medios impresos separado de su vida personal, ahora esas barreras han caído.

Por otra parte, las fuerzas centrífugas de los medios sociales llenos de retweets, “Me gusta”, favoritos, así como la autoconciencia que acompaña a cada aseveración pública, hacen que cualquier crítica destaque mucho. No compartir la opinión generalizada puede parecer extraño y marcar a una persona como desagradable o, lo que es peor, hacerla perder seguidores. Y ese es el motivo por el que el mundo literario, ya de por sí endogámico, parece haberse convertido en la red en una fiesta de elogios y de simpatías.

A medida que las revistas y los suplementos literarios han ido desapareciendo o menguando, la crítica literaria en internet ha ido ocupando, casi siempre de manera solvente, el lugar que los anteriores dejaban vacante. Sin embargo, la atomización del periodismo literario —y el consecuente problema de que el crítico pueda ser pagado por el editor o el autor— son problemas acuciantes. Y los críticos pueden caer en la tentación de responder a ellos escribiendo críticas siempre positivas, pensando que así ganarán más apoyos y lectores, en lugar de críticas razonadas aunque (en ocasiones) discordantes.

La labor de un crítico no es meramente recomendar libros. Sin embargo, la crítica literaria en internet parece tender a convertirse en eso, en gran parte gracias a ese prurito de ser obsequioso propio de las redes sociales. A diferencia de las listas de “los más vendidos” que se elaboran mediante algoritmos, los críticos deben ser profesionales con opiniones bien fundamentadas. Deben ser escépticos, incluso combativos, para que las críticas positivas cuenten más cuando sean bien merecidas.

En su lugar, la amabilidad empalagosa y el entusiasmo ciego pueden llegar a ser los sentimientos dominantes. Como reflejo de la cultura que nos rodea, la crítica mordaz se ha convertido en sinónimo de delito. El crítico es acusado de tener algo personal en contra del autor si escribe una reseña negativa.

Internet y las redes sociales forman la superestructura del mundo literario de hoy. Los espacios independientes están desapareciendo, por lo que este es el lugar donde nos congregamos. En ellas circulan los enlaces, se intercambian recomendaciones, se difunden noticias y se hacen contactos y amistades. Es también el lugar donde todo el mundo se vende a sí mismo y donde el debate y la disidencia son fácilmente apagados. La afirmación es el gesto habitual de Internet.

Sin embargo, una mejor cultura literaria sería aquella que no fuera tan dependiente de la estima personal y el refuerzo mutuo. En ella, el desacuerdo no sería visto como peligroso. No habría tantas ganas de caer bien por encima de todo. Y, sobre todo, se tolerarían las opiniones punzantes y críticas porque ellas hacen que nuestra cultura sea más interesante, que madure, crezca y mejore.

  • […] por su profesión o por su capacidad de lectura crítica. Tal como nos cuentan desde Sinjania en “El peligro del entusiasmo en la crítica literaria”, quien critica una obra o hace una reseña puede caer en dos vicios: el entusiasmo ciego y la […]

  • Locke dice:

    Es algo dolorosamente repulsivo de ver… La cordialidad entre escritores es bastante falsa en estos dias de foros y blogs de autores Noveles…

    Los comentarios a blogs de “autores populares” en la blogosfera estan plagados de “me gusta”, “me encanto”, “sigue asi”.. Lo cual solo refuerza a los malos escritores y evita que mejoren. ¡Plagando internet de malos escritos y lentas desiluciones de quienes creen ser buenos!

    Es doloroso ver que quienes tengan potencial se rindan ante esto.

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