Cómo crear personajes inolvidables

El pasado septiembre tuvimos un encuentro gratuito de preguntas y respuestas, de los que ya hemos celebrado varios (y habrá uno el próximo 17 de febrero, si quieres participar puedes unirte siguiendo este enlace). Dada la mucha participación que hubo en el encuentro, no hubo ocasión para contestar a todos los participantes que expresaron su deseo de plantear sus preguntas, por lo que algunas de ellas fueron contestadas más tarde, por correo electrónico. Ese es el caso de la que formuló Emilia, una de los participantes en el encuentro. La pregunta de Emilia resultó ser una de esas cuestiones que todo escritor se ha hecho en alguna ocasión: ¿cómo hacer para crear personajes inolvidables? Como esa duda plantea diversas cuestiones que pueden resultar esclarecedoras, hoy traemos la respuesta que en su momento le dimos, corregida y aumentada.

Personajes inolvidables

Comencemos por conocer la pregunta exacta:

¿Cómo hago para crear personajes inolvidables, de esos que recordamos siempre? Porque si bien puedo recurrir a características generales para crearlos (tímido, gracioso, serio, etc.), las personas tenemos muchos matices y contradicciones, por lo que los adjetivos no me funcionan del todo. También dudo, ¿cómo sé cuándo vale la pena usar contradicciones en mis personajes? Porque tampoco quiero exagerar con ese recurso.

Para avanzar en la respuesta a esa pregunta lo primero que hay que desentrañar es qué consideramos un personaje inolvidable. Y para resolver esa cuestión hay que hacer primero una puntualización: quienes más se fijan en los personajes y esperan de ellos que sean «inolvidables» son los lectores no literarios.

Seguramente ya nos has oído hablar de la división que muchos autores establecen dentro de la gran familia de los lectores. C. S. Lewis separa a los lectores en dos clases: los lectores literarios y los lectores no literarios; Umberto Eco habla de la existencia de un «lector modelo»; y Vladimir Nabokov distingue, entre la masa de los lectores, a los que en su Curso de literatura rusa denomina «lectores de talento», de los que dice:

Su actitud ante una obra narrativa no se rige por esas emociones juveniles que llevan al lector mediocre a identificarse con tal o cual personaje y «saltarse las descripciones». El buen lector, el lector admirable, no se identifica con el chico ni con la chica del libro, sino con la mente que ideó y compuso ese libro.

Es importante quedarse con esa última idea: los buenos lectores no buscan tanto identificarse con los personajes como con la mente que compone la obra. Porque el buen lector no admira únicamente a los personajes, que son solo una de las piezas del texto literario, sino al escritor capaz de idear y montar una obra en la que diferentes y complejos engranajes actúan al compás y crean un todo que es más que la suma de sus partes.

De modo que, sin duda, los personajes son importantes. Pero solo si el resto de las piezas de la obra también funciona la obra convencerá a ese lector modelo que es un lector de primer nivel.

De acuerdo con esto, podríamos decir entonces que un «personaje inolvidable» no es meramente aquel que tiene unas determinadas características, sino aquel cuyas características son las apropiadas para dar vida al conflicto y llevar adelante la historia.

En palabras de E. M. Forster:

En la novela existen dos fuerzas —los seres humanos, por un lado, y luego un conjunto de elementos diversos que no son seres humanos— que al novelista corresponde equilibrar, conciliando sus pretensiones.

Aspectos de la novela, E. M. Forster

Hay varias maneras en que una historia y su personaje pueden surgir: a veces vemos clara la historia (el argumento) y de dentro de ella acaba por salir el personaje; otras veces tenemos claro el personaje, y es la historia la que va surgiendo en torno a él; y también puede ser que historia y personaje nazcan de la mano. En cualquiera de los casos, una vez que tenemos ese germen de personaje tenemos que seguir reflexionando sobre él. Y esa reflexión no es un trabajo de unas pocas horas, sino un trabajo que requiere dedicación, tiempo, concentración y constancia.

Por otra parte, esa reflexión no debe hacerse «en el vacío», decidiendo características para nuestro personaje al albur o según nos gustaría a nosotros que fuera el personaje, sino que tenemos que pensar siempre en el conflicto al que este se enfrentará. El conflicto es uno esos elementos diversos, que no son seres humanos, que al novelista corresponde equilibrar, volviendo sobre las palabras de Forster.

Las callejuelas de la naturaleza humana

El conflicto es un elemento vital en narrativa, es el motor de la historia, y lo es en cuanto que es lo que pone en movimiento al personaje y, a la postre, lo obliga a cambiar, a recorrer su arco dramático. Así, hemos de tener claro el conflicto y, con él en mente, pensar quién es nuestro personaje. ¿Qué tipo de persona es para que esa situación determinada que expone la historia sea un conflicto para él?, ¿cómo reaccionará a dicha situación?, ¿qué tiene que aprender o cómo tiene que cambiar?

Emilia apuntaba que se podría «recurrir a características generales para crearlos (tímido, gracioso, serio, etc.), las personas tenemos muchos matices y contradicciones, por lo que los adjetivos no me funcionan del todo». Pero la cuestión es que esas características generales no pueden ser escogidas arbitrariamente, sino siempre en relación con el conflicto. Y son justamente los «matices y contradicciones» que caracterizan a cada ser humano como ente individuado los que hacen que el personaje respire vida. Pero dependerá de la capacidad de observación del escritor, de la agudeza de la mirada que este lanza sobre el mundo (de la que también hemos hablado ya) su aptitud para retratar lo que Galdós llamaba «las callejuelas de la naturaleza humana» que, según ese admirado genio, el escritor debe conocer tan bien como los rincones de su casa.

Lo que entronca con la segunda parte de la pregunta de Emilia: «También dudo, ¿cómo sé cuándo vale la pena usar contradicciones en mis personajes?». Si el escritor conoce los vericuetos del alma humana como los rincones de su propia casa, comprenderá bien en qué momento conviene que sus personajes tengan alguna contradicción. Lo comprende porque piensa una y otra vez, no deja de ahondar, en qué tipo de persona es aquella para la que aquello que sucede supone un conflicto, y en cómo reaccionaría dicha persona a ese conflicto; al tiempo, tiene que razonar sobre qué características debe tener el personaje para contribuir a exponer el conflicto en toda su magnitud, con toda su riqueza de matices. Porque no hay que perder de vista que personaje y conflicto se relacionan de manera íntima y, en la fase de ideación, se retroalimentan, como explicaremos enseguida.

Personaje, conflicto y desenlace

Todavía hay más preguntas que deberíamos hacernos. En este caso, atendiendo al desenlace de nuestra historia: ¿en qué posición dejaremos a nuestro personaje?, ¿y cómo habrá transitado desde el principio hasta ese final?

Como sabemos, el personaje transita, a lo largo de la narración, por su arco dramático y, de resultas de ello, cambia. Cuando llega el final de la historia, el personaje no es exactamente igual a como lo era al comienzo. Ahora bien, es importante tener claro que ese cambio no tiene que ser necesariamente para mejor, el personaje puede experimentar igualmente una evolución negativa.

En cualquier caso, cambie para mejor o cambie para peor, la posición en que decidamos que vamos a dejarle (de nuevo, esa es una decisión que toma el escritor) iluminará aspectos de su carácter que nos interesa conocer y reflejar en el texto. De ese modo nos aseguraremos de que el personaje es consistente, pero también lo será el conjunto de la obra, pues las semillas del final (y de la posición en que queda el personaje) habrán sido plantadas a lo largo de la historia.

Para terminar, es importante tener presente que el personaje nos irá revelando cosas de la historia y, a su vez, la historia nos irá revelando cosas del personaje. Idealmente, el grueso de esas revelaciones sucede durante la fase de ideación y planificación. Por eso es importante dedicarle tiempo y atención a esa fase y no solventar la construcción del personaje por el procedimiento sencillo de completar unos pocos campos en una ficha. Hay mucho que reflexionar cuando se quieren escribir buenas historias y cuando se quieren crear personajes «inolvidables». Aunque, por supuesto, también durante la fase de escritura seguiremos descubriendo matices de nuestros personajes.

Y aunque hablamos de que el carácter de los personajes «se nos revela» o «lo descubrimos», en realidad no hay tales revelaciones o descubrimientos (o no en la mayoría de los casos), sino que la creación de un buen personaje es fruto de nuestra reflexión y de nuestras decisiones.

Todavía hay un apunte importante más que hacer: un personaje no se construye con adjetivos (tímido, gracioso, serio, etc.), sino con acciones y una conciencia. Aunque por supuesto podemos hacer que nuestro narrador describa al personaje y le dé al lector sus rasgos principales, lo importante es que el personaje actúe, sienta y piense conforme a como se ha dicho que es.

Y no debemos olvidar, como se ha dicho al comienzo, que el personaje es solo una pieza, todos los demás aspectos de la obra tienen que estar pensados y ejecutados con idéntica atención y cuidado.

Al tiempo, hemos de procurar, como escritores, no ser lectores rutinarios, de los que solo se fijan en los personajes y la acción, porque eso restará vitalidad, profundidad y literaturidad a nuestros propios textos.

P.S.: No olvides apuntarte para participar en el encuentro gratuito de preguntas y respuestas. Te queremos ver allí.

3 COMENTARIOS


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  • Si, es cierto. Escribes y pones los rasgos de muchas personas. Pero si el conflicto es reconocido – el de la ficción – con la realidad, te señalarán de haber sido «vengativa», asunto nada real. El que escribe está casado con su verdad.
    Los personajes son retazos de uno y otros, de qué te acusen vale un huevo.

  • Excelente escrito, Natalia. Muy interesante al punto de que me apunté para el encuentro que, en realidad, estaba un poco reacia a hacerlo pero hoy, me convencí. Tocas un punto en el que pienso bastante. Reviso los personajes «inolvidables» como en estos días Agnes, la protagonista de Hamnet.

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