Termina agosto, mes vacacional por excelencia. En la playa, junto a la piscina, a la sombra fresca de un árbol o tumbado al sol, espero que este mes te haya brindado ocasiones para leer y terminar algunos libros.
A mí agosto me deja las siguientes lecturas:
Retorno a Brideshead, de Evelyn Waugh. Una novela correcta, con mansión inglesa y familia aristocrática (¿alguien se sabe resistir a una novela con esos ingredientes?), pero en la que el tema religioso que toca —la presencia de la gracia divina en la vida de los personajes— no me parece trabajado con la nitidez que ese asunto pide.
Pantaleón y las visitadoras, de Mario Vargas Llosa, un libro que leí al menos un par de veces en mi cada vez más lejana juventud y que no es para nada lo que recordaba. Pero sí es una excelente y divertida novela donde Vargas Llosa hace un estupendo despliegue de técnica literaria, como es habitual en él: multiplicidad de voces sin un narrador «tradicional», diálogos telescópicos, estructura en collage, fragmentación espacio-temporal…
Espejo roto, de Mercè Rodoreda. Narra la vida de una familia a lo largo de varias generaciones, con sus trivialidades, pero también con sus oscuros secretos. Los temas del paso del tiempo y el recuerdo están trabajados, a mi juicio, con acierto: podemos percibir la nostalgia de los personajes por los días idos. El estilo es, sin embargo, algo descuidado y, como sucedía con Romanticismo, de Manuel Longares, mi impresión es que la multiplicidad de personajes y lo dilatado del periodo temporal que abarca restan vigor y definición a líneas argumentales y personajes. No obstante, hay momentos muy deleitosos como el monólogo interior del capítulo titulado «El camión de mudanzas», el notable uso del estilo indirecto libre de «El notario, muy viejo, sale de paseo» o el cambio de punto de vista y del registro en «Los hombres del camión de mudanzas».
Estas han sido mis lecturas del mes, ¿qué me dices de las tuyas? Puedes compartirlas en los comentarios aquí debajo.
¡Felices lecturas!
Hola. Si me descuido, se me acaba el mes para comentar, pero aquí os dejo mis lecturas:
** Viatgeres i escriptores, de Pilar Godayol. Pequeñas biografías, todas muy equilibradas en cuanto a contenido y estructura. Es un libro de esos que abren expectativas para otras lecturas. Lady Mary Wortley Montagu, Ekaterina Romanovna Dashkova, Mary Wollstonecraft, Florence Nightingale, Mary Kingsley, Edith Wharton, Gertrude Bell, Vita Sackville-West, Aurora Bertrana y Montserrat Roig.
** El retorn del soldat, de Rebecca West. Una pequeña joya. La Gran Guerra. Un soldado regresa con amnesia y sus recuerdos alcanzan solo hasta quince años atrás. Pero solo hacía diez años que se había casado. Buenos ingredientes.
He estado leyendo, al azar, cuentos de Katherine Mansfield, que me encantan.
He empezado la lectura de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes, incluyendo todos los estudios previos de la introducción y atendiendo todas las notas aclaratorias que aparecen durante la lectura. Lo estoy disfrutando mucho. Vale la pena la parte introductoria de los expertos, pues ayuda a la compresión de la novela.
Hola, Lola:
Fíjate que a mi Katherine Mansfield no me gusta mucho. Sin duda la culpa es mía, porque cometí el error de leerme sus relatos completos de una sentada; me parece que leer relatos de ese modo no es buena idea.
El Quijote, por supuesto, hay que leerlo y releerlo.
Un abrazo.
Hola Natalia, este mes de agosto terminé de leer Posesion de A.S.Byatt, me resultó un poco pesada la lectura; continué con La mansión de las furias de Madeleine Roux y, luego, de Matt Haig La biblioteca de la medianoche donde cada libro tiene una vida diferente; la protagonista habla del arrepentimiento, de que otra vida habría sido mejor. Se habla mucho de la filosofía de Thoreau. Me gustó.
Hola, Rosa:
Lo que son las cosas: yo todavía sigo deslumbrada por Posesión, que es para mí una de las mejores lecturas que he hecho este año. De hecho ya tengo en casa la tetralogía de El cuarteto de Frederica, aunque conociéndome pueden pasar años antes de que lo lea 😅.
Un abrazo.
Yo volví a leer algunos relatos de Garcia Marquez, y descubrí en «La siesta del martes», que la mujer que mata al ladron que irrumpió en su casa, era Rebeca, la mujer atormentada que vivió en la casa de los Buendía, en Cien años de soledad.
Primera vez que comento. No soy mucho de hacer reseñas y me estoy dando cuenta que en agosto solo lei un libro! Muy mal por mi. En fin fue Orgullo y Prejuicio, la verdad después de leer y ver en todos lados que los diálogos deben ser creíbles, mepregunto si en realidadhablaban así en esa época. Y si era así, que dificil. En fin, mi comentario. Me gustan mucho tus correos.
Hola. Creo que Orgullo y Prejuicio es, junto con Jane Eyre, una de las novelas que más habré leído. Cuando busco relajarme, acudo a esta novela. Me declaro enamorada del señor Darcy.
Yo empecé el mes con «Bajo la rueda» de Herman Hess. Es una crítica al sistema educativo que exige hasta la última gota de sudor a los alumnos mejor dotados, privándoles de su infancia y juventud, negándoles el cultivo de otras facultades tan necesarias para el crecimiento armónico de la persona. Obligado por su padre y profesores a una agotadora preparación para el ingreso en el seminario, Hans Giebenrath logra su objetivo, pero al elevado precio de perder su sensibilidad y su equilibrio emocional.
Después leí «El gran imaginador» de Juan Jacinto Muñoz Rengel. Ambientada en el siglo XVI, el griego Nikolaos Popoulos, con la imaginación más grande conocida, recorre todas las «provincias otomanas y los pueblos vasallos del norte», viaja por tierra y por mar, vive mil aventuras, conoce a Miguel de Cervantes, a los caballeros de Malta, a piratas, a Drácula y a Frankenstein. El argumento es atractivo, pero la trama es tan atropellada que aburre a los muertos; le falta un hilo conductor, un carril central desde el que salgan los diferentes senderos para que el lector sepa en todo momento donde se encuentra. Y no tiene verosimilitud, esa cualidad que Vargas Llosa considera imprescindible en todas las historias, por muy fabulosas que sean.
Para acabar bien y sobresaltos el mes vacacional recurrí a Pereda: Uno de los grandes escritores del siglo XIX, perteneciente a la corriente realista, es un maestro del costumbrismo español. Sus descripciones nos llevan de la mano por los parajes cántabros, sus pueblos y sus habitantes. Se entretiene con cariño en los paisanos humildes y la vida sencilla de los caseríos de hace siglo y medio. Además del fabuloso valor estético, «el sabor de la tierruca» es una exaltación de los valores tradicionales, como la palabra, la caballerosidad, el respeto, la honradez y la honestidad, etc. Igualmente es una elegía a la relación del hombre con la tierra. Estoy acabando «Peñas arriba», del mismo autor, una novela de descripciones deliciosas, sencillas, exactas; descripciones de la tierra y sus gentes hechas con la perfección de un maestro y con el cariño de un padre.
Gracias por compartir tus lecturas, Luis. Yo tengo pendiente a Pereda, algún día tengo que completar esa laguna, a ver si es pronto.
Un abrazo.
Hola. Me ha emocionado encontrar tu comentario sobre «Peñas arriba». Yo leí esta novela cuando era muy, pero que muy niña. En casa teníamos muchos libros de la colección Crisol, de Aguilar, entre los que se encontraba el de Pereda. Creo que los leí todos, aunque no entendiera la mitad. Recuerdo que el de Pereda me gustó mucho entonces. Sin embargo, intenté leerlo muchos, muchos años más tarde, y lo dejé: ya no me cautivaba. Igual, cualquier día, vuelvo a intentarlo.
Qué triste es volver a una lectura que nos entusiasmó y encontrarle, no ya otro sabor (que siempre pasa), sino un sabor que ya nos gusta.