Radiografía de la crítica literaria

La crítica literaria nunca ha estado exenta de polémica. Su utilidad, imparcialidad y pertinencia han sido siempre tema de acalorada discusión entre escritores, lectores y los propios críticos. A esta realidad se suma en los últimos tiempos la crisis de la prensa tradicional, desde la que se solía ejercer la crítica profesional; así como la multiplicación de espacios digitales dedicados a la crítica amateur, mantenidos por lectores anónimos que si carecen de profesionalidad, derrochan frescura e independencia.

¿Cuál es, pues, el estado actual de la crítica literaria? ¿Cuáles los retos a los que se enfrenta?

Para empezar, la crisis en la que la prensa tradicional está sumida desde hace años ha tenido como consecuencia que las páginas y espacios dedicados a la crítica literaria se reduzcan. Los suplementos literarios de los distintos diarios son cada vez más exiguos y periódicos que constituían la primera línea del debate sobre los libros se han visto obligados por las presiones económicas a recortar sus coberturas.

Al tiempo que esto ocurre, existe una cada vez mayor concesión al mercado en detrimento de la calidad. El peso de la poderosa industria editorial ha logrado que ese pequeño espacio que diarios y revistas todavía dedican a la crítica literaria se convierta a menudo en mera publicidad de aquellos libros que se espera que se conviertan en «los más leídos».  En los últimos tiempos ha arraigado la idea de que la crítica literaria no es una instancia de reflexión sobre la literatura, sino parte del proceso de promoción del libro.

En consecuencia, la crítica debe defender (y aumentar) su independencia. Su camino debiera pasar por contribuir a la visibilidad de quien vale (sea una obra, un autor o una editorial), al margen del mercado. Ante los muchos libros que se publican, se hace cada vez más necesaria la figura del mediador entre el autor y el lector que siempre ha ejercido el crítico. Para ello hace falta por parte de la crítica compromiso, penetración, discernimiento, profundidad y valentía. Atreverse a opinar con fundamento si una obra es buena o mala y por qué.

Por otro lado, en la era de la sobreinformación y la proliferación de canales la crítica literaria, ejercida tradicionalmente desde medios impresos, no tiene el poder que puede tener un programa de televisión e incluso de radio. La cultura del espectáculo ha sustituido a la cultura del razonamiento. El impacto de lo escrito se ha ido debilitando, sobre todo ante las posibilidades que ofrecen los medios audiovisuales e Internet. El resultado es que ha cambiado nuestra forma de pensar y leer.

Por tanto si la crítica quiere recobrar al menos una parte de su influencia social, va a tener que entrar en una dinámica multimedia. Sin duda un blog o un website con rigor puede tener más importancia que un suplemento escrito, de modo que las revistas literarias tienen que pasar a la Red, pero sin abdicar de lo que es propio de ellas. Para ello deben adoptar la variedad que ofrecen las nuevas tecnologías y encontrar formas de llevar la crítica a una nueva generación de «lectores» a través del medio que prefieran.

Pero, sobre todo, la crítica literaria debe tener siempre presente que lo fundamental es el contenido, sea en la plataforma que sea. Y que en consecuencia el crítico tiene que lograr transmitir un gusto coherente y una práctica honesta de su labor opinativa. Solo así se convertirá en un guardián cultural que sea informador, educador y animador a la vez que concienzudo, interesante y reflexivo.

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CATEGORÍAS: Crítica literaria

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