Otra manera de comenzar una novela: el «relato semilla»

Todos las partes de una novela son importantes: saber construirlas y engarzarlas es el reto de todo escritor. Pero sin duda, entre todos los elementos de una buena novela debemos prestar atención al principio.

El principio es importante en cuanto nos permitirá captar la atención del lector, hechizarle para que continúe leyendo y se adentre en la historia que queremos contar. Pero además, un buen comienzo es lo que puede empujar al escritor a perseverar, a continuar escribiendo y a no bajar el nivel.

Hoy vamos a hablar de una manera interesante de plantear el inicio de una novela: el relato semilla.

El relato semilla es una pequeña historia antes de la historia principal. En él podemos presentar al protagonista, empezando a esbozar su personalidad con un pequeño relato cuyos hechos no tienen por qué formar parte de la propia trama de la novela.

Es un recurso sencillo, pero debe usarse con tino. El relato semilla tiene que tener interés por sí mismo pero, además, debe guardar relación con la historia que se va a plantear a continuación. Debe evitarse que la historia que se propone como semilla sea demasiado intensa, para eludir una ruptura del ritmo cuando pasemos al comienzo de la novela en sí. Además, el engarce entre el relato semilla y la novela debe ser exquisito, para evitar que el primero resulte un apósito.

Podemos encontrar un relato semilla en una de las novelas cumbres de la literatura universal, Anna Karénina, de Lev Tolstói. Esta novela se inicia con la narración de los problemas conyugales de los Oblonski. El marido ha cometido una infidelidad y su esposa se plantea abandonar el domicilio familiar, cuando reciben la visita de Anna Karénina, quien logrará restablecer la paz.

La historia de las desavenencias de los Oblonski sirve para presentar a varios de los personajes principales de la historia, a la vez que para empezar a desovillar algunas de las tesis de la novela: el amor, el sexo, el adulterio, las relaciones hombre-mujer, etc.

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