Imagina por un momento que abres una novela y, en lugar de un primer capítulo convencional, te encuentras con el recorte de una noticia, después un anuncio de detergente, después un trozo de canción popular, después la voz de un personaje que cuenta su mañana en Nueva York. Y que esa mezcla, lejos de resultar caótica, te transmite con una nitidez asombrosa el ruido, la velocidad y el desorden de una ciudad moderna.
Lo que estás leyendo es un collage literario: una técnica que abandona la idea de novela como tejido continuo y la sustituye por la idea de novela como ensamblaje de materiales heterogéneos.
No es un capricho de vanguardia ni un artificio reservado a los autores experimentales. El collage es una herramienta poderosa que puede aportar a tu narrativa cosas que otras técnicas no consiguen: ritmo, polifonía, ironía, densidad, sentido de época. Vamos a verla con calma.
Qué es el collage literario
El diccionario de la RAE define collage como: 1. Técnica pictórica que consiste en componer una obra plástica uniendo imágenes, fragmentos, objetos y materiales de procedencias diversas. 2. Obra pictórica efectuada mediante el collage. 3. Obra literaria, musical o de otra índole que combina elementos de diversa procedencia.
En efecto, el collage es una técnica narrativa que consiste en ensamblar fragmentos de diversos materiales para formar una nueva obra unificada. Como enseguida veremos, es heredero directo de la técnica pictórica de igual nombre.
El collage literario consiste en componer un texto yuxtaponiendo fragmentos de procedencia diversa —cartas, recortes de prensa, anuncios, fichas, canciones, citas, fotografías, partes médicos, transcripciones— sin disolverlos en una voz uniforme, la del narrador. Los materiales conservan su procedencia y su registro estilístico originales, y el sentido del conjunto nace, en buena medida, del choque entre ellos.
El término se importó de las artes plásticas: en 1912, Picasso y Braque empezaron a pegar trozos de periódico, hule y papel pintado sobre el lienzo, y bautizaron la técnica como papier collé. Lo que los pintores querían transmitir era que un cuadro podía construirse a partir de objetos del mundo real, no solo de la imaginación del artista. Las vanguardias literarias del siglo XX recogieron la idea casi de inmediato.
Repasemos algunos de los rasgos que definen al collage:
- Heterogeneidad. Se mezclan registros, géneros y lenguajes que en principio no pertenecen a lo narrativa: noticias, canciones, anuncios, informes médicos o policiales, fichas, etc.
- Yuxtaposición evidente. La unión se nota, pero se nota a propósito. El escritor busca que el lector perciba el corte.
- Sentido por contigüidad. El significado no surge de cada fragmento independiente, sino de su vecindad con el siguiente.
Algunos ejemplos de collage
Para comprender mejor el uso de la técnica del collage repasemos el modo en que la han utilizado algunos autores en sus obras.
Manhattan Transfer, de John Dos Passos
Un ejemplo clásico de uso del collage lo encontramos en la novela Manhattan Transfer de John Dos Passos. Dos Passos quería retratar la Nueva York de los años veinte y se dio cuenta de que ningún narrador omnisciente podía dar cuenta de aquel hervidero. Así que decidió pegar la ciudad sobre la página.
El novelista incorpora textos reales o pseudorreales —titulares de prensa, anuncios, fragmentos de radio, canciones populares— para construir el retrato colectivo de la ciudad y del momento histórico. En sus capítulos se cruzan las vidas de los personajes con bloques como este, que abre uno de ellos:
Estaban derribando una casa de pisos en la calle. Las paredes posteriores caían dejando ver papeles de pared a flores, manchados de humedad, en habitaciones donde habían dormido y respirado niños y madres y amantes. Trozos de yeso bailaban en el aire amarillo del polvo.
Y a continuación, sin transición, sigue una canción de music-hall. Y enseguida la voz de Jimmy Herf, uno de los personajes principales, saliendo de un transbordador. De esta manera, se construye un fresco de la época y de la ciudad. El collage retrata Nueva York: una ciudad que solo puede contarse mostrándola simultáneamente desde muchos ángulos a la vez.
Boquitas pintadas, de Manuel Puig
Otro ejemplo magistral de uso del collage lo encontramos en Boquitas pintadas, de Manuel Puig. La novela cuenta una historia de amor frustrada en un pueblo argentino de los años treinta, pero no la cuenta nadie. Las dos partes se titulan «Boquitas pintadas de rojo carmesí» y «Boquitas azules, violáceas, negras», y cada capítulo se construye con materiales como:
- cartas que un personaje escribe a otro;
- transcripciones de conversaciones telefónicas;
- recortes de fichas policiales;
- letras de tangos y boleros;
- fragmentos de revistas femeninas;
- esquelas funerarias.
Debido a esta amalgama de materiales, la novela entera adopta la forma de un dosier que el lector debe ordenar. Puig deja que los materiales se comenten unos a otros. Es como si el collage hiciese el trabajo del narrador.
Austerlitz, de W. G. Sebald
El collage también puede incorporar imágenes: fotografías, mapas, diagramas, dibujos… dentro del texto, pero no como ilustraciones, sino como fragmentos de la propia narración. Así lo usa W. G. Sebald en su novela Austerlitz.
El protagonista, Jacques Austerlitz, intenta reconstruir su infancia perdida tras el Holocausto, y para hacerlo recurre a fotografías sin pie, en blanco y negro, intercaladas en el texto: una estación de tren, un rostro infantil borroso, el plano de una fortaleza, una entrada de teatro. Las imágenes no «ilustran» lo que el narrador cuenta: lo contradicen, lo complementan o lo dejan en suspenso.
La novela se convierte así en una especie de archivo (sin dejar de ser novela), como si fuera un legajo en el que se conservan los documentos sobre una investigación. Una investigación que, en el caso de la novela de Sebald, representa los intentos de la memoria por reconstruir un pasado que solo se conserva en fragmentos, cuyos perfiles no encajan bien entre sí.
Usos del collage literario
Ahora que conocemos varios ejemplos de uso del collage y hemos visto cómo lo han utilizado algunos autores en sus obras, podemos entresacar de ellos algunas ideas sobre los usos que es posible darle. ¿Cuándo te interesa, como escritor, recurrir a esta técnica? Fundamentalmente, en cuatro situaciones:
- Cuando quieres retratar un colectivo, una época o una ciudad y ningún personaje individual puede abarcar todo lo que quieres mostrar. El collage te permite multiplicar las voces y los registros y trasladar al texto pinceladas que retraten el momento: canciones, anuncios, la cartelera del cine…
- Cuando buscas una ironía o un contraste que no quieres explicitar. Pegar dos fragmentos contradictorios uno al lado del otro, sin comentarios del narrador, hará que sea el lector quien realice el comentario y capte el sentido irónico o el contraste; este es un modo de hacer participar al lector en la construcción de la obra.
- Cuando el tema mismo de la obra es la fragmentación: la memoria, el trauma, la diáspora, la sobreabundancia de información. La forma del libro se vuelve, entonces, un argumento más sobre lo que se narra.
Advertencia de uso
La técnica del collage narrativo resulta muy interesante, ¿verdad? Seguro que ya se te han ocurrido algunas ideas para aplicarla a algún texto en el que trabajas. Sin embargo, ten presente que el collage no es un atajo. Pegar materiales heterogéneos sin haber pensado por qué se añade cada uno de esos fragmentos a la obra, sin que haya un sentido y una intención detrás, no dará lugar a una obra literaria, sino a un cuaderno de recortes. La técnica solo funciona cuando cada fragmento ha sido elegido deliberadamente y ordenado con criterio.
Antes de usar esta técnica —en realidad, cualquier técnica— conviene un poco de reflexión. ¿Encaja con nuestro tema?, ¿es nuestro tema algo que no se pueda contar con una sola voz, que requiera esta visión fragmentaria, esta variedad de estilos y materiales?
Si es así, piensa a continuación: ¿qué documentos circulan alrededor de ese tema?, ¿se escribirían cartas los personajes?, ¿tiene sentido añadir titulares de prensa?, ¿cuáles?, ¿suenan canciones en la radio, hay algún meme popular?, ¿sería ilustrativo añadir anuncios de la tele?…
Una vez elegidos los documentos que mejor ilustran nuestro tema y que tienen sentido dentro de la narración, corresponde trabajar la vecindad, el orden que seguirán esos materiales. Pregúntate qué fragmento gana al ponerse junto a qué otro. Prueba distintas opciones hasta que la contigüidad produzca un sentido; la idea es que la suma de las partes construya algo mayor que el todo.
Verás que el collage, bien usado, te obliga a pensar de otra manera la composición de la obra. Y ese es siempre un ejercicio interesante.
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