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title: "Algunas ideas sobre la tensión y el ritmo"
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date: 2025-11-20
modified: 2025-11-16
author: "Sinjania Formación para Escritores"
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categories: ["Escribir una novela", "Escritura Creativa"]
tags: ["consejos de escritura", "consejos para escritores", "creación literaria", "curso de novela", "escribir novela", "escritura creativa", "no-blog", "recursos para escritores", "ritmo narrativo", "tensión narrativa"]
type: post
lang: es
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# Algunas ideas sobre la tensión y el ritmo

Hay dos elementos del texto literario que provocan gran interés, e incluso preocupación, entre los escritores noveles: la tensión y el ritmo. La idea, imbuida quizá en parte por las escuelas de escritura, es que tensión y ritmo son dos elementos indispensables en toda obra literaria; que una novela o un relato tenga ritmo y tenga tensión es un requisito indispensable para eso que se ha dado en llamar «atrapar al lector» y tenerle pasando las páginas sin un respiro hasta que vuelve la última. Por eso los escritores están tan preocupados por asegurarse de que sus obras los tienen en la medida necesaria.

Esas ideas tienen una base de verdad, pero no son del todo exactas. Por eso nos ha parecido necesario repasar cuáles son el papel y la importancia de la tensión y el ritmo en la obra literaria, como un modo de que comprendas mejor cómo funciona esta. Y, también, para que no te sientas obligado a usar ni la tensión ni el ritmo como usualmente se recomienda hacerlo, si ese modo quizá no encaja del todo con la historia que quieres contar y con cómo te gustaría hacerlo.

## La tríada acción, tensión, ritmo

Tal vez la confusión provenga de la idea que habitualmente se tiene de lo que es la tensión y de lo que es el ritmo en una obra literaria.

Cuando se habla de tensión no se alude en realidad a la tensión del texto, sino a la del lector. Se trata de que lo que se narra tense al lector, le haga sentir un cierto desasosiego, una cierta ansiedad, provocados por el prurito de saber qué sucede a continuación. Parece que el lector desea ser llevado en volandas por el texto, rápido, rápido, hasta el final.

El ritmo tendría que ver con ese «rápido, rápido». En la narración tienen que pasar muchas cosas, sucederse los incidentes de manera trepidante, si es posible con muchos puntos de giro inesperados. Cuántas más cosas pasen en el transcurrir de la historia, más ritmo tendrá esta y más complacerá al lector.

Tensión y ritmo se relacionan así directamente con la acción, aunque de nuevo entendida en un sentido no del todo veraz. Porque la acción es, simplemente, lo que sucede, los acontecimientos que se narran. Pero de nuevo se espera que «lo que sucede» sea una secuencia apretada de imprevistos, azares y sorpresas, peleas y reconciliaciones, huidas y persecuciones al estilo de una novela bizantina. [Hemos hablado ya sobre la acción en este otro artículo, si te interesa.](https://www.sinjania.com/la-importancia-de-la-accion/)

¿Hay novelas o relatos que cumplen de manera lograda con esos objetivos de hacer que el lector avance expectante por sus páginas, deseando llegar al final?, ¿que tienen un ritmo rápido porque en ellas se suceden con presteza los acontecimientos?, ¿y que todo ello es resultado, en parte, de una acción intensa e intensiva? En efecto, los hay. ¿Todas las novelas o relatos deben ser así? En absoluto.

¿Son acción, tensión y ritmo, entendidos tal como acabamos de indicar, lo único que busca el lector?, ¿fracasa una obra que no tenga esos ingredientes usados de esa manera? Categóricamente no.

En su *Curso de literatura rusa,* Vladimir Nabokov dice:

> Permítanme ofrecerles la siguiente sugerencia práctica. La literatura, la literatura de verdad, no hay que deglutirla de un trago como un potingue que pueda ser bueno para el corazón o bueno para el cerebro; el cerebro, ese estómago del alma. La literatura hay que cogerla y hacerla pedazos, deshacerla, machacarla; entonces se olerá su grato olor en el hueco de la mano, se masticará y volteará sobre la lengua con deleite; entonces, y sólo entonces, se apreciará su raro sabor en la justa medida, y las partes rotas y trituradas volverán a reunirse en el espíritu y revelarán la belleza de una unidad a la que el lector ha aportado un poco de su sangre.

Si la literatura «de verdad» no hay que deglutirla de un trago, consumirla de manera rápida y precipitada, con prisa por llegar al final, entonces puede que la tensión y el ritmo, y el elemento que soporta a ambos, la acción, puedan ser usados de otra forma y que su objetivo no sea impeler al lector a deglutir la novela o el relato como si se le pusiera un embudo en la boca.

Nabokov dice que a la literatura «hay que cogerla y hacerla pedazos». Aunque no es exactamente a eso a lo que se refiere, podríamos entender esa idea en el sentido de que es interesante conocer qué partes integran un texto literario, saber en qué consisten y sus posibles usos. Solo entonces podremos «deshacer» la obra, descomponerla en sus partes y valorar con justeza si el autor las ha usado bien o mal, si cumplen su función o naufragan de forma flagrante. Y solo así podremos escribir obras bien armadas.

Volvamos entonces sobre la tensión, el ritmo y tratemos de estudiarlos desde otra óptica. Comencemos por la tensión

## La tensión

Queda indicado el modo en que se suele entender la tensión, que se refiere más al estado del lector que a un valor literario o a un componente de la obra. Aunque un buen escritor trata de provocar determinadas reacciones en el lector, estas no son materiales con los que pueda trabajar, no puede incorporar esas reacciones durante la confección de la obra; es decir, las reacciones del lector no son sus herramientas de trabajo. Antes al contrario, lo que hace el escritor es usar sus herramientas para crear (o intentarlo) determinadas reacciones. Entre ellas está, por supuesto, esa sensación de anticipación, gozosa incertidumbre y anhelo a la que se suele llamar tensión.

Pero, en realidad, la tensión no tiene que ver únicamente con una reacción del lector, sino que también es uno más de los ingredientes del texto. Toda obra literaria tiene tensión, incluso aquellas de las que determinado tipo de lector diría que en ellas «no pasa nada». No hacen falta puntos de giro incesantes o una escalada de acontecimientos a cada cuál más epatante o inesperado para que una obra literaria tenga tensión.

La tensión es uno de los componentes que contribuye a estructurar la obra y a darle cohesión. Es lo que contribuye a mantener el tapiz sobre el que se dibujan los acontecimientos terso, sin arrugas o segmentos flácidos. [Quizá no haya mejor forma de expresar qué es la tensión narrativa que el modo en que la define Cristina Ros en una reseña de la novela *Julia* publicada por *El Diario:*](https://www.eldiario.es/cultura/libros/nueva-version-feminista-1984-advierte-escribir-retelling-no-buena-idea_129_11758404.html?utm_source=substack&utm_medium=email)* *

> tensión narrativa […] no consiste en introducir giros sorprendentes, sino en escribir como el funambulista que cruza el abismo y no se puede permitir trastabillar. Trastabillar es romper el ritmo; si se sale de la línea, el público se cansa de mirar.

Si la tensión narrativa consiste en que el público —el lector— no se canse de mirar, recurrir a los «giros sorprendentes», a la intriga o a una acción en la que «pasan muchas cosas» serían modos de conseguirlo, pero no los únicos y, dependiendo del tipo de obra que quieras escribir, no los mejores. Hay muchas otras herramientas que pueden lograr capturar la mirada del lector, entre ellas, una de las más importantes, el lenguaje.

En cuanto a la tensión, lo importante es saber mantener el tejido del texto (no en vano «tejido» y «texto» comparten etimología) sin pliegues ni flacideces. Para ello es importante cuidar la estructura. el manejo del tiempo o la causalidad.

## El ritmo

Con el ritmo sucede como con la tensión: toda obra literaria lo tiene, incluso aquellas cuya trama se desarrolla de una manera morosa, despaciosa.

El ritmo es, según el diccionario de la RAE, el «orden acompasado en la sucesión o acaecimiento de las cosas». La clave está en ese «acompasado». Una obra puede tener un compás rápido o más lento, que en gran medida vendrá dado por la relación entre tiempo y acción: cuantas más cosas pasen en menos tiempo, más rápido será el ritmo .

Pero el tempo con el que se desenvuelven los acontecimientos de la trama debería venir marcado, idealmente, por el tema y el argumento de la obra, por su conflicto y su personaje. Según qué temas demandan tempos lentos, mientras que otros pueden pedir más rapidez, más ritmo. Del mismo modo, según qué partes del texto pedirán que el ritmo se atenúe o se precipite.

De manera que en vez de pensar en atrapar al lector y llevarlo en volandas por la historia hasta depositarlo sin aliento en el desenlace, deberíamos pensar en cuáles son las mejores decisiones en función de la historia que queremos escribir, según su tema, argumento, conflicto y protagonista… De esa visión surgirán también aspectos como la estructura más conveniente y hasta el tipo del narrador y su voz, que se relacionan a su vez estrechamente con el lenguaje. Y por el camino comprenderemos cómo cuidar la tensión, elevándola o relajándola según lo que necesitemos en cada momento de la narración; y qué ritmo es el que corresponde a esa historia, también según sus distintas partes.

Cuando se piensan de esa manera una novela o un relato, como un todo orgánico en el que cada parte debe relacionarse con las restantes de forma armoniosa y eficaz, y cuando se tiene en cuenta cómo cada parte debe servir al tema y al argumento, es cuando se logra el objetivo que todo escritor persigue: que la obra «enganche» al lector, que este desee leerla de principio a fin. No necesariamente porque pasen muchas cosas, los sucesos lo tengan en vilo y el rimo sea trepidante, sino porque la novela estará bien concebida, tendrá sentido. Y eso es lo que de verdad buscan los buenos lectores.
