Ortografía, tipografía y ortotipografía

Ortografía, tipografía y ortotipografía. ¿En qué consisten, para qué sirven, en qué se diferencian?

La ortografía es el conjunto de normas que regulan la escritura de una lengua. La ortografía decide, por ejemplo, qué letras concretas han de emplearse para escribir una palabra (como v o b, g o j…), cuándo se emplean mayúsculas, el significado básico de signos como la coma, las comillas, etc. La ortografía se aplica a todo tipo de escritos, ya sean tipográficos o manuscritos.

La tipografía es el arte de crear y combinar tipos, es decir, letras de imprenta, para producir libros, revistas, folletos, páginas web, etc., con el objetivo promordial de facilitar su lectura y que el contenido se transmita de forma eficaz.

La ortotipografía estudia la combinación de la ortografía y la tipografía y concreta la forma en que la primera se aplica en obras impresas. (Si quieres saber más, lee este artículo). Un par de ejemplos pueden ser ilustrativos:

  • La ortografía establece que las siglas han de escribirse con mayúsculas, pero un tipógrafo observará que su mayor tamaño produce «manchas» en la página que pueden distraer al lector y por tanto se introduce la norma ortotipográfica de que esas mayúsculas se pueden componer como versalitas o a un tamaño menor.
  • El punto cierra oraciones, pero si coincide con una llamada de nota voladita, se pueden producir «escalones» visuales que, de nuevo, pueden distraer al lector, por lo se desplazan las llamadas para que sigan al punto.

La ortotipografía es una disciplina práctica: partiendo de la ortografía, el diseño editorial y los medios técnicos, el ortotipógrafo deberá tomar decisiones para que todas estas piezas encajen en beneficio de la comunicación escrita. Es decir, no existe en rigor una normativa ortipográfica, sino muchas, en función de cada caso.

En ortotipografía, hay que tener presentes tres factores: tradición, uniformidad y estética.

  • La tradición nos permite reconocer los códigos y su significado gracias a que nos resultan familiares. Por ejemplo, cuando queremos hacer un inciso para aclarar algo lo podemos poner entre comas; no hay más razón para usar precisamente esas comas en lugar de, digamos, dos puntos o arrobas que la costumbre de verlo así.
  • Con la uniformidad podemos interpretar mejor esos códigos sin tener que preguntarnos a cada paso por su sentido. En cierto modo, la uniformidad hace que esos códigos nos resulten invisibles y al tiempo reconocibles.
  • Finalmente, la estética nos alienta a ver esos códigos o, si resultara feo, a rechazarlos. Un libro bien compuesto invita a la lectura.

Ninguno de estos tres principios es absoluto. Podemos innovar con nuevas formas de usar los códigos siempre que estemos convencidos de que con ello el lector sale ganando y le compense el esfuerzo adicional necesario para ajustarse a ese nuevo convenio. La uniformidad puede romperse para destacar o señalar algún elemento, y de hecho esa es la forma normal de hacerlo (esa ruptura de denomina diacrisis). En cuanto a la estética, todos sabemos que los modas son pasajeras y por tanto no debemos darle prioridad sobre otros factores, pero eso tampoco quiere decir que debamos descuidarla.

Habría que añadir un cuarto factor: los condicionantes técnicos, puesto que la tipografía depende de unos medios concretos. Sin embargo, hay que evitar confundir la tradición con las normas surgidas de las posibles limitaciones que en un momento dado impusieran las tecnologías en uso.

Con todo, nunca debemos perder de vista el objetivo último de la tipografía: el lector.

Fuente: Tex yTipografía

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CATEGORÍAS: Redacción eficaz

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