Ocho cosas que arruinan tus textos

Escribir bien no es fácil.

Hay que hacer malabarismos con la trama, los personajes, la ambientación… y además la ortografía y la gramática.

¡Es demasiado!

Tal vez sí. Así que déjanos decirte que lo mejor es que no empieces la casa por el tejado. La base de una buena novela es una buena escritura a nivel formal. Puedes haber creado al personaje más intersante del mundo, puedes haber cuidado cada punto de giro de tu trama, pero si tu escritura falla estarás sacando a patadas de tu historia al lector.

Sí, sabemos la excusa que vas a esgrimir: para eso están los correctores.

¿Y de verdad vas a contratar uno? ¿Ha revisado un corrector profesional los relatos que cuelgas en tu blog?

Mientras te decides a contratar uno, lo mejor es que empieces a prestar atención (de verdad) a tus textos. Hay muchas cosas que puedes mejorar sin necesidad de ayuda externa.

Como en nuestros alumnos vemos que hay errores que se suelen repetir, te contamos los más habituales para que, si tú también caes en ellos puedas enmendarte.

1. Claridad y sencillez

¿Por qué tenemos la idea de que un texto literario tiene que ser alambicado y ampuloso?

Palabras grandilocuentes, adjetivos que se anteponen al nombre, multitud de frases subordinadas en las que, de manera inevitable, se cuelan errores de concordancia

Un texto claro y sencillo también es literario. Y si leyeras más lo sabrías.

Trata de escribir con oraciones simples, cortas, claras. Piensa que estás aprendiendo a andar, así que no quieras salir corriendo.

A medida que escribas más (si además lees mucho, mejor) podrás ir complicando tu escritura. Verás que casi te salen solas frases más largas y mejor hiladas. Práctica y date tiempo.

2. Ahorra palabras

Demasiadas palabras cubren tu texto de hojarasca. No aportan nada y muchas veces, al complicar las oraciones, te llevan a cometer errores.

La buena escritura no se trata de acumular palabras, sino de dar con la palabra exacta. Mejora tu vocabulario para poder dar con ese verbo, ese nombre o ese adjetivo que viene como anillo al dedo a lo que quieres contar.

No uses palabras que no conces o, antes de hacerlo, comprueba en el diccionario que significan lo que tú crees que significan. Más de una vez te puedes llevar una sorepresa. Por ejemplo, busca «pulular» en el diccionario; ¿a que lo has visto escrito en más de una ocasión con un sentido erróneo?

Por supuesto que puedes usar palabras que no se usen habitualmente en el lenguaje coloquial. Eres escritor, tienes que conocer tu idioma e incluso está bien tratar de recuperar esas palabras hermosas que se van perdiendo. Pero no lo hagas a cada frase de tu texto, resultarás pedante o parecerá que has abusado del uso del diccionario de sinónimos.

3. Cuidado con los tiempos verbales

Muchas veces sucede que la narración de una escena que estaba siendo contada en pasado salta de pronto al presente. Hay que mantener la coherencia.

Si lo que cuentas es una acción ya concluida, usa tiempos perfectos.

Si por el contrario es una acción que no ha terminado, uso tiempos imperfectos.

Y ojo con el gerundio. Se usa mal muchas veces.

4. Vigila las subordinadas

En pro de la claridad que comentábamos en el primer apartado y para evitar esos fatales errores de concordancia entre sujeto y verbo, vigila las subordinadas.

Allí donde veas un «que» comprueba si no puede ser sustituido por un punto.

Un truco: Lee tus textos en voz alta y cazarás la mayoría de errores de este tipo.

5. La puntuación de los diálogos

Este es un aspecto en el que fallan la mayoría de los escritores.

En un diálogo, la raya de diálogo debe usarse al comienzo de cada parlamento. Y existen ciertas normas para su puntuación. Ya las explicamos aquí en su día, así que hoy no nos extendemos más sobre este punto.

Presta también atención a los verbos que usas en tus diálogos. A veces (con mucha frecuencia, de hecho) un sencillo «dijo» queda mucho mejor que un «balbuceó», un «exclamó» o un «gorjeó». Por lo de la sencillez, ya sabes.

6. Atención a las comas

La puntuación de los textos, literarios o no, suele dejar mucho que desear. En especial fallan las comas.

Si no sabes poner bien las comas, no te arriesgues con las subordinadas.

Una coma jamás va entre sujeto y verbo.

Las oraciones explicativas van entre comas, una al principio y otra al final, asegúrate de haber puesto las dos.

7. No hace falta usar tacos

Parece que usar palabras malsonantes está de moda. Las usan los personajes y las usa el narrador.

Pues no son necesarias. Incluso hubo un tiempo en que eran de mal gusto.

Además, muchas veces usar un lenguaje soez no se corresponde con el registro del personaje. ¿Crees de verdad que un alto ejecutivo suelta tantos tacos?

Las palabras gruesas no vuelven más real a un personaje. No le hacen más moderno ni expresan mejor su enfado o disconformidad con las dificultades en las que la acción lo envuelve.

Hazte un favor, prescinde de los tacos.

8. Metáforas como piedras

No hemos podido evitar el chiste fácil con el título de este apartado.

El buen uso de la metáfora es todo un arte que acerca al escritor al poeta. Una buena metáfora tiene la capacidad de hacer comprender al lector una idea de una manera inmediata y completa. Si está bien planteada, además embellece el texto.

Pero con las metáforas se cometen dos errores.

  1. Se usan metáforas tan vistas que son ya clichés. Están tan manidas que ya no comunican nada al lector. Ya sabes: oscuro como ala de cuervo, blanco como la nieve, más dulce que la miel, etc.
  2. Se crean metáforas nuevas tan rimbombantes que dejan turulato al lector. Esto sucede cuando el objetivo de la metáfora no es expresar una idea, sino meramente decorar. Lo que busca el escritor es embellecer el texto o, aún peor, impresionar al lector. El resultado nunca es bueno.

Si quieres que el lector no tropiece en tus metáforas, no cometas estos errores.

Ya has visto ocho cosas que arruinan tus textos. Ahora que las has identificado, puedes permanecer vigilante para no caer de nuevo en estos errores. Verás como el nivel de tu escritura mejora y tus novelas y relatos se hacen más claros y legibles. Tus lectores te lo van a agradecer.

7 COMENTARIOS


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Otros artículos:

  • No se si entiendo bien la parte de las palabrotas.
    En la novela que escribo, hay varios personajes que las usan.
    Yo creo que, si el personaje es así, no sé que hay de malo en usarlas.

    Lo que sí creo es que se deben usar en contadas ocasiones y siempre dentro de la voz de dicho personaje.
    En la vida real hay gente que las suelta cada dos minutos y gente que jamás las dice.

    Un saludo.

    • Así es, Bestriz. Esa máxima vale siempre, pero en especial cuando se está aprendiendo. Es mejor ir poco a poco y empezar a hacer cosas más complejas según se va dominando la base.

  • Gracias por vuestros comentarios que nos ayudan tanto a los escritores noveles. Creo que al lector debemos ofrecerle una lectura no sólo entretenida sino lo más cómoda y limpia posible. Supongo que consiste en olvidarse de quien la escribe y centrarse en envolverlo y enamorarlo con la historia y los personajes. Por favor, corregidme si estoy equivocada.

    • Hola, Charo:

      En el artículo tratamos algunas de las cosas en las que vemos que más fallan los alumnos de nuestros cursos de escritura.

      No importa lo bien que esté pergeñada una narración a nivel de trama, personajes, ambientación… si el texto está plagado de errores ortográficos y gramaticales. Cada uno de esos errores será como una piedra en la que el lector tropiece. Y al final, en vez de ir pendiente del paisaje mientras camina, acabará por prestar atención al adoquinado.

      Muchos escritores confían en que, llegado el caso, sus textos pasarán por un corrector que colocará todo en su sitio. Para empezar, esto muchas veces no es así. Son poquísimos los autores que contratan una corrección profesional antes de subir un relato a su blog, mandarlo a un concurso e incluso autopublicarlo. Así que están ofreciendo un trabajo descuidado a sus lectores.

      Pero, además, el lenguaje es la herramienta del escritor. Si quiere trabajar con ella, tiene que conocerla, saber cómo se usa. Y sí, eso implica saber dónde van las tildes, cuándo se pone una coma y cómo se escribe una palabra.

      Por eso nos parece importante incidir en este tema. Porque vemos muchos escritores noveles preocupados de mejorar sus tramas (lo cual es bueno), pero no tan interesados en mejorar su expresión escrita. La gramática no es sexy, es verdad. No es tan interesante como aprender a esbozar un personaje. Pero también hay que prestarle atención.

      Saludos.

  • hola,

    Muy de acuerdo con todo lo que se dice en este artículo. En mi caso, una de las cosas que más me costó rectificar fue la cantidad de palabras que utilizaba, sobre todo con exceso de adverbios y adjetivos, que creo que es uno de los errores de los escritores novatos.

    • Hola, Birdy:

      Gracias por comentar.

      Usar adjetivos y adverbios no tiene nada de malo. Parece que hay una cruzada contra ellos, cuando de por sí no tienen por qué estropear una narración.

      Sin embargo, sí es cierto que los escritores noveles no los sueles usar bien. Por un lado les cuesta dar con el adjetivo certero (muchas veces por falta de un buen vocabulario), así que ponen una enorme cola de adjetivos detrás del nombre para compensar. Por otro lado, cuántos más adverbios y adjetivos, más largas las oraciones. Y por lo general los escritores noveles se pierden en las oraciones largas y acaban por desvirtuar no solo su significado, sino también su gramática.

      Al principio es mejor optar por la sencillez y, según se va adquiriendo más destreza, empezar a «complicar» la escritura.

      Un saludo.

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