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title: "La muerte de las palabras"
description: "La muerte de las palabras Como las personas, como las cosas, como las instituciones las palabras acaban por envejecer y morir. Pero la vejez de las palabras suele ser larguísima, y no es raro que..."
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date: 2012-10-05
modified: 2022-07-10
author: "Sinjania Formación para Escritores"
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categories: ["Escritura Creativa"]
tags: ["aprender a escribir", "corrección de estilo", "corrección ortotipográfica", "curso de escritura", "escribir bien", "muerte de las palabras", "ortografía", "recursos para escritores", "uso del lenguaje"]
type: post
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# La muerte de las palabras

#### La muerte de las palabras

Como las personas, como las cosas, como las instituciones las palabras acaban por envejecer y morir. Pero la vejez de las palabras suele ser larguísima, y no es raro que pase un siglo, y más, desde que empiezan a decaer hasta que desaparecen. Y aun en este caso no es fácil extender el certificado de defunción de la palabra; muchas veces se trata solo de una muerte aparente, y lo único ocurrido es que la palabra retirada de la lengua general ha quedado remansada al margen, en el uso literario, en el uso regional o en el uso restringido de ciertos grupos sociales o profesionales. Puede suceder, inversamente, que sea prolongada de manera artificial la vida de una palabra por el capricho arcaizante de un escritor (recordemos como Eugenio d’Ors llamaba *paje* al botones); o que su vigencia sea puramente pasiva, es decir, reducida a su comprensión «histórica» por nosotros, sin que tengan ningún eco en nuestra habla real (podemos saber, por ejemplo, qué es una *adarga*, pero prácticamente nunca tendremos necesidad de usar esta voz). Incluso se da el caso de que sea resucitada una palabra ya muerta, para hacerla servir de vehículo a un nuevo sentido (así ha ocurrido con *azafata*, término que antiguamente designaba a «una criada de la reina» y que no hace mucho fue desenterrado para dar nombre a la «empleada que, en aviones u otros medios de transporte, o en algunas oficinas, atiende al público»).

#### Tabú y voces desprestigiadas

El envejecimiento y la muerte de las palabras están muy relacionados con los cambios semánticos. Algunos de los factores que motivan los cambios de sentido son causa también de que las palabras decaigan y desaparezcan. El hecho de que una palabra sea «señalada con el dedo» puede acarrear su destrucción; eufemismo* retrete*, a otros términos —hoy totalmente retirados del uso—, a su vez, *retrete* y su sustituto *water* están hoy siendo barridos por *aseo*, *lavabo* o *baño*. A veces basta la preferencia de los hablantes urbanos por un término más culto, científico o aséptico que su sinónimo normal para que empiece a marcarse una tendencia al arrinconamiento de este, como parece ocurrir con *sobaco*, en baja frente a *axila*, o con *mascar* frente a *masticar*, o con *dentista* frente a *odontólogo*; el proceso está más avanzado en *botica*, casi totalmente eliminado por *farmacia*; y está desde hace mucho definitivamente resuelto el caso de *albéitar*, sepultado por *veterinario*.

#### Sinonimia

Muchas veces es la simple concurrencia con un sinónimo lo que motiva la decadencia o el desuso de una palabra, pues la economía, que es una de las exigencias de la lengua usual, enemiga de superfluidades, obliga a los hablantes a decidirse por una de las voces equivalentes. Así desaparecieron, en épocas ya lejanas, *maguer*, vencido por *aunque*, y *exir*, vencido por *salir*; así quedo casi olvidada la preposición *so* (reducida actualmente a unas pocas locuciones: *so capa*, *so pretexto*, etc.) frente a su rival *bajo*; así hoy los verbos* placer *y* amar*, el adjetivo* raudo*, la conjunción* mas *han quedado confinados a la lengua literaria, mientras *gustar*, *querer*, *rápido* y *pero* han acaparado el uso general; así se dibujan preferencias —todavía poco firmes— como la de *habitación* sobre *alcoba*, la de *terraza* sobre *azotea*, la de *lubrificar* sobre *lubricar*, etc. Este hecho explica, sin duda, el olvido de muchas palabras que tuvieron plena vigencia en tiempos no demasiado lejanos: *badulaque*, *bribón*, *pisaverde*, *gomoso*…

#### Homonimia

Otras veces no es la sinonimia, sino la homonimia, coincidencia formal a veces enojosa, la causante del abandono de una palabra. En la Edad Media existía junto a *dezir* «decir» un verbo *deçir* «bajar», con pronunciación casi idéntica, que hubo de ser sacrificado. Probablemente también la desaparición de la locución *uebos es* «es necesario» fue motivado por la homonimia con *huevo*. En tiempos más recientes, el general seseo de los países americanos ha dado lugar a homonimias en parejas como *casa*–*caza*, *caso*–*cazo*, *cebo*–*sebo* (pronunciados uniformemente /kása, /káso, /sébo), lo cual ha hecho sustituir* caza* por *cacería*, *cazo* por *perol*, *cebo* por *carnaza*.

#### Desuso de las cosas

Naturalmente una de las causas del desuso de las palabras es el desuso de las cosas designadas por aquellas. Si hoy la gente no emplea (y pocos entienden) voces como *aguador*, *azumbre*, *maravedí*, *tílburi*, *landó*, *greguescos*, *valona*, *chambergo*, *paletó*, *galop*, es porque designan oficios, medidas, objetos, costumbres que ya no existen.

#### Ignorancia

Y queda, por último, la más importante de las causas de la muerte de las palabras: la ignorancia. No tanto la ignorancia individual como la colectiva., la instrucción general deficiente, hace que queden inservibles para muchos hablantes, prácticamente muertas, ingentes cantidades de palabras que la lengua tiene a disposición del que las necesita. Como, de todos modos, hay que decir las cosas de alguna manera, se recurre al préstamo extranjero o a una nueva formación, o también a la adopción de otra palabra que ya tenía otro sentido. Cuando el olvido de la palabra ya existente se hace general, se produce simplemente una sustitución: a palabra muerta, palabra puesta. Cuando el olvido no es general, se produce una sinonimia, la cual, con el tiempo, puede dar lugar a una diferenciación de matices o de sentidos entre los sinónimos, o ben a la desaparición de uno de ellos, que puede ser tanto el viejo como el nuevo.

 Manuel Seco, *Gramática esencial del español*
