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title: "La duda es escribir"
description: "Hace unos meses dedicamos un artículo al narrador en el que dábamos algunas claves sobre cómo usar múltiples puntos de vista. El narrador y su focalización es un tema tan complejo como..."
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date: 2025-02-06
modified: 2026-02-14
author: "Sinjania Formación para Escritores"
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categories: ["Mentalidad para escritores", "Proceso de escritura"]
tags: ["consejos para escritores", "creación literaria", "curso de escritura", "curso de escritura creativa", "escritura creativa", "la duda es escribir", "mentalidad para escritores", "mindset para escritores", "recursos para escritores", "ser escritor"]
type: post
lang: es
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# La duda es escribir

Hace unos meses dedicamos un artículo al narrador en el que dábamos algunas claves sobre cómo usar múltiples puntos de vista. El narrador y su focalización es un tema tan complejo como interesante que merece plena atención en el momento de la planificación. Determinar quién y cómo será la voz que cuente la historia es, sin duda, una decisión delicada. [Si te interesa leer el artículo, lo tienes siguiendo este enlace. ](https://www.sinjania.com/como-usar-multiples-puntos-de-vista/)

Al hilo de ese artículo, Rosa —amiga y alumna— dejó una interesante pregunta en los comentarios. Entonces le respondimos someramente, pero como la pregunta de Rosa tenía enjundia, nos pareció buena idea dedicar un artículo a reflexionar más ampliamente sobre el tema. La pregunta de Rosa era la que sigue:

> Si resulta que los narradores admiten infinitas combinaciones, mezclas, etc., ¿cómo podemos saber si está correctamente utilizado o no?

La pregunta es muy inteligente y es, sin lugar a duda, una cuestión que todo escritor se hace en algún momento. ¿Cómo saber si estamos usando bien nuestras herramientas, ya sea el narrador o cualquier otra?

## La duda saludable

Podría decirse que la creación literaria y la duda sobre el propio trabajo van de la mano. John Cheever dijo: «En toda mi vida, nunca terminé nada para mi absoluta y duradera satisfacción». Y Jean Cocteau decía: «Cuando uno termina de escribir y releer algo, siempre tiene la tentación de cambiarlo, mejorarlo, eliminar el veneno, pulir las aristas».

En resumen, el escritor siempre se plantea preguntas sobre su trabajo. Eso es lo que lo lleva a esforzarse borrador tras borrador y obra tras obra. Si no tiene dudas y no trata de hacerlo cada vez mejor, llega el estancamiento. Y un escritor que se sabe estancado no es un escritor feliz, porque los buenos escritores siempre buscan el reto. De modo que podría decirse que la duda es saludable.

Pero si bien la duda es saludable, también es cierto que puede llegar a ser paralizadora. Hay, pues, que saber gestionarla y, sabedores de que es imposible erradicarla, usarla como acicate que nos impulse a escribir cada vez mejor. Para llegar a convivir pacíficamente con la duda y convertirla en un estímulo que engrandezca nuestra obra, creemos, hay dos vías: conocer nuestras herramientas y construirse un ideal literario. Ambas son complementarias y se trabajan en paralelo.

## Las herramientas del escritor

En su novela *Basada en hechos reales* Delphine de Vigan escribe:

> Las historias yacen en el suelo,  como fósiles. Y la labor del escritor consiste en utilizar las herramientas de su caja para separarlas con precaución y extraerlas, tan intactas como sea posible.

Esta imagen, que nos presenta al escritor como un arqueólogo, es muy acertada. Con exquisito cuidado, el escritor extrae las historias y lo hace, como no puede ser de otra manera, ayudándose de sus herramientas. Pero esta idea nos lleva de vuelta a la pregunta de Rosa: ¿cómo saber que estamos usando bien nuestras herramientas?

La respuesta es sencilla en lo teórico y más compleja en la práctica. La teoría nos dice que el primer requisito para saber que estamos usando bien nuestras herramientas es dominar esas herramientas, conocer todos los útiles que un escritor puede tener en su caja para cumplir con su cometido de extraer sus historias tan intactas como sea posible.

De Vigan equipara al escritor con un arqueólogo, a nosotros nos gusta hacerlo con un carpintero. Si el carpintero quiere clavar un clavo, pero no sabe que para hacerlo hay una muy útil herramienta conocida por el nombre de martillo, es posible que su clavo no quede muy recto. Pero si conoce la existencia del martillo y tiene las nociones básicas sobre su uso, sabrá clavar su clavo.

De manera que el primer paso para acallar la duda ingrata es conocer bien nuestras herramientas. Si quieres avanzar en ese conocimiento y te gustaría formarte con nosotros, quizá te interese el curso de novela. [Si es así, puedes unirte a la lista de espera en el formulario que encontrarás siguiendo este enlace y te avisaremos en cuanto se abra el plazo de inscripción.](https://www.sinjania.com/curso-de-novela/)

Pero conocer bien nuestras herramientas y sus posibilidades de uso no silencia por completo la duda sobre nuestro trabajo (ya hemos dicho que la duda es la eterna compañera del escritor). La pregunta de Rosa no ha sido contestada por completo. Sabemos cuál es la herramienta que debemos usar para lograr algo en concreto, y la hemos usado, pero ¿cómo podemos saber si está correctamente utilizada o no? Hemos usado el martillo para clavar un clavo, pero ¿ha quedado ese clavo bien clavado? Aquí entra en juego la segunda vía: construirse un ideal literario.

## El ideal literario

El escritor tiene, o debería tener, un ideal que busca alcanzar con sus obras, al que busca asemejarse. Ese ideal se compone poco a poco, a lo largo del tiempo, gracias a la lectura y a las reflexiones que el escritor debe hacer sobre su arte para elaborar una poética propia. [Aquí hablamos más sobre el ideal literario.](https://www.sinjania.com/el-ideal-literario/)

Volvamos al carpintero y su clavo. Ha usado la herramienta adecuada y ha clavado su clavo. ¿Cómo sabe que está bien clavado? Muy fácil: porque ha visto muchos otros clavos clavados a lo largo de su vida. El carpintero, que ama su oficio, se fija bien en cómo están construidas las obras de los demás carpinteros. Así se hace una idea de lo que es un trabajo bien hecho: qué bien clava los clavos este, y cómo construye los ingletes aquel y qué calidad tienen las espigas de un tercero, sus ensamblajes son soberbios.

Un escritor debe leer mucho y debe, sobre todo, ser un lector concienzudo. Tiene que fijarse con atención en cada elemento que hay en las obras que lee para, viendo el resultado alcanzado, discernir la herramienta que en su momento usó el autor. ¿Por qué ha usado un narrador en tercera y no uno en primera?, ¿por qué aquí usa la elipsis en lugar de narrar los acontecimientos?, ¿está el lenguaje trabajando para crear una atmósfera?…

A fuerza de leer y de diseccionar las obras que lee el escritor se crea un ideal. Quiere que sus obras tengan personajes tan interesantes como las de X, un estilo tan bueno como el de Y o tramas tan sólidas como las de Z. Sobra decir que cuanto mejor sean las obras y los autores que el escritor lee, más robusto y perfecto será su ideal. La suerte de los escritores es que solo tiene que leer las grandes obras para recibir una clase magistral de los grandes maestros de su arte.

De manera que, poco a poco, un escritor se va construyendo su ideal. Y para saber si lo hace bien o lo hace mal solo tiene que comparar sus obras con ese ideal. Por supuesto, esa comparación no se hace meramente con la obra acabada (que también), sino que, ya mientras la va escribiendo, mientras va trabajando en ella, va comparando. Cada vez que usa sus herramientas, confronta su uso y el resultado con la forma en que la han usado y los resultados obtenidos por sus referentes. Y esa confrontación es la que le dice si lo está haciendo bien o no.

Siempre queda un poso de duda. Marguerite Duras decía que la duda es escribir. Pero ya hemos dicho que la duda es una espuela que acicatea al escritor a seguir aprendiendo, probando, mejorando, retándose… para beneficio del lector. Hay que entender la duda como algo saludable.
