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title: "Horas de vuelo"
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date: 2026-09-03
modified: 2026-08-26
author: "Sinjania Formación para Escritores"
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categories: ["Escritura Creativa", "Mentalidad para escritores"]
tags: ["aprender a escribir", "creación literaria", "escribir a diario", "escritura creativa", "hábitos de escritura", "mejorar el estilo", "mejorar el estilo al escribir", "mejorar el estilo de escritura", "mentalidad para escritores", "recursos para escritores", "rutina de escritura", "técnicas literarias", "técnicas narrativas"]
type: post
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# Horas de vuelo

Llega septiembre y, como es habitual, todos nos sentimos situados nuevamente en la casilla de salida. Ante nosotros se despliega, virgen y cargado de promesas, el nuevo curso, una nueva temporada. Una sensación esperanzadora nos recorre a la mayoría: es momento de seguir trabajando para alcanzar nuestras metas.

Cuando la meta que se persigue es llegar a ser un buen escritor, un escritor que domine su oficio, que domine la técnica, que tenga una voz propia y un estilo depurado… la tarea se sabe eterna. El camino hacia esa meta se recorre a lo largo de toda la vida. El escritor, como un piloto, debe sumar horas de vuelo. Cuanta más experiencia acumule, mejor será su escritura.

Un piloto empieza a sumar horas de vuelo desde su primera clase práctica de instrucción. Y cada minuto que pasa a los mandos de una aeronave cuenta para su cómputo de horas de vuelo. Cuantas más horas acumule, más destreza tendrá.

Exactamente lo mismo sucede con un escritor, ¿no te parece? Pensemos sobre ello.

## Escribir o ser escritor

Conviene quizá, antes de empezar, hacer una distinción, que no es tan sutil como a primera vista podría parecer. Una cosa es escribir y otra es ser escritor.

Cuando se escribe, la escritura es una actividad del tiempo libre: solo cuando se dispone de un rato de ocio, ese rato libre se dedica a escribir. Cuando se es escritor la escritura es una forma de vida, una manera de estar en el mundo: el escritor no espera a tener un ratito para escribir, el escritor organiza su tiempo, su día a día, toda su rutina para disponer de tiempo de calidad que dedicarle a la escritura. Incluso cuando eso supone hacer ciertos sacrificios.

Cuando se escribe, además, se suele obedecer a impulsos. Quien escribe se despierta un día con la idea para una historia y se lanza a escribirla tan pronto como puede. El que escribe suele pensar que basta con tener una buena idea para dar a luz una obra literaria, aunque en realidad no es así. Como su escritura obedece a un impulso, el primer día escribe una buena tirada y, a la luz de ese progreso, piensa que en breve plazo podrá tener su obra terminada. Pero, como sucede con casi cualquier impulso, esa fuerza primera se va debilitando: los siguientes días escribe menos, luego llega un día en que no escribe nada; cuando retoma la escritura la idea ha empalidecido y al releer lo escrito comienzan las dudas. Al tiempo, [se topa con las inevitables dificultades que entraña la creación literaria](https://www.sinjania.com/tipos-de-dificultades-a-las-que-se-enfrenta-un-escritor/) y el trabajo se complica. Sin hábito ni oficio, es probable que la obra quede abandonada y que quien escribe deje de hacerlo hasta que, en otra ocasión, una nueva idea despierte el impulso de escribir. Si tienes muchas obras empezadas, pero te cuesta perseverar y concluirlas, sabes de lo que te hablo.

Por su parte, el escritor no escribe por impulso, cuando la Idea aparece. El escritor escribe siempre, cada día, y de esa escritura constante van saliendo sus ideas. [Y cuando escoge una de ellas, sabe que, además de escribir, también tiene que pensar.](https://www.sinjania.com/el-trabajo-blando-en-el-proceso-creativo/) Solo que la manera de pensar del escritor puede tomar la forma de la escritura: el escritor piensa escribiendo, por eso no todo lo que escribe acaba en la obra.

Pero, al margen de cualquier otra consideración, lo que podemos extraer de la diferencia entre quien escribe y quien es escritor es que el segundo está sumando horas de vuelo de continuo. Porque la práctica de la escritura es una constante en su vida, no hay día en que no se encierre a solas con sus ideas y con las palabras. Y eso, justamente, es lo que lo convertirá en un buen escritor.

## Horas de vuelo

Si quieres convertirte en un buen escritor, tu obsesión debería ser sumar horas de vuelo. Acumular horas dedicadas a escribir, a combatir cuerpo a cuerpo con las palabras sobre un papel (o más probablemente sobre la página en blanco de un procesador de textos).

Porque eso es lo que han hecho muchos de los autores a los que todos admiramos.

Pensemos, por ejemplo, en J.R.R. Tolkien. *El señor de los anillos* tiene, aproximadamente, unas 1200 páginas. Pero el archivo donde se conservan los borradores de la obra reúne más de 11 000 páginas de bosquejos y apuntes.

Tolkien tardó unos doce años en terminar su obra. Si hacemos un cálculo rápido, podemos colegir que escribió unas 900 páginas al año durante esos doce años —unas dos páginas y media al día—. Es decir, en un año escribía casi el equivalente a la extensión de su obra completa de materiales que luego serían desechados.

Pero, aunque desechados, esos miles de páginas tienen una importancia vital para el resultado final, para la construcción de la obra. Por supuesto, porque en ellas Tolkien refinó su idea, la convirtió de ese estado gaseiforme primigenio que adopta toda obra en sus orígenes en la obra que ha fascinado a tantos lectores desde hace décadas. Pero en el proceso, Tolkien escribía y, haciéndolo, su técnica, su estilo, su proceso de creación, su comprensión del lenguaje… mejoraban día a día.

Algo parecido sucede con Lev Tolstói y su monumental *Guerra y paz.* La novela impresa ronda las 1300 páginas. Tolstói tardó cerca de siete años en escribirla y redactó siete borradores completos de la novela —a mano—. Se calcula que el material de archivo acumulado con todas las versiones descartadas, correcciones y notas previas supera holgadamente las 10 000 páginas.

De nuevo, Tolstói escribió al año —durante siete años— el equivalente en palabras al texto completo de *Guerra y paz.* Escribió en torno 1400 páginas al año (unas cuatro páginas al día) de las que la mayoría no vieron la luz. Pero escribía, y ese trabajo es el que le permitió escribir una novela inmortal.

Los casos de Tolkien y de Tolstói no son la excepción. Si pensamos en cualquier autor y sumamos el número de páginas que ocupa su obra publicada, podemos estar seguros de que esa es tan solo la punta del iceberg. Por debajo de ellas, sumergidas, hay miles de páginas más que son las que explican su maestría. Todos ellos han sumado gran cantidad de horas de vuelo.

## Un puñado de páginas

Así que ahora, cuando nos hallamos en el arranque de una nueva temporada, con ganas renovadas de alcanzar nuestras metas, podría ser un excelente propósito plantearse «ser escritor» y no meramente «escribir». Convertir la escritura en algo que esté muy próximo al centro de tu vida, y no en la periferia. Una actividad a la que dedicas tiempo de calidad, y no solo un impulso momentáneo fruto de un rapto de inspiración esporádico.

Si volvemos a nuestros ejemplos y a nuestros cálculos, Tolkien escribía aproximadamente dos páginas y media al día; y Tolstói escribía unas cuatro. Aunque cualquiera que escriba sabe el trabajo que puede llevar parir dos, tres, cuatro páginas, si lo piensas en el fondo no son cantidades inasumibles. Conviene recordar además que esas páginas no pasarán en muchos casos de ser material de desecho, serán descartes, ejercicios de calentamiento…

Pero escribir dos o tres páginas cada día supondrá una gran diferencia para ti como escritor. Esa es la práctica diaria imprescindible para depurar técnica y estilo, para comprender mejor cómo funciona el lenguaje y cuál es el modo en que tú deseas usarlo; para comprender cómo funcionan las historias escritas y cuál es el modo en que tú prefieres articular sus engranajes.

Un buen modo de hacer músculo y sumar horas de vuelo lo encuentras en los cursos de creación literaria. Hace poco, Rosa —alumna, pero sobre todo amiga— me contaba que iba a comenzar un curso en la Escola d’Escriptiua del Ateneu Barcelonés. Acababa justo de finalizar el [curso de técnicas narrativas en Sinjania,](https://www.sinjania.com/curso-de-tecnicas-narrativas/) y me explicaba:

> En realidad, decidí apuntarme y empalmarlo con el tuyo porque he descubierto (fíjate qué cosa más tonta, a estas alturas…) que cuando termino un relato me es más fácil empezar a escribir otro. Es como estar ya en racha. Y no hay que dejar perder esta velocidad de crucero que a veces es tan fácil perder y luego cuesta tanto volver a reencontrar. Al menos en ese punto delicioso donde estabas, con las ideas brotando, amasando la historia todo el tiempo y las ganas de escribir empujando, como si no hubiese nada más importante que soltarla en el papel (papel de verdad, en mi caso).

Como ves, con un curso de escritura no solo vas a aprender recursos interesantes y conocer mejor los mecanismos de la ficción, sino que además vas a tener que escribir. En los míos, que suelen durar dos meses, tienes que escribir cuatro textos (uno a la quincena) de unas dos mil palabras. Te apunto los cursos que incluyen ejercicios de escritura, por si te interesan.

- [En noviembre comenzará el curso de estilo. ](https://www.sinjania.com/curso-de-estilo/)

- [En marzo lo hará el de escritura creativa.](https://www.sinjania.com/curso-de-escritura-creativa/)

- [Y en mayo puedes apuntarte al de técnicas narrativas. ](https://www.sinjania.com/curso-de-tecnicas-narrativas/)

Siguiendo los enlaces encuentras la información sobre cada uno de los cursos y un formulario para apuntarte a la lista de interesados de cada uno de ellos. Así, si te quieres apuntar al curso, te avisaremos en cuanto se abra el plazo de inscripción.

## Una propuesta

De modo que ahí va mi propuesta.

Comienza un nuevo curso, estamos al inicio de una nueva temporada. Te insto a abrazar esta práctica en estos próximos meses (unos diez hasta junio): escribe entre dos y cuatro páginas por día, todos los días —o casi todos—. Y cuéntame a final de curso los progresos de tu escritura, porque los notarás.

Complementa esta práctica con la lectura abundante y los resultados mejorarán exponencialmente. Porque, ya lo sabes, para escribir hay que leer. No te engañes pensando lo contrario. Así lo explica Vanni Santoni en su pequeño pero atinadísimo ensayo titulado justamente *Para escribir hay que leer:*

> Lo primero que hay que cuidar, si se quiere escribir en serio, es la dieta. Sólo nutriéndose de buenos libros se puede pensar en producir uno decoroso. Es más: siendo el campo literario tan desaforado, se puede pensar en conseguirlo sólo si uno se alimenta de lo mejor. […] La dieta, mira lo que te digo, lo es todo. En el momento en que se empieza a escribir en serio, el cambio de dieta es tan esencial como el de quien decidiera, de pronto, convertirse en levantador de pesas o en luchador. En la dieta de un escritor, los manuales equivalen a los complementos alimenticios: pueden ser útiles solo si ya hay una adecuada base de proteínas.

Santoni explica el porqué de la necesidad de recomendar este cambio de dieta a los aspirantes a escritor:

> La verdad —que me atrevo a definir como tal, basándome en la observación de incontables alumnos— es que un porcentaje alto, muy alto, de los que quieren escribir no ha leído y no lee lo suficiente. En líneas generales, y a juzgar por quienes se matriculan en escuelas o cursos de escritura —personas, pues, dispuestas a gastar dinero para nutrir su ambición—, solo uno de cada veinte ha leído lo suficiente. Por tanto, el 95% ya está en el camino equivocado. ¿Qué quiere decir «suficiente»? ¿No sería mejor decir «suficientes libros buenos», para evitar la primacía absurda de la cantidad sobre la calidad? ¿Y cuáles son los libros buenos?

Haz esto durante los próximos diez meses y tú mismo podrás comprobar tus progresos. Hazlo simplemente un cuatrimestre, de septiembre a diciembre, y ya podrás verlos. ¿Tenemos un compromiso? Dímelo en los comentarios.
