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title: "Escribir para sí"
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date: 2024-05-28
modified: 2024-05-28
author: "Sinjania Formación para Escritores"
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categories: ["Escritura Creativa"]
tags: ["consejos para escritores", "creación literaria", "escribir para sí", "escritura creativa", "no-blog", "recursos para escritores", "ser escritor"]
type: post
lang: es
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# Escribir para sí

Hace unos meses publicamos un artículo sobre el tan traído y llevado síndrome del impostor, una traba que afecta a muchos escritores. En el artículo hablábamos, en realidad, sobre el peligro de confundir la inexperiencia con el síndrome del impostor, algo que sucede a menudo. [Si te interesa leer el artículo completo, lo encuentras al otro lado de este enlace.](https://www.sinjania.com/sindrome-del-impostor-o-inexperiencia/)

Como respuesta a ese artículo, nos llego un correo de Jorge, uno de los miembros de la comunidad. (Nos encanta recibir vuestros correos y leer vuestros comentarios, gracias por estar al otro lado). En su correo, Jorge nos decía:

> Yo escribo solamente para mí. No pretendo publicar, no comparto mis escritos y sólo son un incentivo en mi vida. Al no compararme con otros no padezco esa sensación.
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> Tengo la conciencia de que mi objetivo principal en la vida no ha sido convertirme en un escritor de renombre. Ello me elimina la ansiedad de superar a los demás o, incluso, a mí mismo. Escribo por el gusto de hacerlo; me sorprendo de ser capaz de producir lo que hago y me llena de alegría crear algo y ponerlo por escrito.

La respuesta de Jorge da pie a varias reflexiones sobre esa idea de escribir para sí.

## El prurito de escribir

Es probable que en la mayoría de los casos el prurito de escribir, el origen primero de la escritura sea un movimiento de la creatividad, el alma y la voluntad del escritor por expresar algo. ¿Para quién? Para nadie determinado. El impulso de la escritura brota y busca ser satisfecho. En la mayoría de los casos el escritor no puede desoírlo.

Pero, al poco, es probable que el escritor se haga las preguntas ¿para qué escribo?, ¿para quién escribo? Darles respuesta es una de las maneras que el autor tiene de ir comprendiendo mejor su escritura y de comenzar a perfilar su poética.

Al responder a la cuestión «para quién escribo», la primera respuesta, la respuesta inmediata suele ser: para mí.

Es lógico porque, como hemos dicho, la escritura es una respuesta a un impulso interior, a un movimiento espontáneo de la fuerza creativa que reside en el escritor.

Este puede quedarse con esa respuesta, sentirse satisfecho con ser emisor y receptor de su mensaje y desarrollar toda su obra sin otra finalidad que la de dar cauce a ese impulso creativo.

## La escritura es comunicación

Hemos hablado de mensaje, emisor y receptor. Y lo hemos hecho porque la escritura es un acto de comunicación.

La creación literaria es una forma de comunicación: busca trasladar la visión del mundo del escritor, encarnada en una historia, unos personajes y un modo de usar el lenguaje, al otro, al lector. Si el texto no llega a nadie, ya no comunica, y una parte importante de su razón de ser se pierde.

La escritura es además arte, y el arte pide también un receptor que lo complete y lo dote de significado. Porque también el arte es comunicación en el fondo.

Así que es habitual que más pronto o más tarde el escritor empiece a interrogarse sobre el destinatario de su acto comunicativo: su lector. Comienza lo que Carmen Martín Gaite llamaba «la búsqueda de interlocutor».

## La búsqueda de interlocutor

Sucede que ese interlocutor con frecuencia se parece mucho al propio escritor. El escritor escribe sobre los temas que le interesan [y lo hace de acuerdo con su sentido de lo literario.](https://www.sinjania.com/el-sentido-de-lo-literario/) Y el lector coincide con él en el interés por esos mismos temas y tiene un sentido de lo literario similar; por eso precisamente se interesa por las obras que crea el autor.  

Hemos preguntado a muchos de vosotros cómo es vuestro lector ideal y la respuesta es casi siempre coincidente: «se parece a mí», «como a mí, le gustan las obras en las que…», «es como yo».

Cuando el interlocutor, el lector ideal es tan semejante al escritor, este puede tener la idea de que lo que hace es escribir para sí, porque en cierto modo así es.

[Sin embargo, no olvidemos que el escritor no vive en una torre de marfil y es permeable al mundo que lo rodea (por eso escribe).](https://www.sinjania.com/el-escritor-en-su-torre-de-marfil/) De manera que no puede permanecer ajeno a la idea de que, por lo general, las creaciones literarias de los escritores se publican, se convierten en libros que son comercializados y son comprados y leídos.

Es normal, por tanto, que en un momento u otro empiece a valorar la posibilidad de que sus textos entren en ese circuito y empiece a ser consciente de todo el entramado desarrollado por la industria editorial. El escritor puede conocer más o menos de ese mundo, puede pensar más o menos en él, permitir o impedir que condicione sus creaciones… Pero la realidad es que es imposible permanecer por completo ajeno a esa realidad.

Al ser consciente de ella, el lector empieza a pensar en un lector externo, un lector que ya no es él mismo. Se parece a él, sí, pero no es él. Es otra persona susceptible de ser alcanzada y de recibir la obra para completarla. Como decía Paul Auster: «El libro no solo pertenece al escritor, sino que también pertenece al lector, y luego, juntos, lo convierten en lo que es».

## Escribir para sí

Nada de todo lo anterior es incompatible con el hecho de que el escritor escriba, en último extremo, para sí mismo. Y es el autor quien, obviamente, decidirá si desea entregar o no sus obras a los ojos de otros.

Si prefiere no hacerlo su decisión es muy respetable. Aunque no siempre respetada, como hemos visto recientemente en el caso de Gabriel García Márquez, cuyos hijos han decidido publicar una obra que su padre prefirió no entregar a la imprenta.

En cualquier caso, si el escritor prefiere, como Jorge, escribir para sí, debe interrogarse sobre algunas cuestiones.

La primera le llevaría a reflexionar honestamente acerca de si tras su decisión de no buscar a un lector que no sea él mismo, no se esconde en realidad el temor. [Ya hemos hablado sobre el sobresalto que produce ser leído, de lo difícil que puede ser encajar la exposición a la que la escritura nos somete.](https://www.sinjania.com/verguenza/)

Esto no significa que si este es el caso el autor deba violentarse y forzar a su vergüenza. Cada uno conoce dónde están sus límites y debe decidir si quiere superarlos o prefiere dejarlos estar. La respuesta válida es la que cada escritor se dé. Pero es importante interrogarse sobre si de verdad no necesitamos al lector o lo que sucede es que su opinión y juicio nos asustan.

También es necesario preguntarse si ese escribir para sí no es fruto de un prurito de esforzarse menos. Jorge apunta que el hecho de no escribir para los demás elimina para él «la ansiedad de superar a los demás o, incluso, a mí mismo». Pero un escritor corre el riesgo de no progresar en su arte si no intenta una y otra vez superarse a sí mismo.

Y si escribir para sí no es la causa de esforzarse menos, también se corre el peligro de que sea la consecuencia; es decir, si debido a la idea de que ningún ojo ajeno va a leer la obra, el escritor pueda rebajar el nivel que podría alcanzar. Si se elimina al receptor, no es necesario que la comunicación sea esmerada; si la obra de arte no tiene interlocutor, no hace falta que se busque la excelencia. Este peligro es, a nuestro juicio, el mayor que puede correr el escritor que decide escribir para sí.

Hermann Hesse dijo: «No es la abundancia o novedad de las ideas lo que hace duraderas las creaciones literarias, sino el grado de maestría, de fidelidad y responsabilidad en la lucha con las dificultades de la labor artística». Flojear en esa lucha es tal vez lo más terrible que le pueda suceder a un escritor. Y es una posibilidad que asoma en el horizonte cuando el escritor escribe para sí.

Si tú también escribes para ti, asegúrate de no estar haciéndolo por miedo a enfrentar tus textos a sus normales destinatarios, los lectores. Y si ese no es el caso, comprueba también que te esfuerzas al máximo en cada palabra que escribes y luchas a brazo partido con las dificultades de la labor artística.
