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title: "Reflexiones sobre el elitismo de la cultura"
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date: 2023-04-13
modified: 2024-04-08
author: "Sinjania Formación para Escritores"
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categories: ["Crítica literaria", "Lectura crítica"]
tags: ["crítica literaria", "élite cultural", "élite literaria", "elitismo de la cultura", "elitismo literario", "recursos para escritores"]
type: post
lang: es
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# Reflexiones sobre el elitismo de la cultura

Con frecuencia se acusa a la cultura de ser elitista. Existe una minoría de personas con conocimientos sobre arte, literatura, historia, filosofía y eso que se acostumbra a llamar humanidades que, al parecer, mira al resto de los mortales por encima del hombro. Pertenecen a un grupo selecto y están orgullosos de hacerlo, mientras sienten una ligera conmiseración por aquellos sin la acreditación suficiente para pertenecer a dicho grupo.

El resultado de esa concepción es que muchos de los que no pertenecen a esa élite, pero sienten un interés genuino por alguna de las ramas de la cultura, se sienten agraviados por la presunta actitud de superioridad de los que sí lo hacen. Sienten que estos juzgan sus gustos y preferencias culturales y perciben que ese juicio lleva siempre aparejado cierto desprecio.

Esto sucede en todas las ramas de la cultura y, cómo no, también en la literatura. Por eso hoy queremos reflexionar sobre ese presunto elitismo y sobre el supuesto desprecio de esa élite hacia el resto de los mortales.

## La élite de la cultura

La primera cuestión que habría que dirimir es si existe una élite cultural. Y la respuesta debe ser un categórico sí.

¿Qué es una élite? El diccionario de la Real Academia nos dice que es una «minoría selecta o rectora». Sería ingenuo no reconocer que los artistas, los que producen el arte, son únicamente una minoría: no todos tenemos los conocimientos y recursos que hacen falta para tallar una escultura o escribir un libro.

De igual manera, ese arte también se dirige a una minoría. En primer lugar, no todo el mundo tiene interés por la cultura. Por ejemplo, en España, [según el *Informe de hábitos de lectura y compra de libros* de 2022,](https://www.google.com/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=&ved=2ahUKEwjO3O2x_5T-AhUZVKQEHZAYBlUQFnoECA0QAQ&url=https%3A%2F%2Fwww.federacioneditores.org%2Flectura-y-compra-de-libros-2022.pdf&usg=AOvVaw1PE8PaV-cRan67E4gSTx-7) solo el 52,5 % de la población es lector frecuente y hay un 35,2 % que no lee nunca o casi nunca.

Por otro lado, no todos tenemos la capacidad para juzgar adecuadamente la obra artística. La cultura, sería inútil negarlo, requiere de conocimiento y reflexión. También la literatura. De hecho, de nuevo el diccionario de la Real Academia define cultura, en su segunda acepción, como el «conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico».

Y ese es tal vez uno de los factores que convierten la cultura en elitista: no todo el mundo desea (y es legítimo) hacer el esfuerzo que implica adquirir ese conocimiento y entregarse a esa reflexión para, como resultado, desarrollar su juicio crítico.

En resumen, el artista, el escritor, es un intelectual, domina una técnica. Y crea para quien es capaz de comprender y apreciar esa técnica.

Por tanto, la cultura siempre ha estado íntimamente relacionada con las élites. Sin embargo, también ha tenido siempre, al tiempo, una voluntad de ser universal, de llegar a la mayor cantidad posible de personas. El pórtico de una catedral no es sino la representación de una parte de la historia sagrada concebida para que pudiera ser comprendida por aquellos que no sabían leer y que no sabían latín. Es decir, la élite de los artistas canteros y la élite de quienes sí sabían leer latín crearon una forma de arte que buscaba compartir conocimiento con la mayoría.

Todavía hoy la mayoría de los creadores y de los divulgadores sobre arte y cultura, también los escritores, estarían encantados de que sus obras y las obras maestras de todos los tiempos llegaran a todo el mundo. Así que sin duda existe una élite, pero es una élite deseosa de que la gente se una a su selecto grupo.

## Minoría rectora

Pero hemos dicho que la definición de élite se refiere también a una minoría rectora. Es decir, una minoría que dirige, aquella que juzga, valora, cataloga y decide qué es «arte» y qué no, qué es «literatura» y qué no; en definitiva, qué es «cultura».

Sin duda, el arte no necesita ser explicado. Cuando nos encontramos ante una obra maestra, ya sea una pintura ya un libro, todos lo sabemos; algo se remueve en nuestro interior. Sin embargo, el arte se explica.

Esa es la labor de la élite rectora: reflexionar sobre ese sentimiento que nos conmueve ante el arte e indagar en su origen para saber qué lo ha provocado. Es decir, volver consciente lo inconsciente, explicar mediante la razón lo que parece un impulso de la emoción.

A través de esa labor de reflexión se han ido instaurando unos criterios selectivos que aunque no son inamovibles, ya que han ido mutando a lo largo del tiempo, sí tienen cierto grado de fijeza. En suma, la élite rectora discrimina de acuerdo con criterios estéticos y artísticos. Aplica sus conocimientos sobre una rama concreta de la cultura —por ejemplo, la literatura— para catalogar y filtrar.

Quizá sea esa labor de selección y discriminación la que disguste a muchos. Pero no hay que perder de vista que esa selección resulta necesaria, ¿cómo si no ordenar y categorizar la ingente producción artística? Es preciso etiquetar, descartar, sistematizar… como una tarea necesaria para conservar la mayor cantidad posible de obras y, al tiempo, como una forma de divulgarlas y hacerlas llegar al mayor número de personas.

La labor de esa minoría rectora es importante, por tanto. Otro asunto sería juzgar quién decide esos baremos y criterios que ordenan el arte, la literatura… la cultura, en suma. ¿Es el establecimiento de esos criterios democrático?

La respuesta no es sencilla. *A priori* se diría que no. ¿Cómo algo que hace un pequeño grupo (la élite cultural) en beneficio de otro pequeño grupo (los interesados en el arte y la cultura, quizá concretamente en la literatura) puede ser democrático? La mitad de la población española que no lee un libro nunca o casi nunca no tiene poder de decisión sobre las obras que integran el canon literario, pero ¿debería tenerlo?; o, simplemente, ¿desearía tenerlo?

Por otro lado, es legítimo que ese pequeño grupo formado por los interesados en el arte, la literatura y la cultura tenga deseo de intervenir en ese proceso de selección y categorización. Y lo cierto es que en cierta forma lo hace. Cuando, por ejemplo, un grupo nutrido de lectores se interesa por una obra literaria concreta está lanzando una señal a la élite rectora, que se encargará de analizar dicha obra y enjuiciar sus valores literarios y estéticos para dirimir si merece ingresar en el canon o no.

El proceso funciona, naturalmente, en ambas direcciones. La élite rectora también señala obras a los lectores, por ejemplo a través de la crítica literaria. Y a veces logra concitar el interés de un amplio sector de ellos sobre obras que considera que cumplen los requisitos necesarios para ser consideradas maestras o, al menos, destacables.

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Otra cuestión sería, ¿puede una persona que simplemente pertenezca a ese grupo de interesados en el arte y la cultura, por ejemplo en la literatura, pasar a formar parte de la élite rectora? Lo cierto es que sí. Para formar parte de la élite cultural no es necesario hacer un duro examen de ingreso o pagar una prohibitiva cuota. El ingreso es libre, pero no sencillo.

No es sencillo porque formar parte de esa élite implica tener un nivel de conocimiento que cuesta años adquirir, años de estudio, aprendizaje, esfuerzo y tesón; pero cualquier persona puede, a través de su formación y mediante su inteligencia, lograr un conocimiento de experto que le permita pasar a formar parte de la élite. Hoy en día, y al menos en la sociedad occidental, el acceso a ese conocimiento es bastante (ciertamente no del todo) democrático.

## En conclusión

Es cierto entonces que existen élites en la cultura. Como por otra parte existen en la ciencia o en el deporte. Su papel es ordenar y sistematizar la producción cultural (en el caso que nos interesa, la producción literaria) para poder conservarla y, al tiempo, divulgarla y facilitar el acceso a ella de las personas interesadas. Por otra parte, cualquiera que dedique toda su vida al estudio riguroso del arte, o de una de sus ramas, puede llegar a formar parte de esa élite rectora.

Ahora bien, que exista gente que estudie o sea experta en determinados campos no invalida o impide que cada uno recorra el camino del conocimiento y disfrute de ese campo a su propio ritmo.

Un experto en pintura no ve un cuadro como lo hace el visitante de un museo, pero que haya un investigador no impide a un neófito entrar al museo y contemplar el cuadro. El experto y el neófito no verán lo mismo, pero eso no impide el goce de uno y el trabajo de otro. Y si el neófito tiene interés de verdad por lo que ve, quizá quiera conocer algunas de las ideas del experto. Decimos «conocer», lo que no implica necesariamente aceptar o estar de acuerdo con dichas ideas. Pero acercándose al cuadro, atendiendo al experto y reflexionando sobre el conjunto de la experiencia es como se cultiva una opinión propia.

Sentirse agraviado porque existe una élite cultural resulta ridículo, como lo sería sentirse agraviado porque existe una élite deportiva. Que haya ciclistas profesionales no impide que un aficionado se suba cada fin de semana en su bicicleta. Y, seguramente, si el aficionado tuviera la suerte de que el ciclista profesional le diera algunos consejos, los escucharía con atención y agradecimiento.

Del mismo modo, en el caso concreto de la literatura, cuando críticos y estudiosos hacen recomendaciones, no deben tomarse como imposiciones, sino antes bien como una invitación a disfrutar de las obras que se han ganado el afecto de miles de lectores y han concitado el interés de la élite por algo. Como apunta el escritor José Ángel Mañas «Ningún texto malo resiste tanto tiempo el escrutinio universal».

De manera que sin duda existe una élite, pero esa élite no es ni puede ser excluyente, porque quienes aman y disfrutan del arte y la cultura desean que haya más gente disfrutando y valorando aquello que ellos aman.

Este es un tema que concita cierta polémica, de modo que nos interesa saber qué opinas tú sobre el elitismo cultural. ¿Eres de los que se siente agraviado por las recomendaciones de los expertos?, ¿o antes bien los escuchas y tratas luego de hacerte tu propio juicio? Charlamos en los comentarios.

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