Cómo trabajar el cambio del protagonista

Seguramente ya sabes que el personaje principal, el protagonista, debe cambiar a lo largo de la historia. Nosotros mismos te lo hemos repetido en numerosas ocasiones: es necesario que los personajes se transformen, que no sean iguales en el planteamiento que en el desenlace. Por eso, para escribir una buena obra, es importante trabajar el cambio del protagonista.

El concepto no suele presentar dudas a nivel teórico: el personaje cambia de débil a fuerte, de malo a bueno, de cínico a optimista… Pero a nivel práctico sucede que a menudo ese cambio no se ha plasmado de manera adecuada, es un cambio demasiado drástico o no encaja bien con lo que le has contado al lector sobre el protagonista.

Vamos a repasar algunas ideas para trabajar el cambio del protagonista y lograr que el arco dramático del personaje logre que la trama resulte más equilibrada e interesante.

La paradoja del cambio

El cambio del personaje, su desarrollo, es uno de los pilares de una novela. Pero la realidad es que a los seres humanos no nos gustan los cambios. Estamos muy a gusto en nuestra zona de confort y no queremos salir de ella, incluso aunque en ocasiones sepamos que esa zona de confort es poco confortable. Por eso nos cuesta cambiar de hábitos de alimentación aunque tengamos sobrepeso o no podemos desengancharnos del tabaco.

A pesar de ello, las personas cambiamos. Por lo general es una metamorfosis tan lenta que apenas somos consientes de ella, no sucede de la noche a la mañana Aunque en ocasiones también se producen cambios reseñables, ya sea por decisión propia (por ejemplo, dejar el trabajo) o a causa de circunstancias ajenas a nuestro control (por ejemplo, que nos despidan).

Lo paradójico es que, pese a que no nos gustan los cambios en nuestras vidas, los seres humanos tenemos una gran fe en nuestra capacidad para cambiar (por lo general para mejor), en la posibilidad de superarnos y emerger mejores de lo que éramos de situaciones inesperadas. Y eso es lo que buscamos cuando leemos.

Por lo tanto, tus personajes deben cambiar para que su historia logre despertar el interés del lector. El equilibrio, una situación sin cambios, carece de interés narrativo.

Eso no significa que tus personajes necesariamente deseen cambiar, como la mayoría de nosotros se resistirán al cambio. Tampoco significa que su cambio tenga que ser positivo, un personaje también puede cambiar para peor, ya sea en sus circunstancias externas, ya en lo que se refiere a su carácter.

El cambio del protagonista y el conflicto

En una novela el cambio del personaje se relaciona siempre con el conflicto.

El conflicto surge porque algo, una circunstancia determinada, viene a alterar el estado normal de las cosas, el día a día del protagonista. Es lo que en narrativa se llama el elemento desencadenante.

Esa circunstancia tiene que ser algo de importancia. No tiene que ser necesariamente algo extraordinario, como una invasión alienígena o una muerte (aunque, naturalmente, puede serlo), sino algo que tenga importancia para ese personaje, de acuerdo a su carácter; por ejemplo, que su hijo se independice o que el vecino mueva su felpudo al pasar ante su puerta.

Esa situación de partida va a generar otras —algunas dependerán de decisiones que el personaje tome, otras estarán fuera del control de tu protagonista— y de ese modo el conflicto se va a ir desovillando a lo largo de la narración. A medida que el protagonista se enfrente a las circunstancias y trate de convertirlas en favorables o convenientes para él (algo que no siempre conseguirá) irá cambiando. Cada experiencia le enseñará algo y, por acumulación, al final de la historia habrá completado su arco dramático.

El cambio de tu personaje no tiene que ser necesariamente proporcional al elemento desencadenante. Un elemento desencadenante menor puede generar un gran cambio. Que el vecino mueva el felpudo del protagonista al pasar ante su puerta cada mañana puede parecer un elemento desencadenante de poca importancia, que generará un cambio menor. Sin embargo, puede ser el detonante de un gran cambio que, a través de distintos avatares, lleve al protagonista a ser más tolerante, más flexible y más abierto a los demás.

Y es que la importancia del elemento detonante radica en la magnitud del conflicto que destapa. La obsesión con el felpudo bien alineado señala a un personaje demasiado estricto, con una personalidad compulsiva que lo lleva a alejarse de los demás y a vivir una vida solitaria e infeliz.

Como ves, el conflicto se relaciona directamente con tu personaje. Lo que a un personaje solo le provocaría un encogimiento de hombros (el felpudo torcido) para otros puede ser una fuente de incomodidad que, en su intento de resolverla, desencadene en él un cambio.

El cambio debe ser creíble

El cambio del protagonista debe resultar creíble. Y para ello debe cumplir dos requisitos: ser paulatino y no resultar drástico.

Como hemos dicho, el cambio se relaciona directamente con el conflicto. A medida que el conflicto va mostrando sus diferentes caras a lo largo de la narración, va obligando al personaje a hacer pequeños descubrimientos, a aprender cosas nuevas, a abandonar según qué actitudes para tomar otras diferentes, todo ello con el fin de neutralizar el conflicto y volver a la «normalidad». Es la suma de todas esas experiencias y aprendizajes ocasionados por el conflicto lo que, sumado, permite ver un cambio.

De modo que el cambio no se produce al final. La adolescente rebelde no se convierte en una hija modelo en las últimas páginas, la mujer apocada no se convierte en una figura empoderada en el último capítulo. Para que la historia funcione y el cambio resulte creíble has tenido que ir mostrando esos pequeños cambios que cimienten esa evolución final.

Por supuesto, puedes incluir en el desenlace un momento de reflexión en el que se haga balance de los cambios sufridos y se muestre el nuevo talante de tu personaje. Pero para el lector tiene que quedar claro que ese nuevo talante se ha venido gestando en todas y cada una de las páginas previas.

Precisamente, ese nuevo talante no puede ser radicalmente opuesto al que tenía tu personaje al comienzo de la novela. El cambio del protagonista, para resultar creíble, no debe resultar drástico.

La adolescente rebelde no debería terminar siendo una hija modelo, lo más adecuado es que simplemente se convierta en una joven capaz de comprender mejor a sus padres y profesores, de ponerse en su lugar y ceder en determinadas cosas.

Con frecuencia los escritores pensáis que para construir un gran personaje es preciso que le sucedan cosas verdaderamente extraordinarias que provoquen en él un cambio radical, pero no es así necesariamente. Si el cambio resulta demasiado rotundo y, sobre todo, si sucede de improviso, el lector no va a ser capaz de empatizar con él.

Y es que precisamente la humana reticencia al cambio nos lleva a conservar rasgos de nuestra personalidad y esencia. Por eso apuntar a un cambio más sutil a menudo tendrá más sentido, porque permanecerás dentro de los límites de la personalidad de tu personaje. Nuestro consejo es que trates de mantener el cambio del protagonista dentro de lo plausible y siempre acorde con la personalidad de tu personaje.

Que no cambie todo

Hemos dicho que el cambio del protagonista no debe resultar drástico, esto significa que no va a cambiar por completo y que conservará la mayoría de los rasgos de su personalidad.

El hombre del felpudo aprenderá a ser más tolerante y más amigo de la imperfección, pero probablemente continuará siendo un hombre metódico al que no le guste la improvisación. La adolescente rebelde aprenderá a empatizar con las figuras de autoridad, pero no por ello dejará de desear romper con lo establecido y superar los límites.

Lo que cambiará de manera más notoria son los rasgos de tu personaje que se relacionan con la fuente del conflicto y que, por tanto, son puestos a prueba por este.

El lector no desea que el personaje, al que ha aprendido a conocer (y con el que idealmente ha empatizado) a lo largo de la novela se convierta en otro. Quiere que siga siendo él, pero marcado por las experiencias que ha vivido. Si al final de la novela el personaje es radicalmente distinto el lector puede sentirse no solo desconcertado, sino también defraudado.

En definitiva, trabajar el cambio del personaje exige atención y cuidado, exige sutileza. Debes conocer bien a tu personaje, es cierto, pero sobre todo debes ser un buen psicólogo, un perspicaz conocedor del alma humana, capaz de exponerla por entero, con sus luces y sus sombras, en tus obras.

¿Cuál es el cambio del protagonista en la historia en la que estás trabajando actualmente?, ¿sucede de manera drástica o lo has presentado con una adecuada gradación?, ¿crees que se relaciona de manera inequívoca con el conflicto? Cuéntanos todo en los comentarios.

Con este artículo cerramos la temporada. Volveremos en septiembre con nuevos contenidos. No obstante, seguimos en contacto a través del boletín. Suscríbete aquí debajo si no lo has hecho y tendrás noticias nuestras cada jueves.

8 COMENTARIOS


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  • En la novela que estoy escribiendo el personaje sufre un cambio drástico debido a un acontecimiento de orden natural, se encontraba fuera de la ciudad junto con su esposa e hijos cuando fue sorprendido por la noticia de un aluvión que sepultó bajo tierra a toda la población de 2.000 personas, ganadería y sembradíos. Él gozaba de gran reputación como ganadero y emprendedor.
    Nota: por ahora la Web sólo promociona el capítulo I de la obra “La incógnita del tiempo”

    • Cuidado, Jesús: ese cambio no es un cambio en tu protagonista, un cambio interno, sino un cambio externo en sus circunstancias. Cómo se enfrente él a esa catástrofe, lo que aprenda sobre sí mismo en ese proceso será lo que le haga cambiar en el transcurso de la historia.

      Saludos.

  • Excelente el articulo, una gran ayuda, aunque no tenía conocimiento de la importancia del cambio en el protagonista, en la novela que estoy por terminar se produce un cambio drástico en el personaje y ocurre al final de la obra. Sucede que en sus primeros años de actuación tuvo que cambiar sus deseos de hacerse abogado para convertirse en un afamado ganadero al casarse a la edad de 21 años con la hija del dueño de la ganadería donde trabaja. Este cambio se da al comienzo; al final, una circunstancia catastrófica de la naturaleza hace desaparecer de la faz de la tierra todo lo que había acumulado en 26 años de progreso, amistades, familias, bienes. Sufre trastornos mentales y para recuperarse del trauma, las recomendaciones profesionales le aconsejan cambiar de actividad. En lugar de ganadero, regresará a su ciudad natal, después de vender las inversiones que hizo en otra región, para convertirse en un industrial de los productos del mar.

  • Interesante el artículo de hoy.. Cuando escribo no solo trabajo en el cambio del personaje principal, también atiendo los cambios de personajes secundarios, es un trabajo laborioso. Tus artículos son de mucha ayuda. GRACIAS.

  • Me parece extraordinaria la explicación, en mi creación, la cual no termino todavía, el personaje principal pasa de ser un flematico lord, divorciado y apatico a los detalles, a ser un amaroso y servicial compañero de aventuras,

  • En la novela que estoy trabajando, el personaje principal cambia drásticamente, pero se da a entender en párrafos anteriores, que viene tragando mucha saliva y aguantando situaciones. Entonces, viendo algo que lo inquieta, decide actuar y empieza a tornarse en un individuo malo, pero con conciencia de lo que hace.

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