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title: "Qué esconde el abuso de palabrotas en tus textos"
description: "Hace unos meses nos escribió un miembro de la comunidad de escritores para pedirnos que le recomendáramos algunos libros en los que no se usase lenguaje malsonante. Decía que estaba harto de..."
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date: 2020-01-30
modified: 2022-06-16
author: "Sinjania Formación para Escritores"
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categories: ["Escribir una novela", "Escritura Creativa"]
tags: ["abuso de palabrotas", "abuso de tacos", "curso de escritura", "curso de novela", "escritura creativa", "estilo del escritor", "lenguaje malsonante", "uso del lenguaje"]
type: post
lang: es
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# Qué esconde el abuso de palabrotas en tus textos

Hace unos meses nos escribió un miembro de la comunidad de
escritores para pedirnos que le recomendáramos algunos libros en los que no se
usase lenguaje malsonante. Decía que estaba harto de toparse con él a cada
rato.

Es cierto, y tal vez tú también lo hayas notado: en relatos y novelas contemporáneos, sin importar el género o la temática, se abusa de lo que comúnmente conocemos como palabrotas. No solo los personajes, también el narrador (sobre todo cuando es un narrador en primera persona) sueltan con más frecuencia de la deseable un «coño», un «joder» o un «mierda».

Desde luego, no hay ninguna norma que lo prohíba, más allá de las del buen gusto (que ya no están de moda). Sin embargo, el abuso de palabrotas en un texto literario puede ser indicativo de un estilo pobre, amén de provocar algunos fallos en el texto, por eso hoy queremos repasar los tres motivos por los que los autores de hoy en día tendéis a abusar de las palabrotas en vuestras obras.

Repasa algunos de tus últimos textos. Si detectas que usas
mucho palabras como «puto», «mierda» o «joder», quizá te interese seguir
leyendo.

## Los tres motivos por los que se abusa de las palabrotas

A nuestro juicio, el uso y abuso de palabras gruesas en la
literatura es consecuencia de tres cosas.

### Hablamos mal

La primera y fundamental se relaciona con lo mal que hablamos
todos (y nos incluimos).

Hay un viejo chiste que reza así:

> —¿Sabías que de cada dos palabras que dice un español una es una palabrota?—No jodas.

Todos usamos a diario palabras malsonantes. Lo hacemos de manera despreocupada, sin intenciones ofensivas, pero la realidad es que forman parte de nuestro vocabulario habitual. Un vocabulario que, por otra parte, se reduce día tras día.

Parece ser que nuestro lenguaje activo se reduce a unos pocos centenares de términos. [Y ese porcentaje disminuye rápidamente debido a los pésimos índices de lectura y el bajo nivel cultural que tienen incluso aquellas personas que han recibido educación superior.](https://cincodias.elpais.com/cincodias/2005/06/06/sentidos/1118024839_850215.html) Los jóvenes tienen hoy dificultades para expresarse en un registro culto o formal.

Así que muchas veces usamos palabras gruesas solo con la intención de completar una frase o hacernos entender. Y como nuestro lenguaje es el que es, cuando escribimos reproducimos los patrones que usamos al hablar. De ahí que los textos literarios estén trufados de palabrotas y palabras gruesas. Por eso en general todos deberíamos intentar mejorar nuestra manera de hablar.

[Aquí te contamos cuatro maneras de mejorar tu vocabulario.](https://www.sinjania.com/mejorar-vocabulario/)

### Tenemos un lenguaje pobre

El segundo motivo por el que se abusa de las palabrotas en los textos literarios tiene que ver con cierta incapacidad a la hora de darle diversidad y expresividad a la narración y a los diálogos, precisamente como consecuencia de que cada vez usemos un lenguaje más pobre y menos variado.

Si no encontramos la palabra, un «puto» o un «jodido» parecen
resolver la situación. Cuando somos incapaces de expresar con acierto un
sentimiento o una idea, tiramos de palabras malsonantes.

Nada que ver con la riqueza léxica de autores como Ramón María del Valle-Inclán en este párrafo que tomamos de *El ruedo ibérico:*

> En aquellas ferias, con los calores, las calles eran bocanas de lumbre y un agobio el aire con polvo de trillas y moscas tabaneras. Los negros charros, los gitanos escuetos, el haldudo mujerío con vistosos pañuelos portugueses adquirían en aquel ambiente una luminosidad agresiva. Entre acecinados pastores de zurrón y montera trotaban piños de cabras, escandiendo el baladro de las esquilas con un hálito agreste. Iban las piaras tardas y gruñidoras en una tolva. Ringlas de mulos movían con desgarbo las cruces anqueras y no faltaban trifulcas de arrieros al contorno de los dornajos, por las rinconadas de paradores y mesones.

### Búsqueda de realismo en el habla

Por último, si los escritores tendéis a abusar de las palabrotas es porque creéis que así les dais más realismo a vuestros textos, especialmente a los diálogos. Sin embargo, esto no es en realidad del todo cierto y, de hecho, tampoco es del todo necesario.

Como ya dijimos hace tiempo al hablar de los diálogos [(en este artículo que no te puedes perder)](https://www.sinjania.com/dialogos/), hay muchos otros recursos, y mejores, para lograr que un diálogo sea realista. De hecho, a menudo el que un personaje diga palabrotas no aporta realismo porque ese modo de hablar no se corresponde con el registro del personaje.

Recuerda que cada personaje, como cada persona, tiene un modo de hablar propio. Ese modo de hablar tendrá rasgos comunes con el de otros hablantes: el idioma, para empezar, también modos o expresiones propios de una época, de una profesión, de un nivel cultural o social… De modo que puede que tu personaje no deba usar palabrotas, o no siempre. Por eso si haces que todos tus personajes usen palabras malsonantes lo que estarás logrando es homogeneizarlos, hacerlos indistinguibles para el «oído» del lector.

Tampoco debes olvidar que la literatura es literatura. Si
quisiéramos «oír» cómo habla la gente pondríamos la tele o la radio (y
reconozcamos que las tertulias televisivas son con frecuencia francamente
bochornosas). Pero leemos porque una de las cosas que nos llega de la
literatura no es meramente la historia, el argumento, sino las palabras que la
forman y el acierto y pericia con que las usa el autor.

La riqueza de Valle-Inclán, las imágenes que construye con tan solo juntar palabras, apelan poderosamente al lector. Casi podría decirse que es magia.

En especial porque, como apunta James Wood en *Los
mecanismos de la ficción,* la literatura, al contrario que otras expresiones
artísticas como la música o la pintura, se construye con las mismas palabras
que todos usamos a diario. El lenguaje que usan «los millonarios del estilo»,
como llama Wood a autores como Melville, Lawrence, James o Woolf es el mismo
que tú usas.

De modo que al escribir hay que buscar el realismo, pero
hasta cierto punto. Más importante sería buscar la expresividad.

## Los problemas derivados del abuso de palabrotas

Podría decirse que el abuso de las palabrotas genera dos problemas en los textos literarios.

El primero radica en que al final lo que tenemos cuando abusamos de las palabrotas son obras repetitivas, lo que no es bueno.

Obras repetitivas en cuanto al propio texto. Es decir, textos en los que se repiten sin cesar las mismas palabras: sobre todo «puto» y «joder», pero también otras. Si te cuidas, como debieras, de no repetir sin cesar las mismas palabras en el texto, ¿por qué te contentas con repetir «joder» cada tres frases?

Pero el abuso de palabrotas da lugar también a obras que se repiten entre sí, intercambiables por sus estilos planos y la pobreza de su léxico. Da igual leer el primer título de un autor o el quinto. Da igual leer a un autor que a otro.

El segundo problema del abuso de palabrotas es que da lugar a textos poco expresivos.

Tal vez creas que un diálogo de tus personajes o un discurso de tu narrador ganan en expresividad porque has añadido algunos «joder» aquí y allá. La realidad, sin embargo, es que si tu personaje o tu narrador de continuo exclama «joder», cuando quieras mostrar que está sorprendido o enfadado de verdad ya no podrás apoyarte en una palabra fuerte que dé la medida de su estado de ánimo.

Por tanto, tal vez sea hora de replantearse el abuso del lenguaje malsonante en tus obras. Recuerda a los grandes escritores que han escrito obras imperecederas sin usar ni una sola palabrota.

¿Has hecho la prueba de revisar un texto tuyo para ver cuántas palabrotas has usado en él? ¿Crees que tú eres de los que abusan de las palabrotas? ¿Qué buscas al incluirlos en tus textos? Comparte tus ideas en los comentarios.

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